«Incluso con Trump, Estados Unidos sigue abierto a científicos extranjeros»

La bioquímica asturiana Margarita Salas en el salón de su domicilio de Madrid donde recibió a EL COMERCIO. / IÑAKI MARTÍNEZ / NEWSPHOTOPRESS
La bioquímica asturiana Margarita Salas en el salón de su domicilio de Madrid donde recibió a EL COMERCIO. / IÑAKI MARTÍNEZ / NEWSPHOTOPRESS

«Para lograr la igualdad, la sociedad y el hombre deben cambiar. Solo la mujer puede tener hijos, de acuerdo, pero ellos pueden cuidarlos» Margarita Salas Marquesa de Canero, científica y profesora 'ad honorem' del CSIC

CHELO TUYA GIJÓN.

No es fácil entrevistar a Margarita Salas (Canero, 1938). No porque la marquesa de Canero ponga pegas o su carácter complique la conversación. La dificultad llega de su agenda. Su cita diaria como bioquímica con el laboratorio del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), así como su asistencia a las reuniones de las academias de la Lengua o de las Ciencias, unido a las charlas, ponencias o cursos que dirige, hacen casi imposible encontrar tiempo para charlar. Y eso pese a que tiene mucho que decir. Como que España sigue sin invertir en ciencia y sin dar a la mujer el lugar que le corresponde. O que haber sido discípula del premio Nobel Severo Ochoa y esposa del 'padre' del freno a la peste porcina Eladio Viñuela no achica que ella es la descubridora de una proteína, la ADN polimerasa del Phi 29, que ha procurado al CSIC el mayor volumen de regalías. Un discurso y un ritmo que mantendrá, promete, incluso después de noviembre, cuando cumpla 80 años.

-Dice que acude a diario al laboratorio a trabajar. ¿Postureo?

-(Risas) No, es que me gusta mucho. Antes estaba todo el día, pero desde hace unos meses lo que hago es ir por la mañana. Por las tardes siempre tengo alguna actividad de la academia, la de la Lengua o la de Ciencias, u otros compromisos.

LAS FRASES«Eladio Viñuela siempre creyó en mí. Nunca ejerció de marido-propietario, era un marido-compañero» «España sigue a la cola en inversión para investigar. Muchos deben marcharse y, luego, no pueden volver»«Desde la ciencia no se puede explicar lo que ocurre en Cataluña ni si hay vida tras la muerte» «Sería un honor para mí recibir el Premio Princesa de Asturias, pero no me lo quieren dar» «Me llevo bien con Arturo Pérez Reverte. Creo que no es machista y que la RAE trata de no serlo»

-Cuentan que se enfadaba con sus doctorandos, porque usted se iba más tarde que ellos.

-(Sonríe) Sí, a veces me he ido más tarde que ellos. Es que a mí lo que más me gusta es estar trabajando.

-¿En qué está centrada ahora?

-Sigo trabajando sobre un virus bacteriano, el bacteriófago Phi 29.

-¿Hay mucho que descubrir aún?

-Bueno, espero que sí.

-Lo digo porque de sus trabajos sobre ese virus ya salió la patente más rentable para el CSIC.

-Hasta 2009, cuando expiró la patente, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, su propietario, recibía por ella el 50% de las regalías que recibía por todas.

-En lenguaje práctico, ¿qué significó su descubrimiento?

-Es una ADN polimerasa que se usa para amplificar el ADN. Con cantidades muy pequeñas de ADN se pueden producir millones de copias.

-Cada vez que vemos series como CSI analizando pequeñas muestras de ADN, ¿vemos su Phi 29?

-(Risas) No lo sé si utilizan la mía, pero con esa ADN polimerasa, partiendo de una molécula de ADN se pueden producir muchas más y así caracterizar e identificar el ADN.

-¿Se aplica en el campo policial?

-Sí. Y en el de la genética y seguimos trabajando para que tenga más.

-¿Ha copiado ya su ADN?

-(Risas) No, no. Posible sería, pero no tengo interés en hacerlo.

-¿Y en clonarse?

-(Risas) Tampoco.

-¿El genio está en el ADN?

-Parece probado que el 50% de lo que somos viene en nuestro ADN. El otro 50% lo somos por ambiente.

-Su padre, Severo Ochoa y su marido ¿son claves en ese 50% del ambiente de Margarita Salas?

-Sí, son esos tres, no se equivoca.

-¿Hay algún orden?

-Bueno, cada uno ha contribuido de un modo distinto. Mi padre, porque tenía muy claro que sus hijas, tanto mi hermana como yo, íbamos a hacer una carrera universitaria, en igualdad con mi hermano. No hubo discriminación por ser mujeres. Severo Ochoa, porque me enseñó no solo la biología molecular, sino también su rigor experimental, su dedicación y su entusiasmo por la investigación. Y mi marido (se emociona) porque siempre me apoyó. Gracias a él llegué a ser lo que soy.

-¿Su marido fue feminista?

-Sí. El creía en mí.

-En el momento de su boda, en 1963, la legislación española le daba a él todo el poder.

-En esa época el marido siempre tenía que firmar para cuestiones de bancos y legales, pero en la realidad él no ejercía de marido-propietario, era un marido-compañero.

-Pese a ser una científica reconocida, ¿necesitaba la firma marital?

-Las cuestiones legales eran iguales para todos.

-Se fueron juntos a investigar a Nueva York, impulsados por Severo Ochoa. ¿No se arrepintieron de dejar su laboratorio neoyorkino para volver a la España de 1967?

-La vuelta fue difícil, pero nosotros pudimos hacerlo gracias a una ayuda que trajimos de Estados Unidos. Sin aquella financiación, que estoy segura Severo Ochoa ayudó muchísimo a lograr, no hubiésemos podido trabajar en España. En 1967 aquí no había financiación para hacer investigación. Con aquel dinero pudimos trabajar durante cinco años.

-¿El nivel de ayudas sigue siendo paupérrimo hoy como ayer?

-En 1967 no es que fuera paupérrimo, es que, directamente, no había dinero para la investigación. Ahora ya se investiga con dinero español, pero las ayudas con muy escasas. Realmente en España estamos a la cola de la Unión Europea respecto al porcentaje que se dedica a investigación. Aquí es el 1,2% del PIB, cuando la media europea es el 2%, estamos muy a la cola.

«Hacemos milagros»

-¿Usted ha escuchado muchas veces si no que inventen, sí 'que investiguen ellos'?

-No, realmente no. No sé si había interés en la investigación, lo que sí sé es que no había ayudas.

-Esos doctorandos que se iban antes que usted ¿llegan a fin de mes?

-La situación para los jóvenes es difícil. Ahora ya no son becas, son contratos que están razonablemente bien. Lo único es que eso se acaba y muchos, cuando acaban la tesis doctoral, salen al extranjero, que es conveniente. El problema es la vuelta, porque no hay empleos y poco dinero para investigar. Es muy difícil que los doctorandos españoles que salen fuera vuelvan a España.

-¿Los Viñuela y Salas de 2018 podrían volver de Nueva York?

-Pues mire, no lo sé (risas). Hay gente que ha vuelto, tengo muchísimos alumnos que han salido y han vuelto a España con mucho éxito.

-Y ¿ los Viñuela y Salas de 2018 se podrían haber ido al Estados Unidos de Trump?

-Todo lo bueno que les llega en investigación están dispuestos a recibirlo. Los científicos de otros países siguen siendo bienvenidos en los Estados Unidos de Trump.

-La diferencia entre la investigación estadounidense y la española ¿tan abismal como hace 50 años?

-Sigo viajando a Estados Unidos habitualmente y puedo decir que las diferencias no son tan abismales. En España se hace muy buena investigación. Pese al poco dinero que tenemos nos podemos comparar con la que se hace en Estados Unidos o en el resto de Europa. Lo que pasa es que tenemos menos medios.

-¿Eso tiene más mérito?

-(Risas) Siempre digo que hacemos milagros. Con más presupuesto, muchos de los que se fueron podrían volver del extranjero.

-¿Y el papel de la mujer?

-Hay más mujeres que hombres empezando la tesis doctoral en nuestros laboratorios. Espero que todas sigan adelante. Creo que en un futuro no demasiado lejano la mujer ocupará en el mundo científico el puesto que le corresponde de acuerdo con su capacidad y su trabajo. El que le corresponde, insisto, porque la mujer está ahora en todos los ámbitos, pero aún falta que ocupe en igualdad con los hombres escalas superiores de responsabilidad.

-¿Por ejemplo?

-En catedráticas de universidad, todavía tenemos un porcentaje muy bajo. O rectoras. Desde hace unos meses tenemos la primera presidenta del CSIC. Se van escalando posiciones, pero ahora todavía estamos por debajo.

-¿Le sorprendió el 8M?

-Creo que fue algo muy positivo.

-¿En 2018 todavía tenemos que salir masivamente a la calle para reclamar la igualdad?

-Sí, lo que espero es que en un futuro no muy lejano no tengamos que celebrar el Día de la Mujer.

«Me discriminan por la edad»

-Fue usted «una mujer rara», según palabras suyas.

-Sí, es que en la época en la que yo tuve a mi hija, en 1975, no era normal ser madre por primera vez los 37 años. Ahora es lo más habitual.

-Como habitual es que la mujer siga cargando con la maternidad.

-Sí, todavía sí.

-¿Eso no hay modificación en el ADN que lo pueda cambiar?

-(Risas) Más que de ADN, lo que deben cambiar para lograr la igualdad son la sociedad y el hombre. Las mujeres somos las que tenemos los hijos, de acuerdo, pero ellos pueden cuidarlos.

-Las actrices dicen que, cuando envejecen, no las llaman. ¿A las científicas les pasas igual?

-A las personas mayores no se nos considera, se piensa que ya valemos menos que si fuésemos jóvenes. De joven me discriminaron por mujer, ahora lo hacen por la edad.

-¿Cómo?

-Son pequeñas cosas que te hacen ver que ya estás 'jubilada' de la vida. Por ejemplo, te ponen trabas burocráticas al solicitar un proyecto.

-Desde que está jubilada ¿que ha aportado desde su laboratorio?

-Sigo trabajando y publicando lo mismo que antes de estar jubilada.

-No sea modesta.

-(Risas) Pues he seguido obteniendo resultados de mis investigaciones que si yo me hubiese jubilado, se habrían acabado.

-¿La ciencia puede lograr la inmortalidad?

-No es algo que se busque. Se dice que el cuerpo humano está preparado para vivir 120 años, pero lo importante es tener la calidad de vida adecuada para hacerlo.

-¿Se puede ser científica y creer?

-Se puede y lo respeto, pero yo no soy creyente. Creo que tras la muerte no hay nada.

-¿La ciencia puede explicar lo de Cataluña?

-(Risas) Ni la vida más allá ni eso.

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