«Guillermo ye un chaval honesto»

Manuel de Barros, Juan Alberto González, Guillermo Martínez, María Jesús Moro, Lorena Villar y Álvaro Muñiz.

El Centro Asturiano de Sevilla premia al consejero y a Villaviciosa

GLORIA POMARADA

La capital hispalense «subió» ayer a la Feria de Muestras de mano de los asturianos que residen en Andalucía. Como ya es tradición en la cita, el Centro Asturiano de Sevilla entregó sus galardones anuales a figuras que han contribuido a hacer más llevadera la emigración. El concejo de Villaviciosa y el consejero de Presidencia, Guillermo Martínez, fueron en esta edición los premiados por la entidad por su estrecha colaboración tanto con el centro como en pro de la asturianía. «Ye un chaval muy serio y honesto que llegará muy lejos», cuentan que decía el ya fallecido presidente del centro, Joaquín Álvarez, de Guillermo Martínez, con el que trabajó desde sus inicios en política. «Es de tocar, de estar con la gente», valoraba sobre él el actual presidente Juan Alberto González. De esa cercanía con los asturianos desperdigados por medio mundo, desde París hasta Valparaíso, guarda Martínez curiosas anécdotas, como el comer un bollo con chorizo en Saint-Denis o cocinar una fabada en Berna. En el terreno político, el consejero manifestó ayer su preocupación por los emigrantes en Venezuela «por los momentos difíciles que viven» y Reino Unido «por los efectos del Brexit».

El concejo de Villaviciosa, por su parte, recibió la Madreña de Bronce por la colaboración mostrada con el centro en sus actividades solidarias. Cada año, los asturianos residentes en Sevilla organizan un escanciado con el fin de reunir fondos para una entidad sin ánimo de lucro y, desde el otro lado del Negrón, ayuntamientos asturianos como el maliayo, el de Belmonte, Carreño o Cudillero colaboran con vasos de sidra personalizados. «Asturias no se olvida de ningún asturiano, allá donde esté», señalaba la teniente de alcalde maliaya Lorena Villar.

En su caseta de la Feria de Abril se come «cachopos y fabada a cuarenta grados»

Congreso de asturianía

En octubre, el centro asturiano celebrará una cuarta recaudación solidaria a favor de la Hermandad del Cachorro para la cual solicitó ayer un primer donativo. «Esperamos escanciar dos mil botellas este año y nos vendría bien la sidra de Villaviciosa», pedían. El concejo no fue el único en ser requerido por los astur-sevillanos. «En los últimos once años la emigración no ha hecho mucho ruido, sería bueno un cuarto congreso de asturianía en el que podamos palparnos unos a otros», trasladaba González al consejero. «Va a haber congreso el próximo año», se comprometió Martínez.

De ese encuentro espera tanto el presidente del centro en Sevilla como su homólogo en la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA), Manuel de Barros, presente ayer en el acto, un consenso que fije «el futuro de la emigración en los próximos cincuenta años» y que cuente con la participación de la Universidad de Oviedo y las Cámaras de Comercio.

«Antorcha permanente»

A su llegada a Sevilla en los años ochenta, los emigrantes asturianos comenzaron a reunirse en bares como el Estrella o casa Coviella, espacios que sustituyó como punto neurálgico del Principado el centro, el único en Andalucía junto al de Torremolinos.

«Somos una antorcha permanente de nuestra Asturias querida», destacaba Concepción Álvarez, hija de Joaquín Álvarez. El suyo, explicaba el actual presidente, ha sido «un camino paralelo a la emigración» que trata de mantener vivo el sentimiento de pertenencia a Asturias mediante actividades que aúnan lo mejor de ambas tierras. Conviven así la celebración del día de Covadonga con su participación en la procesión de la Milagrosa o una caseta en la Feria de Abril en la que es posible «comer cachopo y fabada a cuarenta grados» y regados por rebujitos y culinos de sidra.

Una mezcla cultural con la que dicen, han aprendido «a disfrutar de las costumbres de Sevilla».

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