Javier Fernández: «La duda es humana y los nacionalistas y populistas no dudan»

Desde la izquierda, la consejera María Jesús Álvarez, la diputada Carmen García de la Mata, el consejero Isaac Pola, Gustavo Suárez Pertierra, el alcalde Ignacio Escribano; los homenajeados Plácido Arango, Javier Fernández e Ignacio Vidau; Juan Luis Álvarez del Busto y otros integrantes de la Asociación de Amigos de Cudillero. / DAMIÁN ARIENZA

El empresario Plácido Arango y el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias recogen la insignia de los Amigos de Cudillero | El presidente habla por primera vez en público de su retirada; sopesa apuntarse a una ONG

RAMÓN MUÑIZ CUDILLERO.

Mucho le han cambiado las cosas al presidente Javier Fernández desde que en marzo la Asociación de Amigos de Cudillero decidiera concederle una de las tres Amuravelas de Oro de este año como premio a su «discurso conciliador». Ese estilo le tenía de presidente de la gestora del PSOE, rienda que ha tenido que entregar al único aspirante del que le separa un abismo. Tras diecisiete años como indiscutible secretario general de la FSA, la carrera por su sucesión se ha desatado, con un bando capaz de criticarle en público. IU, socio de investidura, dice que ha gastado ya «los cheques en blanco». En las últimas semanas tuvo que buscar de urgencia candidatos para cubrir la dimisión de dos consejeros.

Los sinsabores desfilaron ayer en el discurso con el que recibió la distinción, y que fue una loa al moderantismo, actitud que predispone al pacto con el adversario: «Ser moderado es saber que la política es un aprendizaje de la decepción, porque está incapacitado para ella quien no haya aprendido a dar por bueno lo que no le satisface plenamente. No puede ser moderado ni el político de las reivindicaciones absolutas, ni el que piensa que su interés se formula contra otros». Fernández encuentra en la política actual una hostilidad que le recuerda a la sufrida por Manuel Azaña. «No se trata, afortunadamente, de que otra vez a media España le sobre la otra mitad, sino que la dialéctica amigo-enemigo parece convertirse de nuevo en el eje capital».

Esa polarización dificulta todo diálogo y «aumenta en la misma proporción en la que disminuye la calidad del debate», lamentó. «Hoy ni siquiera se injuria con buen gusto, quizás porque el insulto parlamentario, uno de los géneros más exigentes, requiere dosis de tacto y refinamiento intelectual de los que carece la actual clase política». Para Fernández, ésta es una época en la que «a los mejores les falta convicción y a los peores les sobra apasionamiento», lo que deriva en una suerte de «democracia sentimental, donde se imponen quienes confunden las realidades sociales con las redes sociales».

«Créanme, yo siempre tengo dudas», confió el jefe del Ejecutivo regional. «Al fin y al cabo, la duda es una actitud plenamente humana. En la política española ocurre al revés, los populistas no dudan», situó. «Los nacionalistas tampoco, ahí siguen con sus naciones, sus soberanías, sus referendos y demás entelequias metafísicas, ese lenguaje mítico con el que preparan las tisanas que nos marean con sus vapores», describió. Fernández reclamó utilizar la duda y la palabra «ante la tensión independentista, ante la falta de consensos básicos». A nivel nacional, apostó por un pacto por la educación y la reforma de la Constitución. En Asturias, señaló que el declive demográfico, la lucha contra la corrupción y el área metropolitana exigen «un plus de responsabilidad, y ese plus nos obliga a quitarnos la escafandra de nuestras convicciones absolutas para favorecer el interés general. Pregunto: ¿a quién le sobra el diálogo en Asturias?».

Fue uno de sus discursos más personales, y el primero en el que, por primera vez, habló públicamente sobre su futuro al acabar la legislatura. Entre las dudas para entonces «les confieso que una de ellas es si, dentro de dos años, cuando me retire de la vida pública, me adscribiré a una determinada ONG». Anhela en ella la «responsabilidad desinteresada» y el altruismo. «Esa concentración tiene que generar una gran paz interior. Tengo dudas de si lo haré, lo que no dudo es que siempre militaré, como Camus, en el partido de los que no están seguros de tener razón».

Gustavo Suárez Pertierra, exministro de Educación y de Defensa, presentó al premiado, de quien destacó su discreción. «Muchos la atribuyen a una timidez que le aleja de los focos mediáticos más de lo debido, pero es la antesala a la falta de ambición personal que caracteriza al personaje». Confió que en su día Fernández rechazó ser ministro con José Luis Rodríguez Zapatero, y que ahora hay quien le pide que se quede, cosa que rechaza por «su honradez intelectual y pensar que este es el momento de otros», según cree.

El mecenas asturmexicano Plácido Arango y el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) -por sus tres siglos de historia- fueron también distinguidos con sendas Amuravelas. El expresidente Pedro de Silva glosó la figura del primero, de quien aplaudió «su estilo, la elegancia en el gesto, pero sobre todo, los hechos». Solicitó la clonación de Arango «para mejorar la calidad de nuestras élites y tener una clase alta culta y digna de nuestro país». El homenajeado, por su parte, agradeció la insignia de «una tierra que me ha hecho hijo suyo, mis raíces todas están aquí y son demasiado profundas como para no sentir la vida por ella».

El presidente del TSJA, Ignacio Vidau, recogió el galardón en nombre de su equipo. «Todos los que servimos a la Justicia estamos acostumbrados a estar en un segundo plano y no resulta habitual que se nos entregue premio alguno», apreció. Leopoldo Tolivar Alias, presidente de la Academia de Jurisprudencia, señaló que sin la inicial audiencia la región habría carecido de «regente, y sin regente no habría regenta, una obra que ha generado no menos riqueza que muchas patentes».

El acto estuvo presentado por Carlos Rodríguez y en él participó Juan Luis Álvarez del Busto y Alfredo Canteli, presidente de la Asociación Amigos de Cudillero y secretario de su jurado, respectivamente. La política estuvo representada por el exministro José Luis Corcuera, el expresidente Vicente Álvarez Areces, el presidente de la Junta, Pedro Sanjurjo; los consejeros Isaac Pola y María Jesús Álvarez. Ramón García Cañal, Carmen García de la Mata y el alcalde de Cudillero, Ignacio Escribano, acudieron por el PP. Del Gobierno central estuvieron su delegado en Asturias, Gabino de Lorenzo, y el delegado del Ministerio de Defensa, Vicente Bravo Corchete. Del empresariado; Blas Herrero, Francisco Rodríguez García y Alfredo Martínez Cuervo, entre otros. Los periodistas José Luis Balbín, el subjefe de área de Política de EL COMERCIO, Daniel Fernández, y el humorista gráfico de este periódico Ernesto García del Castillo 'Neto' estaban entre los 400 invitados.

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