El hangar de Asturias

La pista de La Morgal recibió a las 23 aeronaves participantes en una etapa solidaria de la Vuelta Ibérica de avionetas y ultraligeros

Aterrizaje de una de las aeronaves. /D. ARIENZA
Aterrizaje de una de las aeronaves. / D. ARIENZA
LAURA SAIZ

Avionetas y ultraligeros se unen en la Vuelta Ibérica para disfrutar del sol y las vistas de los paraísos naturales nacionales desde sus cabinas mientras recorren diversos puntos de la Península Ibérica. En Madrid comenzó todo, pararon en la costa alicantina, subieron hacia los Pirineos, pasaron por Vitoria y ayer disfrutaron matrimonios, amigos, padres e hijos del sol en Asturias. Todos llegaron ilusionados al aeródromo de La Morgal, pero el viaje no fue lo único entretenido. La AUPA (Asociación de Ultraligeros del Principado de Asturias) ha organizado para hoy una jornada turística. Irán a visitar el Museo de la Minería y acabarán el día con una cena en un llagar de la zona.

Los participantes alineados juntos en la pista de La Morgal.
Los participantes alineados juntos en la pista de La Morgal.

Parecía magia que los cielos se abriesen precisamente el día que los ultraligeros sobrevolaban la región, sin embargo, no tuvieron tanta suerte a su salida. Estaba previsto una llegada entre las 11.30 y las 12 horas, pero debido a la nubosidad que acechaba a la capital vasca no pudieron despegar hasta el mediodía. Pero llegaron. Las 23 aeronaves fueron apareciendo en tandas de cinco en cinco. Las primeras en aterrizar fueron las avionetas, los pilotos demostraron la potencia y agilidad de sus pequeños pájaros de metal en el aire adelantando a todos los ultraligeros. Ambos tipos de aeronaves pueden estar hechas con fibra de vidrio o carbono, aluminio o incluso madera. En el caso de las grandes, las avionetas, llegan a pesar 600 kilos y tienen una potencia bastante superior a los ultraligeros que, con un peso máximo de 450 kilos poseen una potencia de 100 caballos y llegan a los 220 kilómetros por hora.

Es una competencia, pero entre amigos, como ellos mismo narraban, no hay tiempos ni clasificaciones oficiales, pero sí un pique sano, de estos que motivan a surcar el cielo y disfrutar del viaje. La palma de este toma y daca se la lleva Joan Comas: sus compañeros de ruta afirmaban que da igual cuando salga, siempre llega antes que el resto. El catalán pilota una avioneta azul customizada al más puro estilo mustang americano de los festivales aéreos. Los siguientes en aterrizar fueron Antonio Pineda, uno de los organizadores de esta Vuelta Ibérica, y su mujer. Él mismo afirmaba que «si recetas algo, lo tienes que probar». Y, tras sus declaraciones, comienzan a llegar los primeros ultraligeros a la pista. Uno de los más veteranos del circuito es Joao Braganza. El portugués lleva ya diecisiete años acudiendo a la vuelta, desde sus inicios en el año 2000, y confirmaba lo que sus compañeros repetían a su llegada, «el día ha sido espectacular, bellísimo». Todos los participantes sobrevolaron la región y pudieron contemplar la belleza de su paisaje y disfrutar del vuelo. Eso sí, siempre equipados con gorras y gafas de sol, que el tiempo lo requería y más aún cuando se está dentro de la cabina.

Los ultraligeros, los grandes protagonistas.
Los ultraligeros, los grandes protagonistas.

Una vez que están todas las aeronaves estacionadas en sus correspondientes plazas, se reúnen y saludan alegres mientras comentan la ruta realizada. Alguno incluso declaraba que al oír en la frecuencia de radio la búsqueda que la guardia civil estaba llevando a cabo para encontrar a la anciana desaparecida en Villaverde, estuvieron atentos para ver si podían ayudar en algo.

La Asociación, junto al director del hangar de La Morgal, Miguel Ángel Blanco, han aclarado que se trata de una etapa «solidaria». Su meta es «mostrar que se puede dar la vuelta a España con seguridad en un ultraligero y, además, haciéndolo en grupo». Quieren poner en valor la capacidad de pilotar y la destreza que tienen los comandantes en el vuelo, en especial a la hora de aterrizar. Actualmente están en negociaciones para lograr un permiso que les permita regularse por autocontrol, de manera que los pilotos se den indicaciones entre ellos por la frecuencia de radio en todo momento, como en esta etapa, y no sea necesario recibir mensajes de una torre de control sin visibilidad sobre la pista. Marcos González, presidente de la AUPA y aviador desde hace 24 años, nos cuenta además que «cada avioneta siempre tiene un plan de vuelo en el que conoce las posibles entradas y salidas de cada pista». Pero, de momento, las normas siguen en pie y deben informar doblemente, a la torre y a los compañeros. Mañana recargarán combustible y regresarán al cielo para llegar hasta Galicia, donde sera la próxima parada.

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