«Como decía Jovellanos, tenemos que ser cada uno Asturias entera»

Pedro López Ferrer, Charo Fernández, Ignacio García-Arengo, Esteban Aparicio y Emilio Serrano, en la conferencia. :: DAMIÁN ARIENZA/
Pedro López Ferrer, Charo Fernández, Ignacio García-Arengo, Esteban Aparicio y Emilio Serrano, en la conferencia. :: DAMIÁN ARIENZA

El empresario riosellano Emilio Serrano ofrece una charla sobre la vida y obra de su paisano Agustín Argüelles

P. PARACUELLOS

El presidente del Foro Jovellanos, Ignacio García-Arango Cienfuegos-Jovellanos, presentó así al empresario Emilio Serrano: «Es para mí el empresario más ilustre de los siglos XX y XXI». Debido a su trabajo como «maestro del alambique» y embajador e impulsor del turismo en Ribadesella, ha obtenido merecidos reconocimientos: «Es un gran hombre tierno que ama, sobre todo, dos premios. Uno, el pequeño e íntimo 'Farín de plata' que en 2003 le obsequiaron los 'Amigos de Ribadesella'. Y el otro, grandísimo, ser hijo predilecto de Ribadesella desde 2009».

Un riosellano ilustre dedicándole palabras a otro sería la síntesis más escueta de la charla. Serrano dedicó su discurso a su paisano y amigo de Jovellanos, Agustín Argüelles. «El que pudo ser sin duda el retor más brillante de su época y por ello le apodaban 'El Divino'».

Su obra, como la del propio Serrano, está fuertemente marcada por su tierra. Y su filosofía de vida adaptada de la de Jovellanos que decía, explicó: «Llegué al mundo sin nada y solo quiero irme con la conciencia tranquila». Para Argüelles, habría que sumar el «aprendizaje continuo y exhaustivo» a lo largo de la existencia.

De preso a ministro

Argüelles estudió Derecho en la Universidad de Oviedo y en 1800 se trasladó a Madrid. En 1806, el valido de Carlos IV, Manuel Godoy, le envió a Londres como embajador especial para que trabase conversaciones con el Gobierno británico de cara a plantear una alianza contra Napoleón Bonaparte. En 1808, a raíz del levantamiento español contra las tropas napoleónicas, regresó a España a requerimiento de su paisano Jovellanos y se estableció en Sevilla. Fue secretario de la Junta de Legislación, cuyos trabajos anticiparon los de las Cortes de Cádiz, y después diputado por Asturias a dichas cortes, donde participó activamente en la redacción de la primera constitución española, destacando por sus intentos de abolición de la esclavitud y por su oposición al tormento como prueba judicial.

«Fue encarcelado por sus ideas liberales con el reinado de Fernando VII en 1814, y cinco años después entró directamente como ministro. Así de peculiar y a la vez dura fue la vida de Argüelles», valoró Serrano. Después del gobierno liberal se exilió a Inglaterra en 1823 y sobrevivió como bibliotecario de Lord Holland. En el exilio escribió su principal obra teórica: Examen histórico de la reforma constitucional en España. Tras la muerte de Fernando VII, regresó a España en 1834, participando en la redacción de la Constitución de 1837.

Los asturianos, unidos

Inspirándose en las ideas de progreso de Jovellanos y su paisano, Serrano sentó los puntos de su conferencia. Como la incomunicación y división entre los asturianos. «Como dijo Jovellanos, aquí dentro somos todos división y fuera todos unión. Tenemos que ser todos siempre Asturias entera».

La solución planteada por él es la supeditación de los intereses regionales a los particulares. «Extrapolar el amor de Argüelles y Jovellanos por su tierra a nuestros días». La colaboración entre los municipios del Principado habría de ser el punto de partida para lograrlo.

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