«Rubén era una bella persona, no se merecía morir así»

A la izquierda, Nerea, la hija mayor del fallecido, recibe consuelo. A la derecha, su madre. / DANIEL MORA

Familiares, amigos y vecinos lloran al sierense de 41 años que perdió la vida al tratar de salvar a su familia de las llamas

MARCOS GUTIÉRREZ MARCENADO.

La hija mayor de Rubén Fonseca, Nerea, se aferraba este martes, destrozada, al casco de su padre a las puertas de la iglesia parroquial de Santa Cruz de Marcenado. Una de las pasiones de su padre, la moto, era el vínculo que trataba de hacerla fuerte antes de la despedida. Pero la joven no estaba sola. Numerosos familiares, amigos y vecinos de Rubén se acercaron hasta la parroquia para darle el último adiós a «un buen padre, hijo, esposo y vecino». Todos coincidieron en el amor del sierense por su familia y su capacidad de trabajo y sacrificio.

El párroco de Marcenado, Juan Hevia, aseguró durante su homilía que pese a que a los curas «ningún fallecimiento les resulta indiferente», hay «algunos que son especiales y la muerte de Rubén me llegó muy de cerca». «Nos reunimos desde el dolor por una muerte inesperada», continuó. Asimismo, recalcó que «no hay palabras que sustituyan la ternura y la caricia de su cariño». Raúl García, amigo «de toda la vida» de la víctima, le definió como «una persona muy buena, que no hacía daño a nadie», al que «le gustaban mucho las motos y el pádel, pero sobre todo sus amigos y su familia». «Era una bella persona, no se lo merecía», añadió. «Yo casi era su hermano, me crié con él en Aramil y éramos uña y carne», reconoció. «Ha sido un golpe muy duro para todos, sobre todo para sus padres. además era hijo único», concluyó.

Ramón Ángel Junco, uno de sus vecinos, coincidió en que el sierense era «muy buen chaval, me llevaba muy bien con él». «Vivía aquí desde hacía más de diez años. No hay palabras», sentenció. El fallecido, de 41 años, residía en su piso en la localidad de El Berrón desde hacía más de una década. Aficionado a los deportes y al motor, fueron muchos sus compañeros aficionados al motociclismo los que quisieron despedirse de el. Una de las facetas de su personalidad en la que coincidieron todos los presentes era su abnegación y capacidad de sacrificio para sacar adelante su empresa de decoración e instalación de pladur.

Pilar Lastra, amiga de la familia, explicó que le conocía «desde que era crío y también ahora en El Berrón». Destacó como algunas de sus virtudes que «era muy servicial, muy trabajador y emprendedor». «La empresa le marchaba bien, pero porque se lo curraba», explicó la mujer, la cual reconoció que cuando vio el casco de Rubén sobre el féretro le provocó una gran impresión. Laura Artos y su pareja, Josué Noval, recordaron con cariño la entrega de una persona «muy buena». «Nosotros solo le podemos agradecer», dijo emocionada, casi sin poder contener las lágrimas.

«Mi pareja le conocía desde que empezó en la construcción, trabajaba mucho con él y cogieron amistad», explicó. Esteban González indicó que le conocía «del colegio en Aramil». «Le recuerdo como un chico muy hablador y simpático, al que le gustaba mucho el deporte», evocaba.

Al mismo tiempo lamentó como la tragedia ha impactado en una familia «muy querida en el pueblo». Benito Pintas, con apenas un hilo de voz, reconoció que la muerte de Rubén ha sido «un palo enorme» para todos sus amigos. «Era muy buena persona. Se dedicaba al trabajo y a la familia; en algún rato suelto salía montar en moto, pero lo tenía olvidado porque para el todo era su empresa y su familia», subrayó.

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