La inestabilidad meteorológica premia a la hostelería y castiga al sector comercial

Una mujer, con paraguas y chubasquero, en la orilla de la gijonesa playa de San Lorenzo. / PETEIRO

De los cien euros diarios que se gasta el turista en Asturias, 80 se destinan sobre todo a gastronomía; a ropa y compras, solo 20

LORETO BARBÓN GIJÓN.

El inestable verano que está viviendo Asturias, en el que alterna bastantes más días de niebla y lluvia que de sol, no parece mermar las ganas del turismo por visitar la región. De hecho, el sector turístico ha desbordado todas las previsiones en el Principado con más de 9.700 reservas diarias desde enero, lo que supone un 9% si se lo compara con el primer semestre del año anterior. La hostelería inicia un mes de agosto con nueve de cada diez plazas reservadas, vaticinando un verano histórico. Y hablamos de 85.753 plazas disponibles, que incluyen hoteles, sector rural y campings. En esta radiografía turística, el vaivén meteorológico, en concreto, la falta de sol y calor que abunda por demás más allá de Pajares, no logra amedrentar al turista que elige Asturias.

Sin embargo, esa inestabilidad meteorológica no se vive de igual manera, ya que mientras que a los hosteleros no parece importarles en exceso que llueva en pleno julio y agosto, a los comerciantes, sí. La mayoría de los establecimientos hosteleros consultados por EL COMERCIO aseguran que observan un aumento importante de clientes cuando el sol se ausenta. A la hostelería es donde van a parar buena parte de los cien euros que el turista se gasta al día cuando viene al Principado. 80 euros se destinan principalmente a gastronomía, mientras que a ropa y otras compras bastante menos, entre 20 y 25 euros.

Más noticias

En el barrio gijonés de Cimavilla, por ejemplo, buena parte de los restaurantes y sidrerías aseguran que aumentan sus ingresos cuando llueve o está nublado. «La hostelería de esta zona gana cuando el tiempo no está de playa, porque la gente se anima a probar opciones gastronómicas», explica David Vega, encargado del Hotel Restaurante La Casona de Jovellanos. Una opinión que comparten la mayoría de sus compañeros de profesión, como Costel Tudor, propietario de la sidrería Casa Rober, quien asegura que su clientela crece cuando hay nubes porque «la gente no va a tomar el sol, sino cañas».

Los hay algo menos optimistas. «Creo que el turismo todavía no ha llegado a Gijón. Si los visitantes ya están aquí, buscan planes que no sean gastronómicos», valoró Yolanda Coalla, propietaria de la sidrería Casa Fede. De la misma opinión es el propietario de la sidrería El Diablicu, Julio Marcos, aunque con un matiz, «cuando llueve estamos llenos pero también hay días de sol en los que tenemos mucha gente. Es complicado porque tanto las personas como el tiempo son impredecibles».

En base a su experiencia, estos profesionales afirman que «las variables que determinan el funcionamiento de la hostelería son muy sensibles». Paco Colunga, propietario de la sidrería La Pumarada, en Oviedo, prefiere el mal tiempo porque «si está nublado la gente se queda en restaurantes. Si hace sol se van a la playa». Juanjo Cima, propietario del gastrobar Vinoteo y del bar Las Tablas del Campillín, opina igual que su compañero y dice que «el fin de semana es mejor que llueva para que la gente no escape a las playas y se quede aquí». Por su parte, la camarera del Café Bar Atocha en Cimavilla, Melisa Lima, cree que «el tiempo es «tan cambiante como la gente. Hay que vivir el día a día y prepararte para la lluvia o el sol indistintamente, sobretodo en el mundo en el que nos movemos los hosteleros».

Prendas de manga larga

Y si a mal tiempo, buena hostelería, no ocurre lo mismo con las tiendas de ropa. «En Asturias no hay verano y tampoco hace calor. La gente que viene a comprar busca prendas de manga larga, no tirantes. El problema es que los almacenes de los que nos surtimos solo tienen prendas de verano fabricadas pensando en el clima de Madrid. El norte tiene un verano diferente y, por tanto, necesita otro tipo de ropa. Las que tenemos no van acordes con las temperaturas ni el tiempo que tenemos aquí», argumenta Miriam Blanco, dependienta en el Vestidor de Angelina, en Gijón. Sus compañeros de profesión también comparten el mismo punto de vista, aunque afirman que, cuando no hace sol, la gente suele entrar más en las tiendas de ropa. «El turista que no se pone a tomar el sol es un cliente que viene a las tiendas y compra. Además, hemos vendido bastante durante estas rebajas, porque la gente viene buscando chollos», añadió Mar Pérez, encargada de Serra Moda.

A ella se suman Cristina Holguera y Bibiana Álvarez, de La buena Pepa, en Gijón. «Notamos que la segunda y tercera semanas de rebajas han ido mejor que la primera. No sabemos porqué realmente, pero estamos muy contentas, porque no suele ser al revés y, aunque parece que hay menos gente que otros años, compran más».

Los comerciantes de Oviedo se encuentran en una situación parecida pero notan un mayor número de clientes cuando no hace sol. «Los comercios de la capital tenemos más beneficios durante los días nublados. Los fines de semana, cuando son soleados, las tiendas se quedan desiertas», explica Marta Pérez presidenta de la Asociación de Comerciantes Autónomos de Oviedo (Adaco). Beatriz Martínez, comerciante en El Fontán, no se queja del tiempo porque vende «ropa de verano y productos de continuidad, aunque he escuchado a mis compañeros que está siendo el peor julio en años. Se vende poco, incluso en rebajas, y esta todo muy flojo».

Fotos

Vídeos