«Si me invitan a participar en la Fade, no lo descarto, el proyecto me atrae»

Carlos Paniceres, junto a algunos de los vehículos de la flota de Transinsa.
Carlos Paniceres, junto a algunos de los vehículos de la flota de Transinsa. / MARIO ROJAS

Carlos Paniceres, consejero delegado de Transinsa, empresa de transporte sanitario: «Como realmente me siento es como un gestor de emociones, que, al final, es a lo que te dedicas cuando llevas una empresa de ambulancias»

LAURA FONSECA OVIEDO.

Nació en Priandi, en Nava, un pueblo de 200 habitantes al que vuelve cada vez que puede y en el que conserva a uno de sus mejores amigos de la infancia, Alain, su particular cable a tierra. Carlos Paniceres, a punto de cumplir 48 años (es del 28 de agosto, día de San Agustín, casualmente el hospital donde vino al mundo), lleva una de las mayores empresas concesionarias de transporte sanitario de España: Transinsa, donde gestiona 220 vehículos y más de 450 trabajadores. Peleón como su madre, Araceli Estrada -la primera mujer conductora de ambulancias-, e inquieto como su padre, Argentino Paniceres, -minero, taxista y germen de lo que es el servicio de ambulancias en Asturias-, Carlos Paniceres lleva ya 18 años al frente de este 'negocio' que se ocupa de dar más de mil servicios diarios en la región. Hiperactivo como el que más, su nombre suena como posible recambio de Pedro Luis Fernández al frente de la Federación Asturiana de Empresarios (Fade).

-¿A qué edad se subió por primera vez a una ambulancia?

PERFIL

Magisterio e Historia
Fue lo que estudió en sus años mozos, antes de entrar de lleno en el 'negocio' de las ambulancias que fundaron sus padres. Quería ser político y llegó a militar en el CDS, donde fue candidato a senador.
Familiar
Se siente muy orgulloso de sus hijas Carmen, de 18 años y estudiante de Medicina, y Celia, de 15, que empieza Bachillerato.
A la mar
A bordo de su pequeña lancha 'Arpa', que compró a medias con su suegro, el catedrático Juan Sebastián López-Arranz, le gusta salir a pescar.

-Debía de tener nueve años. Recuerdo que era el día de las primeras elecciones democráticas y a mi padre, que era taxista, le había tocado estar en la mesa electoral de Priandi, en Nava. Cuando acabó, sobre las diez de la noche, él, mi madre y mi hermano Ángel nos fuimos a Játiva a buscar la ambulancia que mis padres habían decidido comprar. Era la 3707P.

-¿Y ya nunca se bajó?

-Lo de las ambulancias lo mamé desde pequeño, casi sin darme cuenta. Para nosotros, tener la emisora en la cocina de casa las 24 horas del día era lo más normal del mundo. También que te 'picaran' a las dos de la madrugada por una urgencia o no poder marchar porque siempre tenía que quedar uno de guardia.

-¿Cómo le dio a sus padres por comprar una ambulancia?

-Mi padre es lo que ahora se llamaría emprendedor, un término que no me gusta mucho. No se estaba quieto. Fue albañil, minero; luego, con su coche, empezó a llevar a asturianos inmigrantes al extranjero... Al final, acabó de taxista en Nava, en una zona de muchos accidentes de tráfico en la que no había ambulancias. Los heridos se evacuaban en coche particular o en el taxi de mi padre.

-¿Y de ahí lo de tener una ambulancia propia?

-Sí. Mi padre se lo planteó a sus compañeros, pero nadie quiso. Fue a hablar con el alcalde y con algún médico, preguntó dónde se compraban ambulancias y le dijeron que en Játiva, y para allá fuimos. Luego, en 1982, creó la Asociación Asetra de ambulancias y, dentro de Asetra, el grupo de transporte sanitario.

-Su madre fue la primera mujer conductora de ambulancias. Le marcaron una impronta, ¿verdad?

-Siempre fueron muy trabajadores y muy echados 'pa'lante'. Aunque mi madre tenía carné de conducir, tuvo que sacar el de camiones. Para que no condujera sola de noche, mi hermano y yo íbamos con ella y cuando llegábamos a los pueblos aquello era un espectáculo. Eran zonas donde nunca habían visto una ambulancia y la gente se sorprendía, no solo por el vehículo, sino porque, además, lo condujera una mujer.

-¿Cuándo dejaron de ser las ambulancias una cosa de niño y se convirtieron en su profesión?

-Tardé algo de tiempo en centrarme en las ambulancias porque no lo tenía muy claro. Al que más le atrajo desde el principio fue a mi hermano Ángel, que ahora está en el consejo de dirección de Transinsa. Yo quería estudiar Ciencias Políticas, pero, como en casa no teníamos posibilidades, hice Magisterio primero y, luego, Historia.

-¿Era una especie de rebeldía?

-No sé si tanto, pero quería hacer otras cosas.

-¿Probar en política tal vez?

-(Risas). Es una etapa de la que no me avergüenzo ni tengo por qué esconder. Duró de 1988 a 1993. Con 18 años me afilié al CDS y cuando terminó aquella aventura dejé la política y ya no volví. Estuve también al frente de la Oficina del Defensor del Soldado y de Derechos Civiles.

-¿No se ve ahora en política?

-Nunca se puede decir nunca jamás, pero ya no me llama. Y eso que aquellos años fueron una experiencia vital que me marcó mucho. Conocí a Elena, mi mujer, y a mucha gente que me aportó muchísimo. Pero hubo un momento en el que pensé que no podía hacer de la política mi profesión y cuando surgió la posibilidad en 1997 de llevar Ambulancias Reunidas en Avilés, acepté.

-Dice que no se ve en política, ¿y al frente de la Fade?

-Sé que hay por ahí una rumorología que surgió de una conversación que tuve con un grupo de amigos sobre qué iba a pasar en la Fade una vez que Pedro Luis (Fernández) anunció que ya no se iba a presentar en el nuevo proceso. En esa charla, un buen amigo me dijo, «Carlos, ¿cómo no te planteas presentarte tú?». Surgió todo de ahí.

-¿Y qué le respondió a su amigo? ¿Se va a presentar a la Fade?

-Sinceramente, no tengo nada decidido. Personalmente, creo que la Fade debería estar liderada por un empresario del sector del metal, por la importancia que tiene para esta región. Dicho esto, imagino que en septiembre se abrirá un proceso de conversaciones. Si tenemos que estar echando una mano, estaremos donde nos sitúe el destino si realmente nos convence el proyecto.

-O sea, que no lo descarta.

-No tengo una ambición personal, sinceramente, pero, si me invitan a participar, no lo descarto. Es un proyecto que me atrae. No obstante, si hubiera esa posibilidad, tendría que hablarlo con mi casa, que es Asetra.

-¿Y se ve consejero de Sanidad?

-Calle, calle. ¡Qué va!

-¿Se siente más conductor de ambulancia o empresario?

-Siempre me atrajo más construir y dar forma a lo que ahora es la organización de Transinsa. En realidad, después de todo este tiempo, lo que me siento realmente es un gestor de emociones porque es a lo que te dedicas en estos servicios.

-¿Qué espera un paciente de un servicio de transporte sanitario, además, claro, de la rapidez?

-Pues espera un trato profesional, serenidad, un 'buenos días', una sonrisa. Eso era algo que mi madre, por ejemplo, tenía de forma innata, pero empatizar con el paciente es fundamental para los que nos dedicamos a este negocio.

-¿Alguna vez le tocó ir como paciente en ambulancia?

-(Piensa)... Sí.

-¿Cuándo?

-Cuando era pequeño, me atropelló un coche en las fiestas del pueblo. Mi madre me llevó con su 600 hasta Nava y de allí me trasladaron de mi casa hasta el hospital en ambulancia. Tenía trece años.

-¿Fue una señal?

-(Risas). Más bien un buen susto, porque quedé inconsciente.

-¿Cuántos de los mil servicios que hace Transinsa son realmente urgentes?

-Entre el 25% y el 30%.

-¿Sólo?

-Nuestra actividad principal son los traslados colectivos y en los últimos años, los servicios de geriátricos.

-¿La demanda ha crecido mucho?

-Ha crecido sobre todo de la mano de la población envejecida y, en especial, de los pacientes que requieren tratamiento de hemodiálisis.

-Su empresa es concesionaria de transporte sanitario del Servicio de Salud del Principado. ¿Le han afectado los recortes en sanidad?

-Hubo unos cinco años sin posibilidad de crecimiento, donde hubo mucho ajuste, pero ahora confiamos en poder reforzar Gijón, Oviedo y Avilés a partir de septiembre.

-¿Qué balance hace de estos 18 años, desde que llegó a Ambulancias Reunidas, pasó luego a la UTE y luego a Transinsa como empresa única?

-Muy positivo. Posiblemente, si no hubiéramos dado el paso, no estaríamos aquí. La UTE estaba agotada y pegamos el salto en 2005. Creo que no nos equivocamos porque, como dice un buen amigo mío, hay que tener siempre el reloj en hora.

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