«Toda la huerta está abrasada»

Lisardo Álvarez muestra en su pomarada los restos caídos a consecuencia de la granizada/P. LORENZANA
Lisardo Álvarez muestra en su pomarada los restos caídos a consecuencia de la granizada / P. LORENZANA

El moscón Lisardo Álvarez da por perdidas 20 toneladas de manzana por el granizo

PAULA CARRELO GRADO.

La huerta moscona, uno de los principales motores económicos del concejo, sigue sumando daños tras la granizada del pasado sábado. Si en la villa de Grado la tormenta agujereaba canalones y persianas, provocaba un argayo, la caída de varios árboles e inundaba locales comerciales y los bajos del Ayuntamiento, en los pueblos cercanos y las zonas de cultivo el efecto resultó igual de devastador. Entre otros rincones, el temporal barrió la parroquia de San Juan de Villapañada -varios cristales de ventanas acabaron rotos-, o el pueblo de Sestiello, donde posteriormente los operarios municipales tuvieron que despejar la carretera, llena de ramas.

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También afectó gravemente al núcleo rural de Llavayos, a cinco minutos de la capital, donde Lisardo Álvarez veía cómo la cosecha del año se echaba a perder casi en su totalidad. La finca de uno de los fundadores de Aacomasi, la Agrupación Asturiana de Cosecheros de Manzano de Sidra, tiene una extensión de doce mil metros cuadrados sobre los que se reparten decenas de manzanos de sidra, los más afectados por la tromba. De ellos preveía obtener este año veinte toneladas de manzana, ahora inservibles, lo que generará cuantiosas pérdidas, todavía no estimadas por su propietario.

Los frutos grandes cayeron a causa de la fuerza del viento. Las piezas más pequeñas cuelgan aún de las ramas más fuertes, tras resistir al granizo que las dejó llenas de agujeros, mientras los insectos hacen que su devaluación continúe.

Por el suelo se reparte ahora la mitad de la producción, machacada, junto con hojas y ramas rotas. Porque la granizada afectó también a los árboles, un factor que sin duda perjudicará en los próximos años de cosecha. «Eso es lo peor», apunta Álvarez, para quien «lo malo no es la manzana que cayó, sino la que está por caer».

Por desgracia para él, eso no fue todo: peras, lechugas, kiwis, fabes... «Toda la huerta abrasada», se lamenta. De su finca, solo se salvaron los limoneros, al estar protegidos por los perales.

Además, en distintos puntos de la parcela se formaron balsas de agua que, cuando desbordaron, arrastraron todo a su paso, formando grandes regueros y socavones en el terreno. De ahí que el propietario y su familia estén «cansados de sacar tierra de todas partes». Se pasaron el domingo y el lunes limpiando los destrozos, «y aún así todavía quedan restos», se queja.

La solución se le antoja complicada, ya que carece de seguro y no ejerce como agricultor de manera profesional, por lo que cree que «no puedo reclamar nada». Tampoco desde la cooperativa a la que pertenece se han propuesto aún medidas con las que remediar los daños, por lo que «no queda otra que limpiar».

Donde sí se ha puesto ya el tema sobre la mesa es en el Ayuntamiento de Grado. Era el propio alcalde, José Luis Trabanco, el que en la mañana del lunes mostraba los desperfectos provocados en la villa a varios técnicos, cuya labor será realizar los informes pertinentes para presentarlos durante esta semana. Toda la documentación recopilada será enviada al Gobierno central con el fin de solicitar ayudas para que los afectados puedan paliar los daños producidos por el granizo.

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