«Sabíamos desde el principio que era Ledo, pero tuvimos que callarnos para no entorpecer la investigación»

Concentración en Gijón en repulsa por el crimen de Paz Fernández Fernández
La concentración de repulsa por el crimen de Paz Fernández Borrego.

Ángeles Borrego, tía de Paz Fernández, asegura que se presentará como acusación particular | Una concentración, convocada por el Principado, el Ayuntamiento de Gijón y la Delegación del Gobierno, condena el asesinato de la gijonesa

chelo tuya / EL COMERCIO
CHELO TUYA / EL COMERCIOGijón

«Sabíamos desde el principio que era él -Javier Ledo-, pero tuvimos que callarnos durante quince días para no entorpecer las labores de investigación». Son palabras de Ángeles Borrego, tía de Paz Fernández Borrego, que además, ha subrayado que los familiares de la gijonesa asesinada en Naviase presentarán como acusación particular y ha pedido que casos como el de su sobrina «no se pueden repetir más».

Lo ha hecho durante la concentración de repulsa por el asesinato de Paz a manos de Javier Ledo celebrada en Gijón a la que no han asistido las hermanas de la fallecida, que se encontraban en los juzgados de Luarca. «Compromiso colectivo» ante el «grave déficit de libertad y seguridad de las mujeres» que supone la violencia de género y «tolerancia cero ante las agresiones machistas» son algunos de los mensajes transmitidos hoy en la cita.

El consejero de Presidencia, Guillermo Martínez, ha explicado que el Principado «dará asesoría jurídica y legal a la familia y todas las ayudas que necesiten para agilizar los trámites».

Principado, Ayuntamiento de Gijón, Delegación del Gobierno convocaron la protesta que congregó en la plaza Mayor a un buen número de personas que no dudaron en expresar su condena por la muerte de la gijonesa, que se convierte en la primera víctima de violencia de género en este año 2018 y el primer desde 2016. Hasta el pasado 13 de febrero, a nivel nacional ha habido tres muertes por violencia de género, mientras que el año pasado se sumaron 49 mujeres.

Las tres administraciones expresaron su voluntad de «continuar impulsando las medidas existentes, reforzando los mecanismos de coordinación de las mismas» en el marco del Pacto Social contra la Violencia sobre las Mujeres del Principado y del Pacto del Estado contra la Violencia de Género.

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La confesión

Javier Ledo Ovide se ha declarado culpable de matar a la gijonesa Paz Fernández Borrego y por eso regresó ayer a un sitio que conoce: la cárcel de Asturias. Fue examinado por un médico, se le requisó el dinero, las llaves y el teléfono móvil. Los funcionarios completaron el ritual tomándole las huellas y una fotografía actualizada. Esta mañana será despertado en el módulo de ingresos para pasar por la entrevista con el educador, el trabajador social y el psicólogo. Juntos decidirán si le destinan al módulo donde su hermano trata de deshabituarse de sus adicciones. Todo forma parte de una rutina que Ledo conoce bien. Es la misma por la que pasó en su primer y único ingreso penitenciario, en el año 2009.

Aquella fue una estancia breve, máxime si se la compara con la que ahora tiene por delante. El auto dictado ayer por Marta Huerta Novoa, titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Luarca, acoge la petición de la fiscal e impone prisión provisional sin fianza. «En principio la magistrada le atribuye una calificación de homicidio o en su caso asesinato con el agravante de género, que irá desarrollándose durante la instrucción», precisó en un comunicado el Tribunal Superior de Justicia (TSJA).

Son delitos que le exponen a una condena de entre diez y veinticinco años. El agravante refuerza además el castigo a quien comete el crimen movido por desprecio hacia alguien por su sexo. La sentencia todavía deberá esperar. Quedan cabos sueltos en esta historia y para resolverlos la magistrada mantiene la investigación abierta y bajo secreto.

Ledo temía la cárcel y se esforzó por evitarla tras golpear a la mujer hasta fracturarle el cráneo y acabar con si vida. Ocurrió el 13 de febrero, presumiblemente en la casa en la que pernoctaba, en Navia. Agresor y víctima se conocían de los tiempos de Gijón, cuando ambos tenían sus respectivas parejas y quedaban.

Hacía más de dos años que él se había quedado solo, en parte por los malos tratos que supuestamente propinaba a su mujer, de la que tiene una orden de alejamiento, y a la que llamó una noche amenazando con matarla. Pese a ello, Paz seguía confiando en él. En diciembre se los fotografió, en un bar de Coaña, besándose antes de dormir juntos en la autocaravana de ella, según los testigos.

Poco más de un mes después Ledo la mató, reconoce ahora. No era su intención asumir los hechos. Bien conocedor de los montes del concejo y los circundantes, optó por ocultar el cuerpo y el crimen arrojando el cuerpo al pantano de Arbón, lastrado para que se mantuviera sumergido. Utilizando productos de limpieza, borró la sangre de la vivienda. Sabía que aquel día le habían visto por la tarde con su amiga Paz y maduró una coartada, según la cual la mujer nunca había entrado en su domicilio porque andaba aquella noche con otro hombre. Algo le había sucedido con esa tercera persona, afirmaba, y para probarlo mostraba una serie de mensajes de teléfono que guardaba de ella.

Cuando los familiares de Paz denunciaron la desaparición, uno de los primeros a los que interrogó la Guardia Civil fue Ledo. Estuvo más de tres horas dando explicaciones que entonces ya chirriaban en los oídos de los investigadores. «Joder, me trataron como al culpable», dijo el coañés al salir del interrogatorio. Si quería convencer a los agentes, iba a tener que reforzar su versión.

En las entrevistas que concedió a los periodistas la semana pasada, Ledo dijo que él no pudo ser, que llevaba años sin conducir y no tenía coche. Los agentes comprobaron que era falso, que desde hacía un par de años utilizaba un turismo del que se deshizo tras desaparecer Paz.

Para defenderse, el coañés recalcaba que cómo iba él a arrojar el cuerpo al pantano si andaba esos días con una pierna escayolada, sin poder mover la rodilla ni la pierna. Los agentes también lo refutaron. Es cierto que llegó a tener escayola tiempo antes, porque se presentó en un centro sanitario reclamando ese tratamiento. De igual forma, días antes del suceso habría exigido que le sustituyeran el enyesado por una férula para tener más movilidad.

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