«Prosperamos fuera de Venezuela gracias a la bondad de los asturianos»

El venezolano Pablo Ortiz, en su puesto de artesanía en el Pueblo de Asturias. :: FOTOS: DANIEL MORA
El venezolano Pablo Ortiz, en su puesto de artesanía en el Pueblo de Asturias. :: FOTOS: DANIEL MORA

Pablo y Lisbeth regentan un puesto donde vende bisutería reciclada

PABLO PARACUELLOS

Hace menos de un año que vivían en Caracas. Pablo Ortiz y su mujer Lisbeth García acababan de casarse cuando tuvieron que coger un avión y venir a Asturias. «Vivíamos bien allá», afirmaba Ortiz tras el mostrador de su puesto en el Pueblo d'Asturias en el que están dispuestas en perfecta simetría las piezas de bisutería que su mujer confecciona a mano con plástico reciclado: «Soy muy maniático con el orden, ¿sabes?. Con los colores me da igual, pero con las líneas sí soy estricto». Sobre la mesa despliega Ortiz sus conocimientos sobre marketing. En Venezuela tenía una empresa que combinaba servicios informáticos con la mercadotecnia. «Tan pronto te hacía una página web como te asesoraba para una campaña de publicidad», destaca. Ahora, está a la espera de volver a ejercer de lo suyo hasta que los títulos que poseía en Venezuela le sean homologados en España. Entretanto, aplica sus conocimientos en ayudar a su esposa con su proyecto artístico y ecológico hasta que ella, bióloga, también convalide sus estudios. «Le hago las cuentas, la publicidad... y de chófer», bromea. Se pone serio cuando explicel motivo por el que debió irse de su tierra, precisamente llevando a Lisbeth en coche: «Íbamos de noche por la carretera, manejaba yo. Entonces, dos piedras atravesaron el parabrisas sin romperlo, como dos balas. Una me dio encima del ojo izquierdo la otra en el cuello. Seguí conduciendo con la sangre corriéndome por la cara solo por no parar el coche. Tenía miedo de lo que pudieran hacerle a ella si paraba». Remachó: «Si te quedas te quitan todo», pues el clima de violencia «era ya insostenible». Dejó atrás su negocio, su apartamento y «más cosas que sé que no voy a recuperar».

Llegaron a Gijón con lo puesto y si han conseguido prosperar ha sido «gracias a la bondad y generosidad de los asturianos», asegura sonriente. Ahora viven en un piso en el centro de la villa de Jovellanos hospedados por una mujer llamada Flor a cambio de cuidar y trabajar en lo que haga falta en el apartamento. «Esperamos que dentro de poco podamos empezar a pagar un alquiler». En septiembre, refiere, van a abrir una pequeña tienda en Piedras Blancas llamada La Bio-Ruta en la que Lisbeth venderá su artesanía ya de forma estable. «No es solo un proyecto económico, también es de concienciación. El objetivo es evitar que la mayor cantidad posible de plástico llegue al mar y alargar su vida útil», explica Ortiz. Pendientes, pulseras y collares, de diferentes formas y patrones: «No hay dos iguales». Los precios oscilan de los 2 a los 12 euros.

Tienda en Piedras Blancas

Ortiz asegura que Lisbeth solo necesita para «hacer su arte» una media de unos veinte minutos, pegamento, «un cúter, como creo que lo llaman aquí», y unas tijeras especiales de artesano. Lisbeth, que ayer estaba con sus productos en la plaza Mayor con el mercado ecológico, lo ha bautizado 'RecuperArte'. «Yo no sé cómo lo hace para crear cosas tan bonitas tan rápido», confiesa su marido.

Este matrimonio de ecologistas, luchadores y emprendedores está en el Pueblo d'Asturias encantados de atender en su puestín: «Estaría bien un empujón», dice él. O si no en su tienda en Pidras Blancas, sin prisa, pues han venido para quedarse: «Entre lo simpáticos que son los asturianos y lo que va a tardar en recuperarse Venezuela creo que nos jubilaremos aquí», se despidió.

Fotos

Vídeos