El Comercio

Los lobos causan estragos en Muros

Los lobos causan estragos en Muros
  • Los ganaderos critican la pasividad de la administración y alertan de que esto irá a más. Los cánidos se pasean ya durante el día

Jabalís a la carrera por el centro de San Esteban de Pravia y lobos a pie de carretera en Muros. Imágenes que hasta hace poco podían quedarse en anécdotas, se han convertido en una rutina que hace temer lo peor a los ganaderos del Bajo Nalón. En apenas dos semanas, el lobo se ha cobrado catorce cabezas y ha sembrado de inquietud en núcleos rurales como Pontigo, Villar o La Pumariega, donde el miércoles los lobos mataron a cuatro ovejas. Ningún ganadero se siente a salvo de la amenaza. El campo y los animales son su medio de vida y estos ataques pueden ser sólo el principio de una larga temporada.

Estas catorce reses muertas pertenecen a familias que cuentan con el apoyo de todo un colectivo que ha comenzado a movilizarse para hacer oír su voz. Recientemente, la Asociación Agroganadera y Propietarios Forestales y Amantes de la Naturaleza convocaba una reunión en Pravia a la que asistió un centenar de personas. Entre otras, el concejal del Partido Popular en Muros de Nalón, Yónatan Martín, que ayer volvía a manifestar su apoyo a los ganaderos e informaba del registro de una moción en la que solicita la convocatoria urgente de un pleno extraordinario en el Ayuntamiento para instar a la Consejería de Agroganadería a adoptar medidas urgentes respecto al lobo y al jabalí.

Sostiene la petición por las pérdidas económicas sufridas por los ganaderos y solicita permiso para que los cazadores de la zona adiestren a sus perros para que obliguen al jabalí a alejarse monte arriba. «No es ni medio normal que el lobo ataque en zona costera y el jabalí se pasee por el núcleo urbano como si de su hábitat natural se tratase», explicó el concejal.

Lo mismo opina Edelmira Riesgo, a la que el lobo dejó sin cinco de sus seis cabras, cuatro de ellas preñadas. La única que queda está resguardada bajo el hórreo. «Pero cualquier día bajan de nuevo y saltan a por ella», concede con resignación. El pago por res muerta, que se tarda «un año y pico» en cobrar, no es ninguna solución porque lo único cierto a día de hoy es que a ella le queda un único ejemplar. «Esto nunca había pasado. ¿Pero dónde se vio que a las cinco menos cuarto de la tarde lleguen los lobos hasta El Árbol (el supermercado) y la gasolinera?», expresa con naturalidad.

Se refiere al último ataque, el registrado el miércoles en la finca de Asensio García Llera entre la N-632 y la comarcal hacia San Esteban. Los cánidos saltaron una valla de dos metros de altura para atacar a sus seis ovejas. Dos lograron escapar y cuatro fallecieron. El festín de los lobos fue interrumpido por un vecino que pasaba por la zona y golpeó el cierre metálico con la muleta que lo ayudaba a caminar. «No había agujeros en el cierre, fue lo primero que comprobé», relata García Llera, que acudió de inmediato.

Al «gran perjuicio» por la pérdida se une un «disgusto tremendo». Sabe, además, que las que sobrevivieron corren peligro. Conforme explica lo sucedido, el enfado del ganadero va en aumento. «Pónmelo bien claro: estamos hartos de políticos que sólo quieren salir en la foto y de cuatro ecologistas que viven del cuento; al final quienes lo pagamos somos nosotros, los que tenemos cuatro animales para vivir». «Estos chupatintas vienen en época de elecciones por aquí predicando bondades y después desaparecen», insiste tras regresar del Ayuntamiento donde certificó la muerte de sus ovejas.

«Hace unas tres semanas, una peregrina que hacía el Camino de Santiago llegó asustada a Muros porque, según contaba, se había encontrado con un lobo de frente a la entrada del pueblo y nadie ha movido un dedo. Desde ese día hasta hoy (por ayer) también lo ha visto más gente. No sé qué tendrá que pasar para que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto», relata. Edelmira Riesgo añade un detalle que se le olvida a Asensio: «Era una loba con crías». Luego, la familia crece y las necesidades de alimentarse, también.