Gely, medio siglo bajo el hórreo

María de los Ángeles Riera, en el estand en forma de hórreo en el que ofrece platos típicos cada Feria. :: FOTOS: DAMIÁN ARIENZA/
María de los Ángeles Riera, en el estand en forma de hórreo en el que ofrece platos típicos cada Feria. :: FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

La expositora más veterana endulza cada cita con su arroz con leche

GLORIA POMARADA

El vínculo de María de los Ángeles Riera con la Feria se ha cocinado a fuego lento y con el mismo mimo que ella pone a su arroz con leche, postre que desde 1969 endulza la cita.

En los últimos cincuenta y dos años, Gely ha vivido la Feria desde todas las ópticas. Corría el año 1965 cuando daba sus primeros pasos como azafata en un evento que retornaba al calendario estival tras un parón de tres décadas. «Entonces estaban Luis Adaro y Pedro García-Rendueles», rememora sobre aquella novena edición en la que el gran escaparate se instaló en el entorno de la escuela de Peritos, en la avenida de Manuel Llaneza.

Gely acudió animada por un vecino y la experiencia la convenció. Al año siguiente regresó como azafata a un recinto del que salió coronada como Miss Simpatía. Sucedieron al galardón dos años de ausencia, los únicos en medio siglo, lo que la convierte en la más veterana de los expositores de la Feria. Tras el breve parón, Gely desembarcaba en 1969 en el Pueblu d' Asturies con un as en la manga, el postre con más solera del Principado. «La receta del arroz con leche viene desde mi abuela, que lo hacía antiguamente los días de fiesta», cuenta. En aquellos primeros años como expositora, era su madre Isabel quien revolvía la pota y ella quien se encargaba de atender a los clientes, entre ellos los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía. Era el 16 de agosto de 1970 y los futuros reyes pasaban la jornada inaugural de su primer viaje oficial al Principado en la Feria. Como la gran mayoría de los visitantes que han pasado por la cita, Juan Carlos y Sofía no perdieron la oportunidad de probar el famoso arroz con leche.

Miss Simpatía en 1966, inundó de sonrisas el Pueblu d'Asturies dos años después con su receta «Hay gente que venía a comer el arroz con leche cuando eran pequeños y ahora traen a sus hijos»

Desde el Pueblu d'Asturies, Gely pasaría al recinto ferial hace cuarenta y cinco años. «Pusimos primero la cabañina y después hicimos el hórreo, nos recordaba que veníamos del Pueblu», rememora. La construcción guía a los golosos hasta el final de la calle de las galerías comerciales, frente al pabellón de los donantes de sangre. «Mucha gente nos viene buscando, hay quienes venían cuando eran pequeños y ahora traen a sus hijos». Fieles entre los fieles son «cuatro hombres que vienen de Palencia todos los años el día 15, algunas veces les oí comentar 'todavía está la señora'», cuenta divertida. «Su primera cita en la Feria es el arroz, a las once ya están aquí».

¿El secreto del éxito de su arroz con leche? «Estar revolviendo dos horas la pota». Tampoco de la receta de sus casadielles suelta prenda. «No la conoce ni mi hija», ríe. La oferta gastronómica se completa desde hace cinco años con otro clásico de la cocina asturiana, «tortos de maíz la güela». «Este año la gente gasta, se nota mucho que está repuntando después de los años de bajón de la crisis», destaca. Ni los años de recesión económica ni los duros preparativos previos a la cita han inspirado a Gely la posibilidad de pasar un agosto de vacaciones al uso, lejos del bullicio de la ribera del Piles. «Después de mí seguirán mis hijos», afirma. De momento, la saga familiar -nietos incluidos- hace sus pinitos bajo el hórreo sirviendo a los clientes el codiciado manjar .

«Lo único que se hace cuesta arriba es arrancar por el trabajo del mes antes, la Feria se lleva muy bien», señala. La pequeña aldea en la que estos días se transforma el recinto explica los sentimientos de tristeza que inundan a Gely y a los suyos cuando culmina la cita. «Da pena porque no nos volvemos a ver en todo el año y aquí se hace mucha relación. La esencia de esta Feria son sus trabajadores, los pintores, los fontaneros de la Cámara, con los que convivimos desde un mes antes. La unión es muy grande». La expositora más dulce no solo se ha hecho un hueco en el estómago de los visitantes, forma ya parte de ese corazón colectivo que bombea la Feria.

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