«La iglesia tiene hoy que ser más misionera, incluso con los propios cristianos»

Jesús Sanz Montes abraza a Gabino Díaz Merchán./JOSÉ SIMAL
Jesús Sanz Montes abraza a Gabino Díaz Merchán. / JOSÉ SIMAL

El arzobispo emérito de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, vuelca sus reflexiones sobre la iglesia universal y española en un libro «que no deja indiferente a nadie»

Laura Mayordomo
LAURA MAYORDOMOGijón

A sus 91 años mantiene Gabino Díaz Merchán una mente lúcida capaz de ordenar los recuerdos de sus 65 años de vida entregada a la iglesia y acompañarlos de argumentadas reflexiones para dar forma a un libro que ha titulado ‘Evangelizar en un mundo nuevo’ y que esta mañana presentó en Oviedo. Lo hizo en la Casa Sacerdotal, en la que vive desde que hace quince años abandonara la archidiócesis y de la que «no salgo ya a no ser que sea para cosas de médicos o algo así». La misma para la que irán destinados los beneficios del libro –a la venta desde hace dos meses al precio de 20 euros- que, en cuatrocientas páginas, supone «una mirada atrás con la vista puesta al frente de la vida de la iglesia de estos últimos años».

No se trata de una biografía, sino de «un libro testimonial en clave pastoral sobre la misión evangelizadora de la iglesia» que salpica con algunas de las muchas anécdotas que le han tocado vivir. Una obra que «no deja indiferente a nadie, tenga la edad que tenga», garantizó su editor, Pedro Miguel García Fraile, que destacó que «no envejecerá» porque «su sólido poso y su magistral solera la harán más grande e imprescindible con el paso del tiempo».

Le habían precedido en el uso de la palabra el prologuista del libro, Javier Gómez Cuesta, párroco de San Pedro, y el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, quienes coincidieron en calificar el trabajo al que Díaz Merchán ha dedicado su tiempo estos últimos meses como «un regalo» de «obligada lectura».

Vivir en la iglesia

El más breve en su intervención fue precisamente el aludido. El arzobispo emérito tuvo que apurarse en sus palabras para que su sucesor pudiera acudir, como tenía previsto, al funeral del sacerdote José Antonio Pérez del Río. Así que optó por dejar a un lado los tres folios que había escrito para la ocasión para ir desgajando algunos de los asuntos recogidos en una obra que «rezuma Concilio Vaticano II por sus venas». No sin antes advertir, socarrón, que no se extendería en explicaciones porque «para eso ya tenéis el libro». Y fue así como no le dolieron prendas en reconocer que «la sociedad tiene valores que la misma iglesia necesita» o que «en mi experiencia de obispo no ha dejado de inquietarme siempre la respuesta que está dando la iglesia al Concilio Vaticano II, porque para unos no es válido y para otros es un despropósito, según fueran conservadores o renovadores. Para mí ha sido realmente una lección que me ha enseñado a vivir en la iglesia».

Preocupado se mostró también por el hecho de que, en este «mundo nuevo, desgraciadamente hay muchos bautizados y cristianos que han perdido la fe, que no creen en la iglesia». Por eso, ligó, «creo que la pastoral de la iglesia hoy tiene que ser conservadora, porque hay muchas cosas buenas que conservar, pero tiene que ser más misionera. Incluso con la propia iglesia, con los cristianos. Tal vez falta insistir en la fe en Dios, en Jesucristo y en la iglesia».

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