Al sol incierto de la vendimia

Las cinco bodegas de la DOP vinícola asturiana afrontan una buena cosecha inquietas por la limitación de cultivos y la escasa difusión de sus caldos

Beatriz Pérez, de Siete Vidas, recoge en uno de los viñedos de Ibias que proveen su bodega./LUIS SEVILLA
Beatriz Pérez, de Siete Vidas, recoge en uno de los viñedos de Ibias que proveen su bodega. / LUIS SEVILLA
PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

El sol de una tarde despejada de septiembre dora las vides de La Galiana, en Limés, y Antonio Álvarez, ‘Antón Chicote’, señala en las laderas cercanas un territorio que solo existe ya en su memoria: «Todo esto eran viñas antiguamente». Habla de un tiempo no tan lejano: a comienzos del siglo pasado, los viñedos ocupaban unas 2.000 hectáreas de terreno en Cangas del Narcea. Plagas como la de la filoxera y el desarrollo de la industria minera determinaron el abandono de los cultivos.

La familia de Antonio mantuvo la tradición vitícola y desde su bar en Cangas fueron los primeros en comercializar el mosto de la zona («farteme de patear Asturias, de feria en feria», cuenta ahora). Chicote, que hoy produce unas 15.000 botellas en su lagar, estuvo entre quienes formaron el embrión de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Vino de Cangas, una marca bajo la que hoy se agrupan cinco bodegas y que ha conseguido elaborar caldos de una calidad reconocida en el exterior con importantes premios. «Antes no se cuidaba, ahora algo mejor aprendimos a hacerlo», dice Antón con irónica modestia.

Racimo de una de las variedades autóctonas negras de la DOP canguesa.
Racimo de una de las variedades autóctonas negras de la DOP canguesa.

Frente a los dos millares de hectáreas de hace un siglo, la superficie actual de los viñedos inscritos en la DOP es de unas 80 hectáreas, repartidas entre Cangas e Ibias. La cosecha de este año viene adelantada por una meteorología que si bien ha favorecido la maduración de la uva también ha provocado daños en los cultivos con las heladas invernales y especialmente con la granizada de finales de agosto. Beatriz Pérez, responsable de la bodega Siete Vidas y presidenta del Consejo Regulador resume así la temporada: «En las parcelas afectadas por la helada se pudo recuperar la planta; en las otras la cosecha es abundante», explica, y en cuanto al granizo: «En algunas zonas se perdió la cosecha, aunque las mayores manchas de viñedo no se vieron tan afectadas: creo que no se va a notar significativamente», señala. En cuanto al volumen global que se prevé recoger en la presente campaña, Pérez lo calcula en torno a los 150.000 kilos, una cifra que desde la DOP (que comparte con el Priorat y Ribeira Sacra su reconocimiento en la UE como ‘viticultura heroica’ o de montaña) esperan superar ampliamente en las próximas temporadas: «Habrá un aumento importante en tres o cuatro años cuando den fruto las nuevas plantaciones», asegura.

Diversos vinos elaborados bajo la DOP Vino de Cangas.
Diversos vinos elaborados bajo la DOP Vino de Cangas.

La bodega de Beatriz ya ha comenzado a cosechar albarín blanco –la primera variedad canguesa en madurar– y cuando nos recibe en la viña de su proveedor Ramón Fernández en Cabureiro (Ibias), le toca el turno al verdejo negro; en unas semanas recogerán albarín negro, mencía y finalmente carrasquín (la variedad más singular de la DOP, junto al verdejo de uva tinta), todos destinados a los distintos caldos que elaboran en una producción anual de unas 30.000 botellas.

Algo más del doble de producción de Siete Vidas es la que sale de los lagares de Monasterio de Corias, la empresa radicada en el mismo entorno del cenobio benedictino que impulsó el cultivo de la vid desde el siglo XI. Víctor Álvarez, su gerente, relativiza las cifras de su bodega y del conjunto de la DOP, comparándolas con las de otras zonas: «En Corias cada campaña metemos unos 70.000 kilos de uva, la cantidad que recoge una cosechadora mecánica de Rioja o Ribera en una hora» y es que «el total de la producción de las cinco empresas certificadas equivale al de una bodega pequeña de esas zonas», detalla desde la sala de catas de su bodega (que es una vez al mes la de todos los lagares de la DOP para realizar sus degustaciones guiadas), un lugar en el que reciben anualmente entre 8.000 y 10.000 visitas atraídas por unos mostos que si no pueden competir en magnitud con los grandes gigantes de la industria vitícola sí ofrecen un gran atractivo «por su diferenciación de otras denominaciones y la calidad que estamos logrando», afirma Álvarez.

Víctor Álvarez, de la bodeja Monasterio de Corias, brinda con uno de sus mostos blancos.
Víctor Álvarez, de la bodeja Monasterio de Corias, brinda con uno de sus mostos blancos.

La apuesta por la calidad y la singularidad que ofrecen las variedades autóctonas de uva es clave para seguir abriéndose camino en un mundo «donde tenemos que vender que nuestros vinos son distintos», defiende el gerente de Monasterio de Corias, para quien el futuro de los caldos cangueses aún tiene una asignatura pendiente en nuestra tierra: «Tenemos un tesoro aquí y los primeros que deberíamos creérnoslo somos los propios asturianos». El bodeguero señala Galicia como un espejo en el que mirarse: «Allí en cualquier buen restaurante en sus cartas solo ofrecen vinos gallegos, algo impensable aquí» y para ilustrarlo relata que «en el último Día de Asturias, los hosteleros de Llanera ofrecían un ‘menú asturiano’ con vino de Rioja, uno de ellos me llamó para decirme que sentía vergüenza ajena», cuenta.

La presidenta del Consejo Regulador, Beatriz Pérez, comparte la necesidad de difundir el vino de Cangas en la propia región: «Promocionarlo en casa es lo primero, debe resaltarse que es un producto 100% asturiano y sería muy positivo que se sirviese en cualquier brindis institucional». La prioridad de la DOP en este momento, sin embargo, en cuanto a respaldo de las instituciones asturianas, se centra en las limitaciones para nuevos cultivos que establece la normativa europea desde hace dos años, marcando un cupo de crecimiento anual de un 1% para todas las denominaciones, sin distinguir a las que están asentadas de las emergentes como la canguesa: «Estamos trabajando con la Consejería para que se valore nuestra especificidad, ahora que logramos convencer a la gente para nuevas plantaciones no puede ser que si pedimos una hectárea y media nos concedan solo media».

Antonio Álvarez, ‘Antón Chicote’, sostiene en la finca La Galiana, de Limes, dos botellas de los tintos de Cangas que elabora.
Antonio Álvarez, ‘Antón Chicote’, sostiene en la finca La Galiana, de Limes, dos botellas de los tintos de Cangas que elabora.

Es una inquietud que comparten las bodegas canguesas, como expresa el responsable de una de las primeras en trabajar por la DOP, Víctor Chacón, de Buelta Chacón: «No tiene sentido hablar de expectativas para el medio rural y que no se permita plantar a quienes se quieren quedar aquí», argumenta, al tiempo que reconoce las dificultades de la propia administración autonómica para negociar con el Ministerio en Madrid: «La capacidad de influencia del Principado es muy pequeña en comparación con otras comunidades como La Rioja, La Mancha, etc». La limitación de nuevas plantaciones «es una dificultad añadida para nuestro vino», sostiene Chacón, cuya bodega ha sido la más afectada por la granizada de agosto, llegando a perder toda la cosecha y para quien el Gobierno regional debería «apoyar sobre todo a las bodegas que apostamos por la DOP desde un principio con mucho esfuerzo, antes que a las nuevas o a quien pueda permitirse invertir aquí para ver el retorno en veinte años».

Carlos Ron, gerente de Vitheras, la última bodega en incorporarse a la Denominación, considera que el momento actual requiere colaboración entre los elaboradores: En su opinión el reto del caldo de Cangas pasa «por conseguir una calidad superior» y apostar especialmente «por el vino blanco que tiene un gran potencial, no digo que no se puedan elaborar otros caldos buenos, pero en el caso del tinto la competencia es brutal. Estoy convencido que nuestro caballo de batalla es el vino blanco», sostiene.

La vendimia ha llegado a los bancales de montaña del suroccidente y su cosecha nos descubre un año más la singularidad de unos frutos en los que las cinco bodegas de la DOP han invertido sus esperanzas de futuro. El presente nos ofrece ya el privilegio de saborear uno de los mayores tesoros de nuestra tierra. Fuera ya lo han descubierto.

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