«Hay que incorporar al sector privado en todos los programas culturales»

Plácido Arango, durante la entrevista en el Hotel Reconquista. / MARIO ROJAS
Plácido Arango Empresario astur-mexicano y Medalla de Oro del Principado

«Es un premio especial y emocionalmente de mucha importancia. En esta tierra están mis raíces, es la tierra de mis mayores»

GLORIA POMARADA OVIEDO.

Plácido Arango (Tampico, México, 1931) esconde sus grandes gestos en unas maneras discretas que rayan la timidez. Hombre de camino inverso, cruzó de vuelta ese Atlántico que atravesaron sus padres a principios de siglo para hacer las Américas. Él retornó para hacer las Españas en los años sesenta del pasado siglo y, en una época en la que la decoración se imponía al coleccionismo. Ha sido capaz de acercarse al arte como un objeto de mero deleite que trasciende al interés económico. Este año, Arango ha donado una treintena de obras de su colección particular al Museo de Bellas Artes y hoy recibe por ello la Medalla de Oro del Principado.

-Cruz de Isabel La Católica, al Mérito Civil, Medalla a las Bellas Artes y ahora de Asturias. ¿Es un premio especial?

-¿Cómo se sabe todo eso? (Risas). Es muy especial, no voy a establecer comparaciones porque no sería justo para los otros honores, pero esta es Asturias, la tierra en la que están todas mis raíces, es la tierra de mis mayores. Emocionalmente tiene mucha importancia, además me lo comunicó personalmente el presidente del Principado.

-¿Cómo se pasa de comprar un cuadro para decorar una pared a atesorar una colección de trescientas obras?

-Lo del cuadro para decorar una pared lo dije alguna vez pero no sé si lo repetiría otra. A partir del primer cuadro pueden pasar dos cosas, que se quede en un elemento decorativo más o que se despierte una afición. Tuve la suerte de empezar pronto y en unos tiempos en los que los precios de la pintura eran otros, pero nunca compré pensando en una inversión. Simplemente es una afición, una afición verdadera.

-Posee tantas obras de arte como establecimientos tienen sus cadenas de restauración solo en España. ¿Es tan diferente levantar un imperio empresarial de una colección artística?

-Como soy un hombre de negocios tengo un sentido de las proporciones y no es un imperio, es una buena empresa. Son dos empleos totalmente distintos, algunas veces pienso que si hubiese dedicado más tiempo a los negocios a lo mejor si sería un imperio, pero lo he dedicado también a la pintura.

-¿Se considera un coleccionista con un deber moral o un mecenas?

-Eso viene después, en los que estamos en el proceso de construir una colección, hablo por mí y no por los demás, existe un cierto egoísmo. Se está pensando en la obra y en el entorno de uno, la parte del deber moral y de compartir pasa en una primera etapa por prestar. En mi caso, sí que considero que tengo un deber.

-El Ministerio de Cultura ponía justo hoy (por ayer) en marcha una unidad de asesoramiento para captar recursos culturales. ¿Qué peso debe tener la financiación privada en la cultura?

-Uno muy importante, en la filantropía y las donaciones que se practican sobre todo en los países anglosajones es tan o más importante el que solicita que el que da. Los movimientos de ese tipo me parecen muy positivos, la ayuda privada debe jugar un papel definitivo. Hay museos que están hechos a base de donaciones privadas, como el Metropolitan de Nueva York o el Prado mismo, que tiene un capítulo importante de donaciones antes de la mía. El Museo debe ser un factor más de la sociedad civil que de la parte pública.

-Las donaciones en cultura no suelen ser controvertidas, al contrario que en otros campos, como el caso de Amancio Ortega. ¿Por qué cree que ocurre?

-No fueron tantas las críticas proporcionalmente. Se le dio publicidad en los medios porque fue una cosa extraña, un señor que tiene esa generosidad. En esta cuestión nos acercamos al ridículo, no es algo raro el que da porque puede hacerlo.

-La ley de mecenazgo sigue sin llegar, ¿urge?

-Es necesaria y tiene que ser más generosa y más abierta, pero no tiene que ser fundamental. La filantropía tiene un campo muy extenso, no es solo pensando en la deducción de impuestos como se habla en Estados Unidos. Lo básico creo que debe ser el deseo de dar, de participar y de contribuir. Si además de eso hay alguna ventaja es un incentivo, pero no debe ser lo principal.

-¿Seguirá contribuyendo al Museo de Bellas Artes?

-Espero que sí, buscando siempre la oportunidad porque las donaciones son un juego de dos. Las piezas tienen que interesar al museo y complementar su colección, son las dos partes las que intervienen. El diálogo es permanente, me han hecho patrono de honor y espero tener una conexión más directa con la dirección. Veo que el director se va a ocupar de tenerla y si puedo ayudaré a contribuir con mi experiencia en el Prado y el Metropolitan, pero creo que el Bellas Artes esta en buenas manos. Habría que incorporar más al sector privado, no solo en el Bellas Artes, en todos los programas culturales. No es esperar a que vengan a ofrecerlo, hay que saber solicitarlo. Pedimos mal, al contrario que los sajones, eso hay que cambiarlo. Hay que conseguir y no esperar a que vengan a ofrecer.

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