Hocicos de plata que salvan vidas

Por arriba, de izquierda a derecha, Agustín Ortal, Carlos Thierry González y Jesús Gómez. Abajo, Enrique Castañeda, Miguel de Prado, Elena Marcos, Nardi Barbón y Wenceslao Fernández, con sus perros, en el centro de entrenamiento de La Morgal, en el que entrenan todos los fines de semana. / DANIEL MORA

La trayectoria de la Unidad Canina de Rescate, premiada por el Principado | «Es un trabajo especial. Sales muy preocupado porque de lo que hagas puede depender que una persona viva o muera», destaca Jesús Gómez

ÓSCAR PANDIELLO LA MORGAL.

Cuando una persona desaparece, la Guardia Civil y el Grupo de Rescate del SEPA movilizan rápidamente a sus efectivos para rastrear la zona, que se va ampliando según van pasando las horas. Y, desde hace 29 años, a este despliegue para rastrear un lugar en busca de un desaparecido se suma en Asturias la Unidad Canina de Rescate, un cuerpo de voluntarios que responde ante cualquier emergencia aportando dos cosas: «Nuestra cabeza y su olfato. De ello dependemos», resume Agustín Ortal, presidente del cuerpo, mientras señala a los perros que forman parte de su equipo.

Todas estas búsquedas van ligadas a un alto grado de presión. Cada minuto puede resultar crucial a la hora de encontrar a la persona sana y salva. «Es un trabajo especial. Sales con mucha preocupación porque de lo que hagas puede depender que una persona viva o muera», explica Jesús Gómez, otro de los integrantes del grupo.

En reconocimiento a este trabajo altruista, el Principado ha concedido a la Unidad Canina de Rescate con su Medalla de Plata. «Es un reconocimiento al trabajo, todo un orgullo. Ha habido de todo. Momentos buenos y no tan buenos, y que te lo reconozcan siempre es positivo», subraya Ortal. Su labor, de hecho, no está libre de riesgos. Como ejemplo, 'Black', un schnauzer gigante que en la última operación en la que participó el grupo, a principios de mes en Somiedo, resultó herido en la cabeza. «Se hizo un tajazo con la alambrada de una de las fincas y se le infectó», cuentan los voluntarios de la unidad. Con los cuidados de los últimos días, sin embargo, le herida ya está mejor.

Como todos los sábados, ayer se reunieron por la mañana en La Morgal para que los perros realicen ejercicios, compartir experiencias y comentar las últimas actuaciones en las que se han visto envueltos. Actualmente, son ocho los voluntarios que conforman la unidad, aunque la presencia de colaboradores para la cría y el entrenamiento es habitual. Los canes, por su parte, ascienden a quince. Y ya hay cantera, con dos cachorros que se preparan para asegurar el futuro de los trabajos de rescate. De momento, 'Black', 'Jabalí', 'Bruji', 'Chuli', 'Nochi', 'Bruce', 'Zoe', 'Hira', 'Bosco', 'Kira', 'Roque', 'Mini', 'Lluna', 'Dux' y 'Moon' se encargan.

Origen en una tragedia

La Unidad Canina de Rescate del Principado de Asturias dio sus primeros pasos allá por 1987 y surgió de un trágico accidente en los Picos de Europa. Un helicóptero del Grupo del Perro de Salvamento del País Vasco se estrellaba y todos fallecieron. «Murieron los guías con sus perros, una situación muy dura y triste. Les recordamos en los Lagos con un homenaje todos los años», dice Ortal.

Con el actual equipo vasco, precisamente, han impulsado la Asociación Nacional de Grupos de Perros de Salvamento, que ofrece talleres y cursos de homologación para que las nuevas agrupaciones salgan lo más preparadas posible. «Más o menos necesitas tres años para tener a un perro educado con ciertas garantías», detallan. Debido a su profesionalización, en muchas ocasiones ofrecen sus servicios para ayudar en catástrofes naturales en el extranjero. Una preparación que alcanzan entrenando en una pista con tubos y tablas de madera.

Y un trabajo, destaca Jesús Gómez, que pese a incluir con situaciones tensas, merece la pena. «En Los Oscos encontramos una vez a un desaparecido de noche, cuando ya nos habían mandado retirar. Pese a ser trabajo voluntario nos empeñamos y eso, al final, recompensa».

Fotos

Vídeos