«Marta me hizo daño, pero la perdono»

Porrúa, tras testificar hace un año.
Porrúa, tras testificar hace un año. / D. A.

Una víctima de Renedo desiste de pedir su ingreso en prisión tras recibir la disculpa que pedía | Su madre murió pensando que era la hija quien movía dinero usurpándole el nombre. «Nunca busqué dinero o cárcel, solo una disculpa», explica

RAMÓN MUÑIZ OVIEDO.

La sentencia del 'caso Renedo' no lo resolvió todo. Cierto que condena a nueve años de prisión a la funcionaria Marta Renedo, y que entre sus fechorías, la Audiencia Provincial reconoció que había que contar con el padecimiento sufrido por la familia Porrúa. Su sufrimiento es «plenamente convincente», «siendo indudable» que su implicación en el asunto «les ha generado un daño moral», recoge el veredicto.

El relato de hechos confirma que como funcionaria, Renedo tuvo acceso al DNI de muchos ciudadanos, entre ellos, los que solicitaban ayudas a la dependencia. Así logró los datos de Severina Blanco, la identidad que utilizó para abrir una cuenta en Bankinter. Luego se las habría arreglado para que una serie de proveedores de su consejería hicieran pagos a esa libreta, creyendo que contrataban banners, esto es, anuncios por internet. Una vez confirmado que la triquiñuela funcionaba, empezó a utilizar el dinero. Primero compró una moto Yamaha. Luego, ropa.

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Las alertas saltaron en la Agencia Tributaria al cotejar la declaración de la renta de Severina con ese maná de euros que circulaba a su nombre. Empezaron a pedir explicaciones a una familia anonadada. La abuela necesitaba una silla de ruedas para moverse. ¿Cómo era posible que tuviera gastos en una moto? ¿O que grandes empresas aseguraran pagarle banners? Cuando trasladaron su confusión a la comisaría, el agente que les tomó declaración les dijo que aquello olía a que había un familiar implicado. Que mejor no dijeran nada en casa.

En el juicio, María Teresa rompió a llorar al recordarlo. Su madre, dijo, falleció sin saber quién la había metido en aquel lío. En la sentencia los jueces reconocen «la lógica angustia que hubo de suponer» aquello. La hija y su esposo solían hacer todos los papeleos de una abuela que «terminará dudando de ellos y que con ese pesar falleció». Eso es lo que viene sufriendo la testigo, lo que le reconoce la Audiencia Provincial y lo que no bastaba. Al conocer el veredicto, con la voz afectada, María Teresa se confesó: «Prefiero que Marta pida perdón a que vaya a prisión». La víctima confió su representación en el caso al despacho Pineda & Turrero. «Nunca busqué dinero o cárcel, solo una disculpa», explica.

El jueves la aludida dio el paso. Renedo telefoneó a quien la sentencia sitúa como su víctima, y se disculpó. «Me dijo que lo sentía mucho, que me pedía perdón por lo que había pasado, y que estaba allí para cualquier cosa que necesitase», confiaba ayer María Teresa, con la voz aliviada. Reconoce que llevaba mucho tiempo esperando esa conversación, que tenía muy pensado todo lo que quería decir. Que necesitaba desahogarse.

«Tenía un nudo en la garganta, pero le dije que por mi parte todo este calvario se podría haber evitado hace mucho tiempo si ella hubiera pedido perdón antes, que cómo le hubiera sentado a ella que le hicieran algo así a su madre», relata.

Un encuentro recordado

Hay un momento que Porrúa tiene clavado. Cuando la Policía empezó a hacer averiguaciones, en casa recibieron la llamada de una supuesta abogada. Quería arreglarlo todo, darles dinero para compensarlo. Se presentó en el domicilio para plantear una reunión. Severina, en el salón, veía la tele sin sospechar que la mujer que estaba en el recibidor era quien la había metido en el lío. «Si entonces se hubiera disculpado, nos habría quitado mucho dolor», dice la hija.

La funcionaria, adujo en esta conversación confirmada por su abogado, se excusó por no haberlo hecho el mismo día del juicio. «Había mucha gente, no podía», disculpó. María Teresa se define como «creyente, católica», algo que quizás explique su reacción: «Marta me hizo mucho daño, pero hace tiempo que la perdoné; necesitaba oírle decir que lo sentía, que no volvería a pasar. Ahora estoy más tranquila y sé que mi madre, desde donde esté, es feliz al verme más aliviada».

La víctima ha ordenado a su abogado, Antonio Pineda, que desista en pedir el encarcelamiento de la condenada: «No deseo nada malo para nadie; somos personas y todos nos equivocamos, lo importante es asumirlo y rectificar cuanto antes. Es lo que me enseñó mi madre y el ejemplo que yo intento darle a los hijos».

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