Fomento aprovechará la ampliación de la 'Y' para solventar su problema de ruido

Fomento aprovechará la ampliación de la 'Y' para solventar su problema de ruido

El diseño del primer tramo sopesa poner pantallas contra la contaminación acústica o una capa de aglomerado en la calzada. La obra arrancaría en 2019

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

Una 'Y' con tres carriles por calzada para que los conductores vayan desahogados. Un sistema que reduzca el ruido que genera su tráfico en las viviendas limítrofes. Si los técnicos lo aconsejan, la vía más utilizada por los asturianos encontraría carriles reservados al bus en los accesos a Gijón, Oviedo y Avilés. En todo ello está trabajando el Ministerio de Fomento al impulsar un proyecto valorado en 115,9 millones de euros.

«Quiero decir alto y claro que si hay una actuación prioritaria en materia viaria, es la de ampliar y mejorar la capacidad» de la 'Y'. Lo anunció el pasado lunes el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, en el Fórum EL COMERCIO, comprometiendo un impulso capaz de traducirse en obras pronto. Las consultoras LCA y LRA tienen previsto entregar en los próximos meses el proyecto de trazado entre Matalablima y Lugones, documento que Fomento avanza someterá a consulta pública. Propone ensanchar ambas calzadas, en un tramo de 3,79 kilómetros, el más congestionado. Los ingenieros calibran cambios en las salidas y accesos, para que sus curvan sean más seguras y se acomoden a la normativa vigente.

Una vez cerrado el trazado, se completará el proyecto constructivo. Fomento deberá supervisarlo, aprobarlo, preparar los pliegos del concurso de obra, licitarla, adjudicarla, formalizar el contrato y firmar el acta de replanteo. Son trámites que, si se pisa el acelerador, permitirían arrancar las obras en 2019. A ello apunta el borrador presupuestario. Consigna 190.000 euros para financiar los estudios de este año y programa dos millones para el curso que viene, suma que daría para pagar las primeras obras.

Los trabajos en el tramo sur de la 'Y' se estiman en 20,5 millones, obligarán a los conductores a modificar sus usos o verse atrapados en atascos durante las obras, y tendrán continuidad. En noviembre, Fomento activó los estudios del resto, esto es, el segmento de la A-8 entre Lloreda y Tamón, más el arranque de la A-66 de Serín a Lugones. «Esperamos cerrar en las próximas semanas la licitación del anteproyecto», desveló De la Serna en el Fórum EL COMERCIO.

El tramo es más amplio, sin embargo al consultor se le requerirá que, en doce meses, haga un trabajo más limitado. Debe actualizar la documentación ya existente y, sobre todo, calibrar las opciones de que esta segunda obra, estimada en 95,4 millones, reciba fondos del Banco Europeo de Inversiones y las entidades financieras. En estas fuentes se basa el Plan Extraordinario de Inversiones de Carreteras, diseñado para impulsar mejoras en vías incluidas en la red transeuropea, en zonas con tráfico notable, y capaces de convertirse en obras en un plazo de dos años. Aparentemente la 'Y' cumple los requisitos con un matiz. La A-8 figura en los mapas de la UE en la red prioritaria, mientras la A-66 se sitúa un escalón por detrás en la jerarquía comunitaria.

La renovación de la infraestructura más utilizada por los asturianos avanza a dos velocidades. Los papeles para la obra de Oviedo a Lugones estarán en los próximos meses, mientras en el resto será preciso esperar a ese anteproyecto. Lo que sí se sabe ya es que la reforma ensanchará las calzadas ocupando la mediana, quedando el tráfico de ambos sentidos separado por una barrera de hormigón.

Otra época, otras prioridades

Se conoce eso y que la actuación solventará uno de los principales inconvenientes de la 'Y': el ruido. La vía se proyectó en 1967, y en ese momento la preocupación de los ingenieros era que la pista soportase el abundante tráfico de camiones, en condiciones de seguridad por mucho que lloviese. La solución fue fabricar losas de hormigón armado, raspando estrías en la superficie. El resultado incrementa la adherencia, reduce los costes de mantenimiento, pero provoca una contaminación acústica que, en aquella época, no era un valor a considerar.

La legislación actual obliga en cambio a reducir la sonoridad. Lo saben el Ministerio de Medio Ambiente, el Principado y los ayuntamientos de Gijón y Siero, que aprovecharon la fase de información pública para reclamar una solución. Antes de dar su visto bueno al estudio informativo, Medio Ambiente requirió un análisis específico que cotejara el ruido de la 'Y', el tráfico y bullicio esperado hasta 2027 con la ampliación, la sonoridad máxima que marca la legislación y las soluciones para cumplir.

Los técnicos fueron claros. Hay dos posibilidades: o levantar pantallas de al menos 2,5 metros a los lados de la vía para que el ruido no llegue a las viviendas, o aprovechar la obra de ensanchado para extender una capa de aglomerado en toda la calzada. La circulación de los neumáticos sobre esta superficie sería menos bulliciosa. Fuera de esas opciones, solo quedaría insonorizar las inmuebles vecinos.

Cumplir la legislación solo con pantallas «implicaría la instalación a lo largo de ambos márgenes en la mayor parte de la 'Y'», explica la autorización ambiental. De optar por esta vía, calculaba 17,6 kilómetros lineales de pantallas en la A-8 y otros 16,9 kilómetros en la A-66. Fomento se comprometió entonces a escoger este sistema o la capa de aglomerado cuando se pusiera a redactar el proyecto. Ahora le llega en momento de tomar decisiones.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos