Cuando ellas son las jefas

Margarita Blanco Holscher, Carolina Rodríguez, Irene Pérez, Socorro Suárez Lafuente, María del Carmen Pérez Ríu, Alejandra Moreno Álvarez y Jimena Escudero Pérez, integrantes del grupo de investigación Literatura, Identidad y Traducción Cultural. / UNIVERSIDAD DE OVIEDO
Margarita Blanco Holscher, Carolina Rodríguez, Irene Pérez, Socorro Suárez Lafuente, María del Carmen Pérez Ríu, Alejandra Moreno Álvarez y Jimena Escudero Pérez, integrantes del grupo de investigación Literatura, Identidad y Traducción Cultural. / UNIVERSIDAD DE OVIEDO

49 de los 165 grupos de investigación de la Universidad están liderados por mujeres | «Esta es una profesión dura. Tardas mucho en formarte y en lograr una posición laboral y económica estable, pero siempre merece la pena»

Laura Mayordomo
LAURA MAYORDOMOGijón

En el equipo de investigación que dirige Ana Coto, el de Respuesta celular al estrés oxidativo, hay mayoría de mujeres. También en el de Literatura, Identidad y Traducción Cultural que lidera Socorro Suárez Lafuente, o en el de Derecho Tributario y Financiero, que tiene a Isabel García-Ovies como principal investigadora. Son solo tres de las 49 mujeres que, en la Universidad de Oviedo, están al frente de un grupo de investigación (el 30% del total). Un ejemplo que la institución académica quiere que prenda en las nuevas generaciones para propiciar vocaciones científicas entre las más jóvenes. Como las que ya en el instituto surgieron en Yaiza Potes y Andrea Díaz, integradas desde hace seis y tres años, respectivamente, en el equipo de investigación biomédica de Ana Coto. Ellas representan una nueva generación. La que, según su 'jefa', «no tiene que demostrar que se toma en serio la investigación» porque eso «ya se le supone».

La de Alejandra Moreno, dedicada a la investigación desde 2003, puede impartir docencia en el Máster de Género y Diversidad y Máster Erasmus Mundus de las Mujeres y de Género gracias a unas maestras -como Socorro Suárez Lafuente, «madre académica de muchas de nosotras»- que «tuvieron que batirse el cobre» para impulsar los estudios de Doctorado de la Mujer, «algo por lo que les estaremos eternamente agradecidas». No obstante, aún hoy tienen que seguir defendiendo el carácter científico de su investigación y que intentar por todos los medios sortear el principal escollo en el desarrollo de sus trabajos: el de la financiación. «Trabajamos en numerosas ocasiones 'gratis et amore'. En nuestro grupo de investigación llevamos años solicitando un proyecto I+D+i sobre la Deconstrucción del amor romántico, algo que consideramos muy necesario para favorecer el empoderamiento individual de las personas, fomentar los buenos tratos y promover valores de ciudadanía igualitaria, entre otros muchos objetivos, pero siempre hay un pero a nuestra solicitud».

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También ejemplo femenino fue para Isabel García-Ovies y sus compañeras del grupo de investigación de Derecho Financiero y Tributario Manuela Fernández Junquera, jubilada recientemente. «Fue un modelo para nosotras», la alaba. En el «numeroso y cohesionado» grupo de investigación que ella dirigió durante años sigue habiendo representación femenina de cinco décadas consecutivas. De los años cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado. «Todas tenemos responsabilidades familiares, pero ella nos animó siempre a movernos en entornos científicos nacionales e internacionales y a estar presentes en todo aquello que se organizase en relación con nuestra materia», cuenta García-Ovies, con treinta y tres años de una labor investigadora que inició al finalizar sus estudios precisamente animada por la propia Fernández Junquera.

Para su sucesora al frente del grupo de investigación no ha habido muchos obstáculos que salvar en todo este tiempo. No al menos en el seno de la Universidad, dice, pero «sí sigue habiéndolos en otros ámbitos de la sociedad y todavía la vida se nos hace bastante más difícil que a los hombres». Por eso defiende la importancia de que se valore adecuadamente el trabajo y el esfuerzo de la mujer y confía en que «el panorama vaya cambiando, y no porque lo impongan las normas sino como expresión de que las mujeres van alcanzando determinados puestos y responsabilidades».

La difícil conciliación

«Yo he estado viviendo en Dinamarca, en Estados Unidos y en Alemania. He tenido que conseguir los contratos internacionales, aprender a trabajar en otros laboratorios, aprender idiomas y adaptarme a otros tipos de vida... Al volver a España, tuve que volver a adaptarme a vivir aquí y, sobre todo en el momento en que fui madre, a tratar de llevar a cabo una conciliación familiar lo más adecuada posible para mis hijos, que es lo mas difícil si quieres seguir manteniendo el ritmo laboral». Ana Coto siempre quiso ser científica y trabajar en biomedicina. «Colaborar en descubrir las causas de las enfermedades y la evolución de la vida humana ha sido y sigue siendo una de mis mayores satisfacciones», reconoce veintisiete años después de iniciar su carrera investigadora. Si en algo se ha ganado terreno en todo este tiempo -«aunque aún hace falta avanzar mucho», subraya-, es en que «se acepta cada vez más que el hecho de ser madre no implica que vayas a dejarlo todo, sino que tu compromiso laboral es tan serio como el de cualquier hombre dedicado a la misma función».

Coincidiendo con el Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia -que la Asamblea General de Naciones Unidas decidió en 2015 que se conmemorase cada 11 de febrero - tiene claro su mensaje: «A las futuras investigadoras les diría que el hecho de ser mujer no les cerrará puertas. Aunque en ocasiones sean más difíciles de abrir por el hecho de ser mujer. La clave principal es el esfuerzo, pero también hay que ser muy pragmática».

Es el de Ana Coto un mensaje que también lleva aparejada una advertencia: «Ésta es una profesión dura, porque tardas mucho en formarte y en tener una posición laboral y económica estable, pero nuestra formación es muy demandada en todo el mundo. Siempre merece la pena», anima.

«Trabajar con decisión, determinación y creatividad, independientemente de que seas hombre o mujer, es esencial en la investigación», apunta Beatriz Caballero, profesora ayudante en su grupo de investigación. Un grupo en el que la mayoritaria presencia femenina no ha sido algo premeditado. «Yo no las seleccioné por ser mujeres sino por su formación», deja claro Ana Coto quien, no obstante, sí reconoce que «es cierto que en general ellas son más ordenadas y planificadoras».

Una política de cuotas

Alejandra Moreno presume de que el grupo de investigación al que pertenece, el de Literatura, Identidad y Traducción Cultural, «se caracteriza por la sororidad en la que creemos y de la que participamos todas y así da gusto trabajar. Crecemos como investigadoras y como personas». Defensora de «una política de cuotas que brinde igualdad de oportunidades» también ve la necesidad de contar con «una 'habitación propia' para investigar y no tener que dar explicaciones sobre si como mujer académica y madre me voy a investigar tres meses, por ejemplo, a otro país, dejando a la familia en casa».

Apasionada de la docencia y la investigación, confía en que llegue «el día en que no tengamos que celebrar un Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia porque hayamos alcanzado esa igualdad. Yo ya no lo veré pero si seguimos trabajando codo con codo puede que sí lo hagan otras generaciones futuras».

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