«Instituciones Penitenciarias reconoce que hubo un error y que algo se hizo mal»

Gonzalo Montoya, en el Hospital Central de Asturias, donde permaneció dos semanas.
Gonzalo Montoya, en el Hospital Central de Asturias, donde permaneció dos semanas. / E. C.

El abogado de Gonzalo Montoya, el preso que fue dado por muerto en Villabona, aplaude que se cambie el protocolo para certificar fallecimientos

MARCO MENÉNDEZ GIJÓN.

Que Instituciones Penitenciarias haya modificado el protocolo de certificación de fallecimientos en todas las cárceles españolas tiene repercusión en el caso de Gonzalo Montoya, el preso de Villabona que fue dado por muerto y 'resucitó' cuando se le iba a practicar la autopsia. Estas nuevas normas indican que lo sufrido por Montoya «ya valió para algo», explica su abogado Luis Tuero. Pero el letrado va más allá.

«Reconocen implícitamente que hubo un error» en la atención médica recibida por su defendido. De cualquier modo, en opinión de Tuero el actuar de Instituciones Penitenciarias «era algo que ya teníamos previsto». Eso sí, el mero cambio del protocolo «supone un reconocimiento tácito de que algo se hizo mal institucionalmente, a nivel orgánico, y no por una persona», explica el letrado.

Este nuevo protocolo, dado ayer a conocer por EL COMERCIO, exigirá un mayor rigor a los responsables médicos de los establecimientos penitenciarios a la hora de certificar una defunción. Es más, una de las obligaciones que tendrán es la de realizar un electrocardiograma o una monitorización en todos aquellos casos en los que el cuerpo se encuentro a una temperatura inferior a 34 grados. Lo que llama la atención es que todas las cárceles cuentan con aparatos para realizar estas funciones, pero no se utilizaba. Es más, Luis Tuero indicó que en caso de la cárcel de Villabona el electrocardiógrafo «es un aparato fijo, no móvil, pero también podían transportar a la persona para hacerle el electrocardiograma».

Se obliga a hacer un electrocardiograma o una monitorización a los cuerpos

Este nuevo protocolo pretende evitar que una severa hipotermia enmascare los signos vitales de una persona. El caso es que en terminadas circunstancias excepcionales pueden no ser suficientes los procedimientos habituales para establecer el diagnóstico de muerte. Por eso, según Instituciones Penitenciarias, «es conveniente establecer un procedimiento de actuación que asegure que no se puedan producir este tipo de errores», en clara referencia a lo ocurrido con Gonzalo Montoya. Es decir, la propia Administración del Estado reconoce que se trató de un error.

A partir de ahora, los facultativos de las prisiones deberán comprobar los signos negativos de vida, es decir, ausencia de pulsos periféricos y de latido cardiaco, ausencia de movimientos respiratorios, inconsciencia o falta de movimientos voluntarios y reflejos, ausencia de respuesta a estímulos dolorosos, presencia de pupilas en midriasis paralítica y presencia de cianosis. Pero ante un posible diagnóstico erróneo, el nuevo protocolo va más allá y también exige «obligatoriamente» un electrocardiograma o una monitorización.

Gonzalo Montoya fue dado por muerto a principios de enero y así lo certificaron dos médicos de la cárcel de Villabona y un tercero del Instituto de Medicina Legal. La Consejería de Presidencia e Instituciones Penitenciarias han abierto sendas investigaciones que aún están en curso. La primera medida adoptada ha sido la actualización del protocolo de certificación de los fallecimiento en todos los centros penitenciarios del país.

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