«Me hacéis más malo de lo que soy», se lamentaba ante sus vecinos

Javier Ledo. /D.S. FUENTE
Javier Ledo. / D.S. FUENTE

Sus parientes cierran filas y declinan comentar nada: «Bastante estamos sufriendo las dos familias»

R. M. NAVIA / COAÑA.

Se sabía señalado por muchos y eso le dolía. De naturaleza sociable y buenas palabras, Javier Ledo trataba de disipar la sombra que le perseguía. «Me hacéis más malo de lo que soy», le espetó a una de sus vecinas. «¿Cómo no lo vamos a hacer?», le recriminó ella.

Cuesta encontrar estos días alguien que defienda al sospechoso. Sus parientes más cercanos se muestran saturados por la impresión de lo sucedido. No quieren hablar y lo justifican: «Bastante estamos sufriendo las dos familias».

Cuesta, pero también hay quien dé la cara. Es el caso de Luis 'de Villacondide'. «Ponlo así, que es así como me conocen todos», solicita. Fue al colegio con Ledo pero le perdió la pista durante tres décadas. En 2017 se lo encontró echando una mano en otra finca. «Está sin trabajo, si quieres llámale también y así le ayudas», le solicitó el propietario del terreno. «Lo hice cuando tenía mucho trabajo, y no tengo queja ninguna; si podía venir, venía y trabajaba durísimo», señala. «Sé lo que dicen de él, pero ni me lo creo ni me dejo de creer», concreta. El empleador gustaba de terminar esas peonadas con la leña, la siega, el maizal o las patatas, invitándole a cenar o comer en su propia casa. «No probaba alcohol cuando estaba con nosotros», destaca.

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Luis admite que su compañero de faenas era en ocasiones fanfarrón, y que hay algún detalle que contó en sus entrevistas ante los medios de comunicación que no son como dijo. «A mí no me robó nada», avanza, sin que se le pregunte por ello. Es consciente de los rumores pero prefiere basarse en lo que ha visto y alejarse de las habladurías: «Mientras no se demuestre lo contrario, seguiré pensando que es muy trabajador. Él me pedía en ocasiones herramientas para trabajar en su casa y siempre me las devolvió en perfecto estado». Hablar con él permite cuestionar parte de los rumores, por ejemplo. Hay quien habla de Ledo como hurtador de leña porque «no tiene monte». «¿Ves? Eso es mentira, su familia tiene cuatro hectáreas, yo estuve allí», opone Luis.

La cercanía le permitió atisbar algunas de las dificultades que pasó el coañés. «Durante un tiempo tenía que ir todas las semanas a Gijón, porque tenía juicios con su mujer por el niño, decía. A mí me daba mucha pena. El abogado de ella incluso le pedía cárcel». De prosperar, sería el segundo Teiceyos en prisión.

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