Comida, artesanía y «mucha tranquilidad»

El Pueblo de Asturias oferta un popurrí de puestos con sidra, casadielles, bollos preñaos, madera tallada y marroquinería

P. P.

A la sombra de los árboles de los jardines del Pueblo d'Asturies, un reguero de puestinos salpica el camino que los recorre. Son más modestos que los del resto de la Feria de Muestras en tamaño y en afluencia. «Pero estamos aquí muy a gusto, muy tranquilos, ¿para qué íbamos a querer movernos?», explica Mario Iglesias, un repostero de Laviana. En su estand de La Forna vende bollería artesanal, casadielles y bollos preñados amontonados en el mostrador: «A la gente le gusta venir a comprarlos y comerlos sentados en los muros de piedra o en el césped». Él y su primo llevan más de diez años fieles a la cita y junto a los otros puestos de embutidos -también artesanos- se ocupan de avituallar a los fatigados visitantes que desean tomar un respiro del ajetreo del Luis Adaro.

A juego con los aperos expuestos van los tenderetes que mezclan artesanía y tradición, como los de marroquinería o los de madera tallada a mano. Sin embargo, Alma Pistolesi, una joven de los Oscos, está más con el trabajo artesanal que con la tradición. En su puesto 'El mago de palo' vende diminutas esculturas hechas con materiales proveninetes del bosque, tales como hojas, cáscaras de castañas o simples ramas. «No hay dos iguales», asegura esta joven con aspiraciones de fotógrafa. Los precios oscilan entre los 5 y los 30 euros y afirma que «son mejores los días nublados para el negocio porque con el sol la gente prefiere irse a la playa». Ella misma ensambla las esculturas nuevas sobre la marcha: «Para pasar el rato, tardo unos veinte minutos. Pero los que inventaron 'El Ocioso' -como se llama el protagonista de las figuras- fueron mis padres, Jeanni y Belén». El Pueblo de Asturias es el lado más tranquilo y natural de la Feria.

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