El Comercio

Más de 30 años detrás de la barra

Benjamín Meana, en el comedor de la sidrería maliaya El Congreso.
Benjamín Meana, en el comedor de la sidrería maliaya El Congreso. / A. G.-OVIES
  • La asociación de comerciantes maliaya reconoció el viernes la trayectoria de Benjamín Meana

Estudió Ingeniería técnica industrial, pero Benjamín Meana siempre tuvo claro que su lugar estaba detrás de la barra de la sidrería El Congreso. Ahí ha pasado los mejores momentos de su vida profesional. La Asociación de Comerciantes de Villaviciosa ha querido así reconocer sus más de treinta años de trayectoria en el mundo de la hostelería, aunque este maliayés lleve ya dos años de jubilación. «No me lo esperaba, pero estoy muy agradecido», asegura.

Su abuelo dio vida a la sidrería en 1914. Su intención era marcharse a Cuba, pero el inicio de la guerra en aquel país lo llevó a buscarse su futuro en Villaviciosa. En ese momento el nombre de la sidrería era Casa Benjamín, donde se «se reunía mucha gente distinta y se hablaba de todo. Un día, alguien dijo que aquello parecía el Congreso y así se quedó», recuerda Meana.

Fue ya en 1983, cuando tomó el relevo de su padre. «Tras acabar la carrera me salió un trabajo en Venezuela. Cuando mis padres vieron que podía irme me dejaron estar al frente de la sidrería», relata.

Desde entonces su vida giró en torno a la barra de ese local que tantos momentos inolvidables le ha dado. «Mi vida era esto. Estar en contacto con la gente. Fui muy feliz aquí», asegura.

Con los años, El Congreso se convirtió en un punto de encuentro para los habitantes de la capital maliayesa. Su éxito fue tal que llegaron a crear su propia fiesta: la de la resaca.

Su hija, ahora al frente

No sólo eso, sino que incluso José Luis Rodríguez Zapatero llegó a comer en la sidrería cuando era presidente del Gobierno nacional. «Era su primera visita a Villaviciosa. Un amigo mío que era concejal en León lo conocía y, después de un encuentro en Gijón, lo trajo a comer aquí. Es un hombre muy normal», recuerda.

Meana pasó muchas horas detrás de la barra, aunque siempre encontró un hueco para escaparse a la playa de Rodiles donde disfrutaba de un paseo y un chapuzón, una cita a la que no falta desde que tenía treinta años: «Se lo recomiendo a todo el mundo», dice.

Ahora es su hija Carolina la que está al frente del establecimiento hostelero maliayo, mientras Benjamín ocupa el resto de las tardes dando clases de matemáticas a su nieto.