«Nos gustaría que la incineradora no volviera por la puerta de atrás»

El eurodiputado Florent Marcellesi, en un parque de Gijón. / P. UCHA
El eurodiputado Florent Marcellesi, en un parque de Gijón. / P. UCHA

Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo: «Lo primero que debemos hacer es reducir los residuos que generamos y también aprender a reutilizar lo que tenemos»

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

Florent Marcellesi (Angers, Francia, 1979) defiende la transición hacia un sistema en el que se generen menos residuos y las renovables sean las únicas fuentes energéticas para lograr la sostenibilidad del planeta. Este eurodiputado de Equo, que viajó a Gijón para visitar el buque 'Esperanza' de Greenpeace, atracado en El Musel, asegura que «no se crean los empleos en el carbón, se van a crear en la economía circular», por lo que el cambio de modelo es fundamental.

-Asturias tiene cinco de las dieciséis centrales térmicas de carbón que hay en todo el país. ¿Es posible realizar aquí la transición energética antes de 2025, como propone Equo?

-No solamente es posible, sino que también es necesario por razones económicas y ecológicas. Económicas primero porque, a finales de 2018, van a terminar las ayudas a las minas de carbón y muchas centrales están directamente relacionadas con estas minas. Y por razones ecológicas porque, cuanto más carbón estamos sacando y quemando, más problemas tenemos para el cambio climático y para la salud de los trabajadores y el resto de las personas. La buena noticia es que existen soluciones, hay alternativas al carbón. Tenemos muchos ejemplos en Europa de pueblos situados en cuencas mineras que han hecho una transición justa y ecológica hacia nuevos empleos verdes.

«Muchos pueblos de cuencas mineras han hecho una transición hacia empleos verdes»

-El Principado es la segunda comunidad que más electricidad produce con carbón, un 63%. ¿Qué medidas han adoptado el resto de regiones para reducir ese porcentaje?

-Asturias no ha hecho los deberes en varios aspectos. Por ejemplo, debería haber utilizado los fondos destinados a la reconversión del carbón en un nuevo modelo económico basado en la transición ecológica: los empleos verdes, las renovables, la agricultura ecológica, el turismo sostenible o la gestión sostenible de residuos. Si hacemos esto, tenemos una posibilidad de ir hacia un nuevo sistema en el que la electricidad se produce con otras fuentes. Y aquí tenemos un gran potencial. Esto junto con otra forma de consumir porque también tenemos que reducir el consumo energético global y, al mismo tiempo, ser más eficientes en el uso de los recursos naturales. Con esas tres patas (la sostenibilidad, la eficiencia y las renovables) es posible tener un sistema energético que es mejor para la salud, el clima, para nuestros bolsillos y para la economía y el empleo.

-El informe 'Villanos del clima', de Greenpeace, revela que un tercio de la población española estaría dispuesta a participar en el autoconsumo de energía. ¿Qué trabas deben eliminar los gobiernos para permitirlo?

-En España, hay que eliminar muchas trabas por la contrarreforma ambiental y energética realizada, en los últimos años, por el Gobierno del PP. En contra del movimiento general que estamos viviendo en Europa. Lo primero que debe hacer es quitar todas las barreras que tenemos para las renovables. En segundo lugar, favorecer el autoconsumo, porque ahora tenemos un impuesto al sol y esto no puede ser. Y apostar, en general, por una visión política que diga claramente que tenemos que dejar atrás las energías sucias (el carbón, el gas y el petróleo) y apostar por las limpias (el sol y el viento). Necesitamos visión política con participación ciudadana y empresarial.

-¿Qué pasará con el Acuerdo Climático de París tras el rechazo de Donald Trump?

-A pesar de que mucha gente decía que iba a haber un efecto dominó a favor de Trump, hemos visto que ha sido el contrario. Los países europeos se han unido contra Trump y reforzado su compromiso en la lucha contra el cambio climático. Incluso, dentro de EE UU hemos visto que las empresas y algunos estados, como California, se han rebelado contra él. La buena noticia de esto es que, por ejemplo, la Unión Europea está retomando el liderazgo climático porque Trump se lo ha puesto en bandeja.

-Uno de los grandes retos de los países de la Unión Europea es reciclar el 50% de los residuos domésticos en 2020. Asturias está muy lejos de ese porcentaje ¿Es imprescindible penalizar o premiar económicamente al ciudadano que no recicla?

-Tenemos que hacer ambas cosas. Es el palo y la zanahoria. Por un lado, tenemos que ir en contra de las malas prácticas y, al mismo tiempo, beneficiar a quienes lo están haciendo bien. Esto debe hacerse en base a la jerarquía de tratamiento de residuos: prevención, reutilización, reciclaje y, por último, la eliminación. Lo primero que debemos hacer es reducir los residuos que generamos y también aprender a reutilizar lo que tenemos. Este es el concepto de economía circular. La sociedad del usar y tirar no puede tener cabida en el siglo XXI.

-¿Es viable llegar a ese 50%?

-Esperamos que sea viable porque los objetivos ambientales que fijó la UE son buenos, pero no suficientes. Hay países que van a llegar mejor que otros: los nórdicos están más avanzados, mientras que los del sur van con un poco de retraso. Por eso, muchas personas estamos en las instituciones para que se cumpla.

-¿Considera posible que la UE rebaje ese porcentaje?

-Si quiere rebajarlo tendrá en contra a los ecologistas e imagino que a muchas más personas del Parlamento europeo que entienden que, si queremos un planeta saludable, tenemos que marcarnos metas más ambiciosas.

-El debate sobre los residuos en Asturias ha estado marcado por el rechazo a la incineradora. El nuevo plan propone una planta de tratamiento de residuos mezclados, así como la producción de un combustible sólido recuperado a partir de residuos no peligrosos. ¿Qué le parece esta alternativa?

-Me parece que es una buena noticia que el Principado haya renunciado a la incineradora. También nos gustaría que no volviera, por la puerta de atrás, un proyecto parecido. Generar biocombustibles se debe hacer pensando que van a ser marginales en el mix energético final. Lo estamos hablando en el Parlamento europeo y tenemos clarísimo que será apenas un 3% de los combustibles para el transporte en 2030. Por tanto, no debemos pensar que es la solución para el fin de los combustibles baratos. Tenemos que cambiar el modelo de transporte, basarlo en el público y el compartido, en la bici y en el peatón. Y, al mismo tiempo, aplicar criterios de sostenibilidad y sociales sobre esos nuevos biocombustibles.

-En España, hay una decena de incineradoras, pero en otros países europeos con una gran conciencia medioambiental rondan la centena. ¿Por qué se aceptan allí?

-No se aceptan tan fácilmente como se suele decir. Hay una gran resistencia ciudadana. Y se recurre a las incineradoras en último término. En España es al revés: quieren hacer incineradoras en lugar de solucionar los problemas en el origen.

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