José Luis Iglesias Riopedre: «¿Por qué coño me metería yo a consejero?»

El abogado Sergio Herrero, acompañando a su cliente, José Luis Iglesias Riopedre. / ALEX PIÑA

El expolítico asegura vivir con 2.246 euros en la cuenta. La letrada de Otero denuncia el uso partidista «de algo tan serio como la libertad»

R. MUÑIZ OVIEDO.

La más condenada del 'caso Renedo', María Jesús Otero, «está al cargo de una hermana de 86 años, que tiene alzhéimer». Alfonso Carlos Sánchez, exdueño de APSA, «no tiene en absoluto ninguna conexión con el extranjero; creo que una vez fue a Londres a un concierto con su hijo». En los cinco años que José Carlos García lleva defendiendo a Marta Renedo «he estado con ellas en terrazas, y jamás he sentido que nadie la conozca o critique; aquí no hay alarma social, solo política».

El riesgo de que los protagonistas del 'caso Renedo' durmieran en prisión obligó a sus abogados a tirar de intimidades, humanizar al cliente. Había que completar el retrato. Lograr que los jueces fueran capaces de ver al padre esforzado que hay en ese supuesto delincuente.

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Para la ocasión, Sergio Herrero, el abogado del exconsejero José Luis Iglesias Riopedre, trajo certificados. El primero es de la cuenta bancaria de su cliente, con 1.046,22 euros. La que comparte con su esposa guarda 1.200 euros más. Un informe clínico con «sus múltiples dolencias» y otro de «sus más graves padecimientos» completaron el argumentario.

«Las resoluciones judiciales no las dicta ni el público, ni las redes sociales, ni la presión mediática», recordó Herrero, al tiempo que aventuró que cuando el Tribunal Supremo dicte la sentencia definitiva, el exconsejero «tendrá seguro más de 80 años». Resumiendo: «¿Alguien cree de verdad que José Luis tiene a dónde ir?».

La procesión va por fuera, en sus rostros insomnes. «Yo tenía miedo, cuando la fiscal dijo que no... menos mal», confía luego Iglesias Riopedre a Renedo. La funcionaria intenta espantar el susto bromeándole: «Con lo que tienes en la cuenta creo que te da para llegar a Zaragoza».

«Ojalá, ojalá tuviera dinero», replica el jubilado de zapatos desgastados. Para completar la pensión alquila habitaciones a dos estudiantes. «Me acuerdo de un cura amigo mío, estaba jodido en una residencia, y me decía 'ojalá hubieras robado y nos sacabas de aquí'». Llevan años compartiendo cruz, Renedo y Riopedre, y ahora distraen el tiempo, a la espera del veredicto. Él cuenta que ha escrito doscientas páginas de sus memorias, que solo lee novelas, Ken Follet y Almudena Grandes, pero sabe que el libro 'Renedo no es un caso. Corrupción en Asturias' está al salir y pregunta por su contenido.

Alguien le llama «consejero» y él se queda mirando al pasado. Hacía tiempo que no lo oía. Faltan minutos para que los magistrados desvelen si, finalmente, Podemos tiene razón y debe ir a prisión. «¿Por qué coño me metería a consejero? La última legislatura fue...». Y se marcha así, a ocupar el banquillo de los acusados. «Pudo haber errores, no digo que no los hubiera, pero esto de hoy es un rollo político», masculla. Cuando se sepan libres, Ana Muñiz, la letrada de Otero, no puede evitar el desahogo: «Utilizar algo tan serio como la libertad de una persona para sacar rédito político es muy grave».

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