El Comercio

Interior de la capilla de Santiago en San Justo tras el robo.
Interior de la capilla de Santiago en San Justo tras el robo. / E. C.

«Las iglesias de la zona rural maliaya son presas fáciles para los ladrones»

  • Los párrocos afectados por los robos apuntan que los destrozos para entrar a los templos superan el valor de los efectos sustraídos

Los ladrones que en la madrugada del lunes asaltaron varias iglesias de Villaviciosa dejaron tras de sí un reguero de desperfectos que, poco a poco, las parroquias tendrán que reponer. Pero los robos en Quintes, Castiello de la Marina, San Justo, San Miguel de Arroes y Rozaes no han sido los únicos.

En la madrugada del pasado día 12, coincidiendo con las fiestas del Portal, la iglesia de San Juan Evangelista, en la parroquia de Camoca, se convirtió en la primera víctima. Los amigos de lo ajeno se llevaron consigo el dinero de los cepillos -poca cantidad, apuntan los vecinos- y causaron daños en la puerta de acceso al templo al forzarla, supuestamente, con una palanqueta.

Un modus operandi que repitieron el pasado jueves en la iglesia de Deva, en Gijón, y que dos semanas después ha puesto en alerta tanto a los párrocos como a los vecinos de la zona rural de Villaviciosa. «Creen que van a encontrar millones, pero la realidad es que hay poco que robar», apuntaba ayer Manuel Robles, sacerdote responsable de Castiello de la Marina y San Justo, dos de las parroquias afectadas. «Son hechos que resultan muy difíciles de controlar, la mayoría de las iglesias de la zona rural de Villaviciosa están solas y son presas fáciles», añadió. Los templos asaltados reúnen como característica común que están al lado de la carretera, por lo que tanto el acceso a los mismos como la huida son fáciles para los cacos. Es el caso de la capilla de Santiago, en San Justo, que se encuentra al pie de la vía principal y donde desvalijaron el cepillo. Sin embargo, la iglesia parroquial, mucho más alejada y con un acceso complicado, no sufrió ningún ataque.

Asimismo, Robles indicó que «son más los destrozos que causan al entrar que el valor de lo que se llevan» y puso como ejemplo la puerta de la iglesia de Castiello de la Marina, que habrá que cambiarla entera. «Es curioso que lo que abren no lo cierran», añadió el sacerdote, que se encontró con los armarios abiertos y revueltos.

Un testigo en Castiello

Precisamente en esa localidad se encuentra el único testigo de los asaltos. Un vecino que vive cerca de la iglesia escuchó ruidos en torno a las dos de la madrugada del lunes y comprobó que un hombre estaba forzando la puerta de la sacristía con una barra de hierro. También vio a otras dos personas en el exterior, pero a pesar de su llamada de alerta a la Guardia Civil cuando los agentes llegaron los ladrones habían revuelto los armarios, se habían llevado un reloj de pared del prebisterio, el dinero de los dos cepillos y el amplificador.

La megafonía, que había sido adquirida hace unos meses, fue también la principal pérdida en la iglesia de San Miguel de Arroes, donde además rompieron las puertas. Y en Rozaes intentaron llevarse el equipo de sonido, aunque solo lograron causar algunos desperfectos.

Los tres sacerdotes afectados por los asaltos -además de Manuel Robles, están Enrique Fernández y Maximino Canal- se pusieron ayer en contacto con la Guardia Civil y hoy continuarán con la tramitación de las correspondientes denuncias. «Es importante detallarlo todo para que los agentes puedan investigar», apuntó Robles.