El Comercio

Mercedes de Soignie posa con la única foto de Adolphe.
Mercedes de Soignie posa con la única foto de Adolphe. / MARIETA

El manuscrito reencontrado de Arnao

  • Rescatan un texto de Adolphe Desoignie, director de la Real Compañía de Minas

  • El documento se presenta hoy en Arnao por su tataranieta y colaboradora de LA VOZ, Mercedes de Soignie, que se basa en él para una novela

La Real Compañía Asturiana de Minas ha sido objeto de estudios y ha rellenado cientos de libros. A las páginas de esos tomos se suma hoy un documento importante, escrito de puño y letra por el que fuera uno de sus presidentes, Adolphe Desoignie: un manuscrito en el que relata su trabajo y sus aportaciones tanto a la Real Compañía como a la Mina de Arnao, a la que llegó en el año 1838.

Este documento histórico se encontraba guardado en una carpeta entre el legado de uno de sus descendientes, y será presentado hoy en el Museo de la Mina de Arnao por Mercedes de Soignie, colaboradora de LA VOZ y una de las tataranietas del antiguo presidente de la Real Compañía. Junto a ella estarán el director del equipamiento, Iván Muñiz, su director técnico, Guillermo Laine, así como otros familiares directos del autor.

«El manuscrito apareció de casualidad. Estábamos preparando un libro sobre la familia y se nos pidió a todos que buscáramos documentos, y eso hice», explica Mercedes de Soignie, quien acabó dando con este documento «en el garaje de un familiar». A lo largo del texto, Adolphe Desoignie relata su experiencia profesional, que al mismo tiempo que una vivencia personas resulta un resumen del proceso industrial desde sus orígenes.

Desoignie puede ser considerado, junto con Armand Nagel, como el padre de la minería moderna asturiana, un pionero infatigable e ingenioso que, desde su llegada a la mina de Arnao, introdujo constantes innovaciones en los métodos de trabajo, y al que se deben proyectos maestros tanto al servicio de la Real Compañía Asturiana de Minas como en otras localidades como Avilés, donde la familia echó raíces. «Yo no sabía de su existencia, nadie en la familia le conocía ni sabía qué suponía su figura hasta que fuimos recabando información sobre él», cuenta su tataranieta. Poco a poco fueron descubriendo sus aportes a la mina y a la ciudad de Avilés, donde «fue el promotor de sus aceras y también fue quien cambió las tuberías de barro por otras más novedosas». No en vano fue el primer ingeniero titulado que tuvo el Ayuntamiento.

Adolphe Desoignie viajó desde Lieja, en Bélgica, hasta Arnao, donde fijó su lugar de residencia. Nunca volvió a marcharse de la comarca. «Cuando encontramos el manuscrito aparecieron muchas más cosas y documentos sobre él que me llamaron la atención. Decidí hilarlas y escribir una novela sobre su vida, pero no con la idea de que sea un libro técnico sobre un ingeniero, sino una historia amable sobre todo lo que hizo e intentó hacer», comentó la escritora.

Una vida de libro

De esta forma Adolphe ha pasado de ser un completo desconocido para su familia a ser el protagonista de una novela escrita por una de sus descendientes. Mercedes de Soignie publicará dentro de unos diez días el que será su segundo libro. En él teje una red sobre sus antepasados, gracias no solo a este manuscrito encontrado, sino también a través de testimonios orales, otros libros y aportes de historiadores.

«La novela comienza con él y termina conmigo, que soy la que narra la historia, como la última persona de la familia que permanece aquí», apuntó la escritora. A lo largo de todo el libro se irán descubriendo todas las aportaciones personales y laborales del ingeniero belga que emigró a España.

«Se tratan temas muy actuales pese a estar narrados en la voz de una persona que este año cumpliría doscientos años, y que fue un trabajador incansable que puso todo su empeño en el sector de las comunicaciones», cuenta. El ferrocarril y el puerto fueron dos de los focos en los que más trabajó Desoignie, que «era de los que pensaba que Asturias tenía que mejorar ese aspecto para poder crecer», explica su tataranieta, que agradece la colaboración recibida a lo largo del año para la elaboración de libro. «La Real Compañía desata pasiones en Avilés», afirma.