«Un celiaco pudo comer un bocata tras 20 años»

E. C.

El Hórreo hizo su última aparición en la Feria Internacional de Muestras de 1967. Medio siglo después, la cadena de embutidos vuelve este 2017 al recinto ferial in extremis y con la vocación de ofrecer una alternativa gastronómica a las personas con intolerancias alimentarias. «Decidimos venir solo cinco días antes de empezar, para dar a conocer nuestros productos nuevos», confiesa Joaquín Blanco, project manager de la compañía. Su local, a escasos metros de dos pesos pesados como Vallina y El Cuco, constituye una suerte de triángulo de los platos típicos y contundentes de la cocina asturiana, con el chorizo en el papel de 'superestrella'. Como «salchichas de cine» se presenta precisamente la última gama de El Hórreo, con sabores «puro New York», picantes, a las finas hierbas o de boletus «para los muy exquisitos». Una experiencia gastronómica acompañada de estrellas del celuloide y la canción, como Marilyn Monroe o Elvis Presley, cuyos rostros observan desde la pared el paladeo de los clientes. «Hemos pagado derechos de imagen», precisa Blanco entre risas.

Todas las comidas de El Hórreo son, además, aptas para celiacos, incluso los bocadillos, desterrados de la dieta de aquellos obligados a comer sin gluten. «Vino un señor que hacía veinte años que no podía comer el bocata de calamares. Se le saltaban las lágrimas», cuenta Blanco. «También tenemos cachopo sin gluten», añade. «Estamos muy contentos porque la gente nos está felicitando por la apuesta por comida apta para intolerantes». Sus productos, que tampoco contienen lactosa, se presentan como «algo distinto al típico aquí te pillo aquí te mato». La fabada, indican, «es elaborada a diario en la cocina del local».

Dado el buen arranque de esta reaparición en la Feria tras los cincuenta años de parón, la empresa tiene claro donde pasará el próximo agosto. «Repetiremos, estamos muy satisfechos con la respuesta de la gente con intolerancias, vemos que gusta».

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