Cristasa se abre al barrio bajo el modelo de asamblea

Héctor Colunga, Yolanda Carrizo, Mariví Martínez, Chabela Martínez, José Ángel García, Silvia García y Marta Fernández, en el pabellón de Gijón. :: D. ARIENZA/
Héctor Colunga, Yolanda Carrizo, Mariví Martínez, Chabela Martínez, José Ángel García, Silvia García y Marta Fernández, en el pabellón de Gijón. :: D. ARIENZA

La incubadora de empresas potenciará la innovación social y la economía colaborativa

GLORIA POMARADA

Con un cuarto de siglo a sus espaldas, la que naciese como incubadora de proyectos empresariales de Gijón da una vuelta de tuerca a su misión para transformarse en un laboratorio de economía colaborativa e innovación social. Cristasa pasa así a ser Cristasha, guiño al término ingles 'share' (compartir). «No solo vamos a tomar decisiones desde el ámbito público, sino que vamos a tener una mayor sensibilidad con lo que nos dicen los inquilinos, los agentes sociales del barrio y cualquier ciudadano. Lo vamos a estructurar en una especie de asamblea para que la gente pueda participar», explicaba Rubén González Hidalgo, gerente de Impulsa, en la presentación celebrada ayer en el pabellón de Gijón.

De este modo, la antigua fábrica de La Calzada se orienta ahora al encuentro social y el trabajo compartido con el fin de «buscar cauces de optimización del conocimiento», mientras que nuevos espacios como Quinta La Vega se especializarán en la economía verde y del mar. Uno de los elementos innovadores de la renovada Cristasha es el menor peso del aspecto de transacción económica, pues el tiempo será moneda de intercambio en los proyectos. «En la parte de vivero la gente no solo va a pagar con dinero, sino con tiempo para que el conocimiento que tú tengas pueda aplicarse en red», indicaba el gerente de Impulsa.

Una de las entidades que colaborarán activamente con la incubadora empresarial es Mar de Niebla, ONG vecina del mismo barrio gijonés de La Calzada. «La idea es que el espacio siga siendo un banco de pruebas, intentaremos probar cosas de la mano de la participación. Lo que más disrupción genera en la forma de hacer ciudad es la economía digital, colaborativa o circular. Cómo optimizar ese uso es difícil de intuir desde lo público», reconocía González Hidalgo. «La manera que ahora plantea Cristasha de trabajar es la que nosotros entendemos, que es tener una vision del bien común. En el territorio existen muchas oportunidades que se están perdiendo por falta de interconexión», destacaba Héctor Colunga, director de la ONG.

Crowdfunding ciudadano

Una oportunidad de financiación tendrán precisamente los ochos proyectos sociales en la campaña de micromecenazgo que a a partir del 11 de septiembre lanzará Impulsa, con una aportación municipal de 16.000 euros a la que se sumarán las inversiones particulares.

La financiación ciudadana de proyectos es una de esas «nuevas formas de trabajar» que propone la economía colaborativa, desentrañada en la jornada de ayer por el conector de Ouishare Asturias, José Ángel García Tomás.

Las nuevas economías, entre las que se incluyen la circular, la colaborativa, la azul y el bien común, «están basadas en los derechos humanos, la armonía con el planeta, la redistribución justa de los recursos, el trabajo decente, el acceso justo al ocio y la posibilidad de las personas de florecer», enumeraba García Tomás. No obstante, señalaba que ciertas empresas «utilizan plataformas colaborativas de forma descarada para beneficio propio. Se está generando una nueva forma de trabajar que se debe regular», destacó.

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