Juegos tradicionales frente a la nieve

Cangas del Narcea. Abel Pérez juega con un quad. /  D. S. F.
Cangas del Narcea. Abel Pérez juega con un quad. / D. S. F.

El temporal impidió a centenares de escolares de todo el suroccidente acudir a los colegios

DAVID SUÁREZ FUENTE OLGO (CANGAS DEL NARCEA).

La fuerte nevada que azota la región dejó a centenares de niños sin poder asistir al colegio en el suroccidente asturiano. Entre ellos Abel Pérez, un niño de cuatro años, vecino de Olgo, que en la jornada de ayer se quedaba en casa. «El transporte no pudo acceder por la cantidad de nieve», explicaba su madre, Vanesa Iglesias, quien intentó hacer la jornada del joven lo más entretenida posible.

Situación que no fue fácil, ya que «estuvimos toda la mañana sin luz», por eso, no pudo recurrir a la televisión o las nuevas tecnologías «recuperé juegos de cuando yo era pequeña», entre ellos puzzles, juegos de letras o el hundir los barcos. Pero el ingenio llegó mucho más lejos, «lo entretenía poniéndole a hacer cosas como recoger la mesa», explicó Iglesias asegurando que «está bien que ayuden en casa a la vez que aprenden».

Vanesa se mostró crítica con la desinformación del colegio de Obanca al que acude su hijo: «Hasta el mismo día no supimos si iba a haber clases», una situación similar que ya se dio con los incendios que asolaron el suroccidente hace unos meses y que obligó a suspender las clases en todos los centros educativos del concejo, «esto es falta de previsión», insiste. El joven niño, no solo compartió la jornada de juegos con su madre, si no que su abuela y bisabuela también estuvieron con el pequeño en la casa, e incluso el chiquillo pudo aprovechar la nieve para jugar con su padre y divertirse con el miniquad. Un día diferente que sirvió de encuentro intergeneracional, pero que «nos dificultó las tareas diarias», dijo su madre que pudo estar con él «porque estoy de baja, si no sería muy difícil conciliar».

La falta de luz en esta casa obligó a «quemar más madera», ya que los radiadores eléctricos no funcionaban y teníamos que mantener la casa caliente con la cocina de leña, de hecho el propio pequeño pasó gran parte de la mañana «con el abrigo puesto dentro de la casa», dijo su madre.

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