«Están intentando manchar la imagen de nuestro tío»

Fernando Álvarez, Lorena Allande y Julita Tamés, en Zardón. /ACEBAL
Fernando Álvarez, Lorena Allande y Julita Tamés, en Zardón. / ACEBAL

Una sobrina del difunto párroco de Tineo asegura que la familia desconocía la existencia de un supuesto hijo | Los parientes del cura, cuyos restos serán exhumados este mes para hacerle la prueba de ADN, niegan que dejase una herencia millonaria

LUCÍA RAMOS CANGAS DE ONÍS.

«Nuestro tío Cándido era una persona maravillosa, que se desvivía por los demás y dejó un gran legado, y ahora parece que están intentando manchar su imagen». Quien así se expresaba ayer, en conversación con EL COMERCIO, es una sobrina del que fuera párroco de Tineo durante más de cuatro décadas, Cándido García Tomas, cuyos restos van a ser exhumados a mediados del presente mes por mandato judicial para poder llevar a cabo una prueba de ADN tras la reclamación de un hombre que asegura ser su hijo. Un supuesto vástago del que, aseveró la mujer, «la familia nunca supo absolutamente nada». «Es más, mi padre y Cándido tenían una relación muy estrecha, pues perdieron a su madre siendo pequeños y al ser los menores crecieron siempre unidos, y jamás le comentó nada parecido, pese a que se lo contaban absolutamente todo el uno al otro», agregó.

Por ese motivo, la aparición de este presunto hijo ha cogido a todos los familiares del sacerdote, natural de Busto-Vela -pequeña localidad de la parroquia de Zardón, en Cangas de Onís-, por sorpresa. «Íbamos a iniciar los trámites de la herencia cuando nos enteramos de la existencia de esta persona y estamos consternados», relató la sobrina del cura. Añadió, molesta, que «se están diciendo muchas cosas a la ligera, pues la herencia que dejó mi tío no es, ni mucho menos, millonaria. Es todo patrimonio familiar, pues al ser el último de los cinco hermanos fue quien recibió todo lo de los padres». «También quedaron para él los bienes de otro tío cura que teníamos, además de lo que ganó él con su trabajo, pues era una persona muy austera que apenas gastaba», indicó.

No obstante, recalcó, «mucho más que el dinero o los bienes», lo que les duele a ella y su familia es que «se esté perjudicando la imagen de alguien que no lo merece, pues toda la vida trabajó por y para la gente y quien lo conoce lo sabe bien». Criticó, además, que el presunto hijo no apareciese antes. «Tuvo tiempo de sobra para hacerlo antes de que mi tío falleciese y ahora va a obligar a que se exhumen sus restos, que es algo horrible. Bastante sufrió el pobre hombre como para que ahora no le dejen descansar en paz», lamentó.

Persona y cura «ejemplar»

Contaba la sobrina del párroco que el día de su funeral fueron «cientos» los feligreses y vecinos que se quisieron despedir de él y que «todos tenían palabras bonitas» en su memoria. Algo que confirmaron quienes le conocían desde que era un crío, cuando residía en Zardón, donde hoy reposan sus restos junto a los de sus padres y uno de sus hermanos. «Era una persona intachable. Yo, hasta que no lo demuestren las pruebas, no me creo que tenga un hijo. Nunca, jamás, se comentó nada parecido en la zona, y en sitios pequeños como éste, esas cosas se saben», indicaba Julita Tamés. Su marido, Fernando Álvarez, se mostraba igualmente sorprendido y recalcaba que «Cándido era una bellísima persona. Venía por aquí con frecuencia e incluso colaboró en las mejoras de la iglesia parroquial».

La joven Lorena Allande, quien se crió viendo al sacerdote y su familia visitar la parroquia, coincidía a la hora de señalar que «como hombre y como cura fue alguien ejemplar».

Por este motivo, todos ellos se mostraban de acuerdo en que, «si finalmente resultase ser cierto lo del hijo, no iba a cambiar nada. La imagen que tenemos de don Cándido seguirá siendo la misma, pase lo que pase», aseguraron.

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