Doce menores fugados; dos, ilocalizables

Centro de Internamiento Juvenil de Sograndio, visto desde una de las vallas utilizadas para de las fugas más sonadas. / MARIO ROJAS
Centro de Internamiento Juvenil de Sograndio, visto desde una de las vallas utilizadas para de las fugas más sonadas. / MARIO ROJAS

Sograndio da la voz de alarma, pero el Principado solo reconoce «cuatro no retornos» | Los profesionales urgen cambios en la dirección, una auditoría externa y la puesta en marcha de la comisión asesora pendiente desde 2006

CHELO TUYA GIJÓN.

En 2015, un interno de Sograndio se descolgó desde la ventana de su habitación utilizando una suerte de liana confeccionada con las sábanas de su cama para luego darse a la fuga con un amigo. Otro dejó encerrados al monitor y a sus compañeros de taller, para subirse al tejadillo y saltar la valla de seguridad. En 2016, entre las escapadas, la más famosa fue la protagonizada por dos internos, que decidieron correr a la vez hacia extremos opuestos de la valla y saltar el que pudiera. Uno lo logró. En 2017, sin embargo, el Principado asegura «no hubo ninguna fuga de Sograndio». El Gobierno regional afirma que nadie huyó del único centro de internamiento juvenil abierto en la región. «Es falso», dice la plantilla.

Mientras desde la Consejería de Presidencia, de la que depende orgánicamente el Centro de Internamiento de Sograndio, solo se reconoce «cuatro no retornos al centro tras una salida acompañada», la plantilla asegura que «podemos hablar de unas doce fugas. Incluso tenemos a dos menores desaparecidos. De hecho, han prescrito tanto sus delitos como sus condenas».

Ubicación:
a diez kilómetros de Oviedo, es el único de Asturias para el internamiento de menores con condenas penales. Abrió en 1927.
Capacidad:
68 plazas, de las que ocho están en el módulo terapéutico. Su ocupación media es muy inferior. Rara vez llega a las 40 internos. Ahora mismo hay 27. Casi tantos como educadores. La mitad que los vigilantes de seguridad.
Distribución:
edificio de cuatro pisos. En el primero están los internos con delitos más graves; en el segundo, mayores de 16 años; en el tercero, los menores de 16. La última planta es para chicas. Colindante hay un módulo de internamiento terapéutico.

Explican los profesionales que «el Gobierno regional juega con las palabras. Cierto que los cuatro menores que no volvieron de una salida no protagonizaron una huida al uso, es decir, no saltaron la valla, pero el protocolo que se aplica en estos casos es igual a si lo hubieran hecho. Porque, se vayan de una excursión o se vayan del centro es una fuga».

También discrepan de la no inclusión en el listado de fugas de las personas que no vuelven de un permiso. «Estamos en la misma circunstancia: si el interno no vuelve de un permiso, está fugado. La responsabilidad sobre él sigue siendo del Principado. Tanto si le pasa algo como si comete un delito, la Administración regional es la responsable de él».

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«No hay reinserción»

Una situación que no es nueva. En un informe de 2015, adelantado por EL COMERCIO y realizado por educadores del centro de internamiento, ya advertían de la «situación caótica» de un dispositivo que a finales de año recibió un varapalo de la Unión Europea: el Comité Europeo de Prevención de Tortura denunció «el uso de medios de sujeción» a los menores. En su dictamen, la UE dejó claro que «puede considerarse trato degradante o inhumano» y recomendó al Principado «poner fin a esa práctica».

Según los profesionales consultados con este periódico, esa práctica «se mantiene», aunque señalan que «tras el informe de la UE se ha multiplicado la apertura de expedientes». El problema, sentencian los profesionales consultados, «es que no hay proyecto: no hay reinserción. Por ejemplo, ahora estamos trabajando con jóvenes a punto de cumplir los 18 años. Nos llegan con una sentencia de mucho tiempo atrás, pero que no se aplicó. Aparecen justo para pasar un mes en Sograndio. ¿Qué podemos hacer en ese tiempo? Muy poco, la verdad»

De hecho, aseguran que poco más hacen con el resto. «El nivel cognitivo de los nuevos residentes es bajísimo. Nos estamos encontrando con chavales de 16 años que desconocen hasta el abecedario». Tras unos años en los que la mayoría de los jóvenes que pasaban por el centro tenían nacionalidad extranjera, el perfil actual vuelve al de sus orígenes: «Tenemos una mayoría abrumadora de chicos. De los 27 internos actuales solo tres son mujeres. Tanto ellos como ellas proceden, en su mayoría, de familias de clase media o baja, tienen graves problemas de socialización y, también, de drogas».

Una radiografía que va seguida de un duro diagnóstico. «No hay reinserción. O muy poca. Cuando un interno sale de nuestro centro, se considera que hay un cien por cien de rehabilitación si no entra en la cárcel en el año siguiente. Y eso está muy bien. El problema es que se 'maquillan' las estadísticas: muchos sí han cometido delito y están pendiente de sentencia». Por eso, insisten los profesionales en «un cambio en la dirección del centro», así como «una auditoría externa de calidad» y, sobre todo, «la puesta en marcha de la comisión asesora, comprometida desde hace dos años». De hecho, según la ley, ese ente tenía que estar listo en 2006. Pero, como las fugas para el Principado, no existe.

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