El Ateneo Obrero organiza un curso para aprender a hacer cerveza en casa

Francesco Pazzi, en la fábrica donde produce su cerveza, Pato Nero./
Francesco Pazzi, en la fábrica donde produce su cerveza, Pato Nero.

Impulsado por uno de sus miembros, Francesco Pazzi, es un nivel básico en el que se concienciará de las oportunidades de autoempleo que genera

ELENA RODRÍGUEZ VILLAVICIOSA.

Antes de asentarse en 2002 en Villaviciosa, donde está casado con una maliayesa, Francesco Pazzi (Pavía, 1976) ya hacía cerveza en casa. «Es algo muy divertido», dice. Con el tiempo, este hobbie pasó a convertirse en su medio de vida y, en colaboración con otras fábricas, produce la cerveza artesanal Pato Nero, producto vinculado al concejo villaviciosino. Movido por promocionar y fomentar el crecimiento socioeconómico local a través de la cerveza, Pazzi ha propuesto al Ateneo Obrero de Villaviciosa, del que es miembro, organizar tres cursos. El objetivo, afirma, es «aumentar la cultura cervecera de los ciudadanos y las competencias de los que ya trabajan», además de que los participantes tomen conciencia de «las múltiples oportunidades de autoempleo que genera» esta actividad, que requiere una «inversión mínima». En el plano doméstico, se puede empezar por producir lúpulo en una maceta, en una huerta, y maltear la cebada en casa (hacer germinar los granos del cereal y después hornearlo).

La idea ha gustado y el sábado 17 de este mes tendrá lugar, en las instalaciones del Ateneo, el curso básico. Ya hay personas inscritas y el número máximo de plazas es de quince, aunque en el supuesto de que hubiera más interesados, se buscaría otra fecha par organizarlo.

200 microcervecerías en el país

En su transcurso -durará de 11 a 15 horas-, habrá una parte teórica en la que se explicará la elaboración y otra práctica. En ella, Pazzi demostrará «cómo con los utensilios que tenemos en la cocina se puede elaborar cerveza artesanal». Por ejemplo, para producir cinco litros de cerveza se necesitará una olla de diez litros, otras dos de menor tamaño para calentar agua; unos tubos de goma para hacer trasvases (para pasar el mosto) al fermentador, que no es más que un contenedor de plástico con un pequeño grifo que se puede adquirir en ferreterías. «Y poca cosa más: una báscula para pesar, un cucharón...».

Antes de iniciar el proceso, se darán a conocer los principales ingredientes: malta de cebada, lúpulo, levadura y agua. Y, a partir de ahí, empezarán a experimentar. «La primera fase consiste en cocer la malta de cebada, que es el cereal básico de la cerveza». Contiene azúcares, que se extraerán, para cocerlos con el lúpulo, que «además de ser un antiséptico natural -evita que la cerveza se contamine- , sirve para dar aroma y sabor a la cerveza». Obtenido el mosto de cerveza (resultado de macerar, cocer, la malta con el lúpulo), éste se enfriará y se le añadirá la levadura para fermentar.

Dice Pazzi que este último proceso -que produce CO2, que aporta el justo grado de espuma a la cerveza, además de favorecer los aromas- dura «unas dos semanas», por lo que ese día no se podrá ver al producto acabado. Pero sí da la posibilidad de volver a quedar con él para probar el resultado final al cabo de un mes. La segunda fermentación de la cerveza artesana se hace en botella, añade. Así ocurre con la del Pato Nero.

El precio será de veinte euros para socios del Ateneo y de 37 para quienes no lo son. Las inscripciones se pueden hacer a través del teléfono 635 11 04 38 o a través del correo cerveza@patonero.com

Los que estén interesados en seguir ampliando sus conocimientos tendrán la posibilidad de hacerlo en un curso avanzado de cerveza a todo grano que tendrá lugar el 7 de abril. El último nivel será la Escuela de cerveceros, con módulos sobre temas específicos para profesionales del sector y para quienes quieran dedicarse de forma profesional a este campo. Pazzi nota que la demanda de productos artesanales va a más. En este sentido, subraya que «la cerveza no es solo un refresco. También es un alimento muy completo, que aporta sales minerales y vitaminas».

Desde el punto de vista empresarial, en EE UU, en ocho años, desde 2008 a 2014, pasaron de unas pocas microcervecerías a 3.418. En Italia hay más de 600 y en España más de 200. Nuestro país tiene un elevado potencial de crecimiento al tener unos volúmenes de consumo superiores a los de los italianos.

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