«Soy trabajadora sexual, una mujer autónoma, no una víctima»

Lucía Fernández, en el aula magna de la Facultad de Derecho, antes de la conferencia. / ALEX PIÑA

La estudiante Lucía Fernández cerró, ante una sala repleta, las jornadas de la Universidad sobre 'Prostitución, derechos y vulnerabilidad'

Cecilia Pérez
CECILIA PÉREZ

«Voy a empezar fuerte» y nadie en el aula magna de la Facultad de Derecho de Oviedo lo puso en duda. La controversia la precedía y el morbo, no se puede negar, también. Lucía Fernández, la joven de 26 años que reconoció abiertamente y sin tapujos dedicarse a la prostitución como «un trabajo más», fue la auténtica protagonista de las jornadas 'Prostitución, Derechos y Vulnerabilidad' organizadas por la facultad del campus del Cristo. Ayer se puso fin a dos días en los que el foco se dirigió al aspecto laboral y legislativo de esta actividad alegal, que no ilegal, como se insistió en las diferentes ponencias.

La más esperada, la de Lucía Fernández. «¡Está petado!», fue la frase que resumió el éxito de estas jornadas y que ofreció una segunda lectura que pronto se encargó de despejar esta trabajadora sexual y estudiante de Derecho (le quedan cinco asignaturas para finalizar el grado). «Mi objetivo es que las personas se formen un criterio certero porque a las prostitutas nos molesta que se hable de nosotras sin contar con nosotras», incidió Lucía Fernández.

Un acto de subversión

Ensu discurso apuntó directamente a la «guerra eterna» contra la concepción que la sociedad tiene de la prostitución pero también «contra las feministas radicales y los que abogan por abolirla». Abierta defensora de la prostitución como un trabajo profesional más, defendió la necesidad de regularizar esta actividad en el sentido de dotar a las trabajadoras sexuales de «una protección jurídico laboral» y no tanto como una legislación otorgada por el Estado en la que «se decida sobre cuáles tienen que ser los derechos laborales de estas personas».

Con todo, reconoció que «podría darme de alta como autónomos pero mi actividad laboral no está reconocida. No darme de alta supone un ejercicio de desobediencia civil».

Tiró de teorías como la defendida por Virgine Despentes en la que se plantea la prostitución como un sistema subversivo «cuando una mujer hace por dinero lo que otras hacen gratis», ejemplificó Fernández.

Puso ejemplos de otras prostitutas. Teléfono en mano, leyó varios mensajes de compañeras de profesión a las que en su día les preguntó abiertamente ¿qué es la prostitución?. «El trabajo sexual me genera empoderamiento», «para mí es ser una mujer autónoma, nunca una víctima», leyó ante el público.

Unas frases que para algunos de los asistentes reflejaron una visión «idealista» de la prostitución alejada de la realidad. «El hecho de ver que hay personas que hablan del trabajo sexual de manera abierta y normalizada supone la eliminación del estigma que vivimos todas los que nos dedicamos al trabajo sexual», se defendió. «Hay gente que reacciona bien, otra no tan bien, pierdes amistades o las puedes ganar y te das cuenta de quién te quiere por lo que eres y no por aquello a lo que te dedicas porque mi condición de trabajadora sexual no me define, ni me condiciona ni me supone un perjuicio mayor», señaló. Aunque sí reconoció que decidió dejar de acudir a la facultad de Derecho para evitar que su profesión le «perjudicase» en su desarrollo académico. «Partí de la premisa de que si voy a clase, probablemente los profesores se enteren de lo que estoy haciendo y me pueda perjudicar por el tema del estigma», confesó.

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