La Iglesia asturiana atiende con solo 359 sacerdotes a 933 parroquias

La Iglesia asturiana atiende con solo 359 sacerdotes a 933 parroquias
Los seminaristas Arturo Matías, Alfonso López, Ángel Rubén Ramos, Jesús del Riego, Marcos Argüelles, Arturo Matías y John Steven Rivas, en el Seminario Metropolitano de Oviedo. / MARIO ROJAS

El Arzobispado concentra servicios y facilita que religiosas y hombres casados celebren bodas, bautizos y exequias ante la falta de vocaciones

R. MUÑIZ OVIEDO.

Steven Rivas tiene 20 años y se define como un «colombiano de Gijón» que desde pequeño «tenía inquietud para el sacerdocio». Ángel Rubén Rubio estaba en el instituto y su profesor de biología lo animó a acudir a unas convivencias vocacionales que le cambiaron la vida. «Cuando tuve las notas para ir a la Universidad, me di cuenta de que podía hacer Medicina y tenía una oferta para trabajar con Microsoft; decidí ir al seminario para ser médico del alma», relata.

El lunes se celebra el día del Padre pero también es el de los seminarios, motivo por el cual Steven y Ángel Rubio, como los otros 24 jóvenes que estudian en los tres centros asturianos que los preparan para el sacerdocio, irán recorriendo las parroquias de la región para compartir su experiencia.

La Iglesia católica anda falta de vocaciones, aunque hay motivos para la esperanza. «Desde hace diez años se mantiene el número de alumnos, aquí tenemos entre diez y catorce», detalla Sergio Martínez, rector del Metropolitano de Oviedo. Son alrededor de cuatro los que cada temporada quieren iniciar esta carrera de siete años basada en cuatro ejes: la formación intelectual, la pastoral para organizar las parroquias, la espiritual, y la de las habilidades humanas. Alrededor de un 20% de quienes lo intentan descubren, pronto, que ese no es su camino. La novedad en los últimos tiempos es la consolidación de las vocaciones tardías.

Alfonso López tiene 42 años y es ejemplo de ello. «Un tercio de los seminaristas pasamos de los 30 años», confía. Lo suyo fue gradual. Pasó por la universidad, se veía con mujer e hijos, pero no dejaba de ir a la iglesia y querer participar. Aprendiendo a ser catequista conoció a curas «llenos de sabiduría y caridad» y decidió seguir sus pasos.

El empeño de estos aprendices palia, pero no soluciona el desequilibrio de la diócesis asturiana, que cuenta con 359 sacerdotes para atender a 933 parroquias. Desde su llegada, el arzobispo Jesús Sanz Montes ha aplicado medidas para atender el asunto. «Como en la sanidad, estamos procurando concentrar servicios; si hay chicos de tres sitios distintos para hacer la comunión procuramos que sea en la misma parroquia, sin dejar a nadie desatendido», indica el rector. Además se ha importado la figura del diácono permanente, religiosos que pueden tener mujer e hijos, pero que tras formarse y ordenarse, quedan facultados a celebrar bautizos, bodas y exequias. No pueden confesar, ni dar la extremaunción, pero los cinco que ya hay en Asturias van liberando de trabajo a los sacerdotes. Parecido ocurre con las religiosas que, por ejemplo en Grado, celebran la palabra, dan cursos prematrimoniales y catequesis, entre otras funciones.

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