«Lo escatológico encanta a niños y a mayores»

Las hermanas Amelia y Rosa Puche muestran sus artículos de broma. :: DAMIÁN ARIENZA/
Las hermanas Amelia y Rosa Puche muestran sus artículos de broma. :: DAMIÁN ARIENZA

La última broma de la familia Puche, un jabón que deja las manos negras

G. POMARADA

Entre cuchillos, potas y productos de limpieza varios que apelan a ese comprador útil que busca aligerar las tediosas tareas domésticas por encima de todo, el estand de la familia Puche despunta como un auténtico bazar de las sorpresas. Como una paleta de colores, los llamativos productos se extienden por un mostrador que pone a prueba la capacidad de concentración en un solo punto. Anillos, esqueletos, cigarrillos, llaves de coche, pistolas e incluso copas de coñac componen una balumba en la que el aparente caos tiene un hilo conductor secreto, la risa.

Los artículos de broma de los Puche son fieles a la Feria de Muestras desde hace tres décadas, cuando el matrimonio de Amalio y Petra comenzó a «subir» desde Valencia para instalar por unos días su tienda de Mestalla en el recinto del Piles. «Nuestro estand es chocante, por ahí se puede encontrar juguetes pero artículos de broma no se ven», cuenta Rosa, hija del fundador de la saga de «bromistas». Los años pesan y, en esta edición, las hijas de los Puche han acompañado a Amalio y Petra en su expedición por el norte.

Claveles ducha, culebras, el chicle picadedos y las bombas fétidas son los clásicos del humor

Tarántulas peludas

Para los «más serios», los Puche cuentan con juguetes de coleccionista, como aviones y vehículos de latón «de hace más de treinta años».

A pesar de que hace un lustro que el negocio familiar de Valencia echó el cierre, la vinculación con la Feria les sigue trayendo a Gijón cada agosto. «Nos gusta y es una tradición», afirma Amalio. «El primer año la gente no conocía mucho estos artículos y nos costó introducirlos», cuenta Petra. Acudieron entonces junto a unos amigos que vendían juguetes y en ediciones sucesivas, su periplo por el recinto les llevó, ya de forma autónoma, por estands «en la zona del jamón y del pulpo», hasta que se hicieron con su propio hueco en el pabellón comercial. «Rendueles -director durante treinta y cinco años de la Feria- se portó muy bien con nosotros», rememora el matrimonio, que en los últimos años hace malabares con las cuentas. «Venir aquí es mucho gasto, además el año pasado quitaron las actividades para niños que se hacían junto a los puestos y esto ya no funciona igual», indica su hija Rosa.

Ese vínculo familar con la cita puede, de momento, con las cifras y los Puche continúan, una Feria más, contestando con una sonrisa a los «¿esto qué ye?». «Esta es una parada vintage», bromean.

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