La Guardia Civil atribuye a ganaderos la mayoría de los incendios investigados

Un helicóptero Kamov sofoca el incendio que amenazó la reserva de Muniellos el pasado abril. / D. ARIENZA
Un helicóptero Kamov sofoca el incendio que amenazó la reserva de Muniellos el pasado abril. / D. ARIENZA

Los agentes han identificado a diecinueve sospechosos en lo que va de año. Dos de ellos llegaron a ser arrestados

R. MUÑIZ OVIEDO.

Según el colectivo ecologista AMA, en Asturias impera una ley del silencio según la cual los vecinos y testigos evitan denunciar a los pirómanos que están arruinando el monte para no meterse en líos. De existir tal norma, la Guardia Civil es la encargada de romper ese secreto y descubrir a los delincuentes. El año pasado los agentes del Seprona investigaron y detuvieron a 39 individuos, y este curso tampoco bajan la guardia. Van de momento 19 sospechosos identificados como supuestos causantes de incendios forestales, dos de los cuales llegaron a ser detenidos.

El estado de la cuestión figura en una respuesta que el Gobierno central acaba de entregar a Rosa Domínguez de Posada, senadora de Foro. El resumen de actuaciones de las comandancias de Oviedo y Gijón recoge que en realidad son 21 los incendios esclarecidos, lo que arroja un balance preocupante: el 62% de los focos fueron provocados, el 33% tuvieron su origen en una imprudencia y solo en un caso se puede calificar de negligente la actuación del sujeto. En total, 560,09 hectáreas perdidas aunque con el supuesto culpable señalado.

La presión de los agentes es limitada si se compara con la magnitud de la catástrofe. Según datos del observatorio Sadei, hasta el 30 de junio iban 12.808 hectáreas quemadas, lo que sitúa a 2016 ya como el sexto año de este siglo con más bosque perdido. Los agentes han esclarecido uno de cada 65 incendios y se conoce el responsable de una de cada 22 hectáreas calcinadas.

El denunciado por el mayor desastre aclarado, en Gamonéu, actuó por vandalismo

El perfil del pirómano se repite, estadística tras estadística. En seis de los nueve incendios aclarados desde la Comandancia de Oviedo había un ganadero detrás. La información suministrada desde la de Gijón es menos concreta, aunque atribuye ocho de los doce desastres estudiados a la «regeneración de pastos». Es ejemplo de ello los cuatro fuegos que entre diciembre y marzo se reprodujeron en Pedroso (Onís), con 37 hectáreas de monte bajo arrasado. Su autor no fue detenido, pero sí denunciado.

«Nunca por una colilla»

Para dar con el origen de las quemas, los agentes hacen un trabajo de campo en la zona de los hechos. Entrevistan a los vecinos que pudieron ver algo y escrutan en los troncos y vegetación calcinada el sentido que fueron tomando las llamas. «Yo no he visto nunca ningún fuego iniciado por una colilla», explicaba hace unas semanas Claudio de la Vega, agente que lleva décadas persiguiendo a los pirómanos en la región. «Es más peligroso el cristal, sobre todo el culo de las botellas», explicaba a este periódico.

Detrás de la primera llama, el Seprona encuentra también decisiones equivocadas. Uno de los primeros investigados este año lo fue por calcinar dos hectáreas en La Silva (Tineo). El fuego se enfureció por hacer una quema de rastrojos sin permiso tras limpiar la finca. Cerca, en Barreiro, un ganadero fue investigado por prender «el monte anexo a fincas de su propiedad, para la limpieza de matorral y obtención de pasto». La jugada costó un centenar de hectáreas.

A otro ganadero con antecedentes se lo responsabiliza de las 17,7 hectáreas perdidas en Gúa, en pleno Parque Natural de Somiedo; se cree que inició el fuego «por venganza contra la administración por la gestión del espacio natural protegido». En La Troncada (Tineo) un productor terminó arruinando 25 hectáreas por supuestamente empecinarse en quemar monte para limpiar el matorral después de que la consejería le negase el permiso correspondiente.

Hasta el embalse de Grandas de Salime llegó un fuego que se había iniciado en Buspol en mayo. Son 160 hectáreas perdidas de las que se culpa a dos personas después de descubrir dos focos en un camino forestal y obtener un vídeo de su vehículo pasando por la zona.

Es la mayor catástrofe aclarada, junto al fuego de Gamonéu (Onís), en el que se perdieron 161,8 hectáreas, seis de ellas en pleno parque nacional. Este incendio, indican los agentes del Seprona, fue provocado por un acusado por puro «vandalismo».

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