Bodas en primera línea de playa

Áurea y Pablo se casaron el pasado 19 de agosto en el mirador de La Peñona. / MARIETA
Áurea y Pablo se casaron el pasado 19 de agosto en el mirador de La Peñona. / MARIETA

Demarcación de Costas y la CUOTA regulan las ceremonias civiles frente al mar | Las parejas tienen prohibida la instalación de cualquier mobiliario, ya sea fijo o móvil, para oficiar los actos

S. GONZÁLEZ PIEDRAS BLANCAS.

Las bodas al aire libre, fuera de los espacios tradicionales como pueden ser las iglesias o los Ayuntamientos, están en auge y son muchas las parejas que optan por buscar zonas «más originales». Dentro de esta tendencia se encuentran aquellas que escogen los terrenos de Costas, ya sean las playas, fincas o caminos. En Castrillón ya han atendido varias peticiones de parejas para casarse y celebrar sus ceremonias en La Peñona de Salinas, en la zona del Balneario o en otros rincones gestionados por Costas o la CUOTA.

Al no tratarse de una competencia municipal, el Ayuntamiento tramita las peticiones de las parejas ante el resto de organismos con el fin de obtener el permiso necesario. Una autorización que no siempre llega, ya que la normativa que regula estos eventos es meticulosa y cuenta con varias excepciones que ya han echado para atrás algunas ceremonias de boda.

El Consistorio emite un informe al organismo correspondiente explicando el día, la hora y el lugar exacto de la ceremonia. «Dependiendo de la zona depende de una entidad u otra. En nuestro caso casi todos los espacios que nos han requerido dependen de Costas aunque en La Peñona corresponde a la CUOTA dar la autorización», explica la técnica encargada de tramitar estas bodas.

Es esta dualidad la que pone los matices. Las parejas que elijan La Peñona , que está declarada como zona de servidumbre de protección del dominio público marítimo-terrestre, deberán olvidarse de cualquier elemento que decore la ceremonia.

Y es que este tipo de eventos están catalogados dentro del POLA, en suelo no urbanizable de Costas y aunque permite el uso de recreo extensivo y ocio pasivo, en los que se encuentran las bodas, pone un par de excepciones. Está prohibida la implantación de infraestructuras, provisionales o permanentes (se exceptúa dentro de la normativa las instalaciones desmontables de observación ornitológica que estarán sujetas a la correspondiente autorización). Por otro lado, quedan descartadas aquellas ceremonias y eventos que necesiten el uso de vehículos de motor fuera de los espacios destinados a ellos.

Una resolución del organismo, dependiente del Principado, es tajante e insiste en que este tipo de eventos «no prestan un servicio necesario para el uso del dominio público marítimo, pudiendo tener otra ubicación dada su naturaleza».

En el Ayuntamiento ya se han encontrado denegaciones de bodas en las que se pedía la instalación de sillas para ubicar a los invitados. «No permiten colocar nada, aunque no vaya a modificar el espacio y sea momentáneo. Si pides instalar algo te la rechazan seguro», explica la técnica, aunque reconoce que «son más flexibles si la boda es sencilla y no utiliza ningún elemento decorativo, en esos casos nunca ponen pegas».

En el caso de las bodas en terreno de costas, es decir, en paseos marítimos, caminos o sendas, los requisitos son parecidos pero más «livianos». La Demarcación de Costas únicamente requiere un informe municipal que acompañe la solicitud de la pareja y en el que se se explique por qué ha de autorizarse y se especifique qué tipo de ceremonia es. «Nosotros solemos argumentar a favor de las parejas para que no haya problemas a la hora de conseguir los permisos pertinentes», explican desde el Ayuntamiento.

Un sitio especial

La Peñona acogió el pasado 19 de agosto el enlace de Áurea Carrasco y Pablo Gutiérrez. Escogieron este emplazamiento por raíces familiares. Él es de Salinas y en La Peñona jugaba con sus amigos. Cuando decidieron buscar un sitio especial para su boda no lo dudaron. «Tiene un encanto diferente, con el mar de fondo y las vistas a Salinas. Además de entorno tiene mucho significado personal», explica Pablo Gutiérrez.

Esa idea inicial costó materializarla por los trámites necesarios para obtener el permiso. «Fue complicado porque no quedaba claro quién debía autorizarnos. Finalmente tuvimos que ir a Oviedo y que nos lo aclararan allí. Solo nos dijeron que no podíamos colocar nada y como era una ceremonia pequeña y familiar no nos importó y seguimos para adelante», apunta Áurea Carrasco. Tras los trámites se casaron en el mirador de La Peñona y estuvieron acompañados por sus familiares más cercanos.

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