La Iglesia se opone al programa de fecundación in vitro del Principado

La Iglesia se opone al programa de fecundación in vitro del Principado

El PP, por su parte, reclama «flexibilizar» los requisitos de un programa ahora limitado a madres sin hijos y menores de 40 años

R. M. OVIEDO.

El programa de reproducción asistida que el Principado financia en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) sigue despertando opiniones encontradas. De un lado, el Grupo Popular en la Junta General registró el pasado 26 de enero una proposición no de ley solicitando dotarle de más medios para evitar «demoras que ponen en riesgo el éxito del tratamiento (a veces de más de un año)».

El partido que preside Mercedes Fernández reclama además al Gobierno regional que lidere un cambio a nivel nacional que amplíe los actuales requisitos para acceder a este programa «incluyendo personas y parejas que ya tienen un hijo, así como la ampliación del máximo de edad». En la actualidad el sistema público solo admite trabajar con mujeres mayores de 18 años y menores de 40 «en el momento del inicio del estudio de esterilidad» y que además carezcan de un hijo «previo y sano».

Tal como recordó el Principado en una respuesta anterior a IU, están siendo aceptadas a tratamiento parejas con hijos anteriores pero ninguno en común, y se amplió la cartera para asumir mujeres solas y parejas lesbianas, sin que esté por ahora previstos más cambios.

La reproducción asistida «es una posibilidad que se debe ofrecer a los asturianos», propugna el PP, quien incide en el declive demográfico de la región y en las «aspiraciones legítimas de muchos ciudadanos de poder tener descendencia». Es una posición que choca frontalmente con la que defiende la Iglesia Católica. Dentro de todas las técnicas posibles, esta religión es especialmente contraria a la fecundación in vitro, sistema que consiste en fecundar un óvulo fuera de la mujer para reintegrarlo luego en su cuerpo.

Así lo recordó a la agencia Europa Press el profesor de Moral del Instituto Superior de Estudios Teológicos de Oviedo, Alfonso López, quien explicó que «la dignidad de la persona pasa por concedérsela, no por ser fruto de un laboratorio». El sacerdote sostiene que «un niño no es una solución a un problema» y recuerda que la Iglesia ve ilícito que la ciencia sustituya a las personas.

Doctrina de Ratzinger

Lo aclaró en 1987 la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces presidida por el prefecto y cardenal Joseph Ratzinger, quien luego devendría en Papa. En su instrucción 'Donum Vitae' señala que «ciertamente no se puede ignorar las legítimas aspiraciones de los esposos estériles», para quienes la fecundación in vitro se puede presentar como «el único medio para obtener un hijo sinceramente querido». El documento responde que el deseo del hijo «es un requisito necesario desde el punto de vista moral para una procreación humana responsable. Pero esta buena intención no es suficiente para justificar una valoración moral positiva de la fecundación in vitro entre los esposos». El hecho de intervenir en el cuerpo de la mujer, extraer el óvulo y tener que trabajar con este tipo de material es lo que reprueba la Congregación.

Desde la Iglesia Católica, Alfonso López recuerda su oposición a considerar a un niño como un «producto» para satisfacer necesidades, ya sea de una pareja o de una sociedad. «Es dentro del lenguaje del matrimonio, en la relación de dos personas, donde hay amor, donde nace la persona; no fruto de laboratorio», explicó a la agencia informativa.

No obstante, tras dejar clara la oposición frontal de la Iglesia a las técnicas de fecundación in vitro, el profesor de Moral ha comentado que la Iglesia no se opone a otro tipo de métodos científicos que, dentro del matrimonio, puedan ayudar a parejas con problemas de fertilidad. En este punto, se ha referido a procedimientos para ayudar a la movilidad de los espermatozoides o a la fecundidad del óvulo.

«La postura de la Iglesia es que se acepta todo lo que sea ayudar dentro del matrimonio con métodos científicos, pero no lo que sea de laboratorio, porque con el laboratorio la persona queda en segundo lugar», ha zanjado el sacerdote.

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