«Si me llego a jubilar, el servicio de traumatología se habría cerrado varios meses»

«Si me llego a jubilar, el servicio de traumatología se habría cerrado varios meses»
El jefe del servicio de traumatología del hospital de Cangas del Narcea, Rodolfo Abella. / BELÉN G. HIDALGO

Dos bajas dejaron la unidad del Hospital de Cangas del Narcea con solo tres médicos después de que Rodolfo Abella aceptara en septiembre seguir hasta los 67 años

L. MAYORDOMO GIJÓN.

Rodolfo Abella, jefe del servicio de traumatología del Hospital Carmen y Severo Ochoa de Cangas del Narcea desde 1986, cumplió 65 años el pasado mes de septiembre, pero ha decidido seguir en activo. En su decisión influyó sobre todo que «me lo pidieron mis compañeros», con los que presume de formar un equipo «muy bien constituido». La solicitud también llegó de la dirección del centro y de la del Servicio de Salud del Principado (Sespa). Ayudó, a su vez, que este facultativo se sintiera en plenas condiciones para continuar un tiempo más. Al menos, hasta los 67. Pero apenas unos años antes, reconoce, no lo hubiera hecho. En realidad, se llegó a plantear jubilarse anticipadamente.

Eran los tiempos en que al frente de la Consejería de Sanidad estaba el socialista Faustino Blanco, cuya gestión «provocó un desánimo total, un cabreo colectivo» entre los profesionales de la sanidad pública, recuerda. «Te daban ganas, incluso, de dejar la profesión». Él pensó en hacerlo llegados los 63, pero cambió de parecer al producirse el relevo en el departamento que ahora dirige Francisco del Busto, al que reconoce «mucho más sentido común» y «otra sensibilidad» para con los médicos. Es de la opinión que, en ausencia de facultativos que favorezcan el relevo, hay que aprovechar la experiencia de los profesionales que quieran continuar con la actividad más allá de los 65 años. Sobre todo en casos de hospitales comarcales, como el de Cangas del Narcea, donde cubrir puestos en una especialidad deficitaria como es la de traumatología, resulta «todavía más difícil».

El aplazamiento de su edad de retiro, reconoce, «vino muy bien» porque justo en estos últimos meses, dos de los cinco traumatólogos del Hospital Carmen y Severo Ocho sufrieron bajas de larga duración. La segunda coincidió, además, con que otro especialista se encontraba de vacaciones, así que durante una semana, el servicio fue atendido únicamente por el doctor Abella y otro compañero. Aún así «se cubrió toda la actividad asistencial, sin suspender nada». Ya con tres traumatólogos, «estuvimos durante cinco meses haciendo jornadas laborales que la Unión Europea prohíbe», reconoce. Con ese panorama, no le cabe duda de que «de haberme jubilado yo, en Cangas del Narcea se habría cerrado el servicio varios meses». Si no ocurrió, destaca, «fue por el compromiso» de los profesionales de esta unidad.

Seis guardias

No descarta, una vez llegados los 67, mantener una actividad reducida hasta los 70 años «si me siento como ahora». Esa es la condición que les puso a sus compañeros, el seguir al pie del cañón «mientras me encuentre bien», porque lo que no quiere, dice, es cargar sobre sus hombros el peso de las seis guardias mensuales que en la actualidad sigue realizando al mes. En su caso, en la decisión de continuar no pesaron motivos económicos, pero entiende que haya compañeros que alarguen su vida profesional por esta razón. A él le motivó sobre todo el que el suyo sea «un servicio estable, con un equipo bien coordinado y con mucha complicidad». Eso, destaca «es impagable».

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