«Las paredes tienen una inclinación de treinta centímetros, no hay solución»

El precinto alrededor del restaurante El Faro impide la entrada. / JOAQUÍN PAÑEDA
El precinto alrededor del restaurante El Faro impide la entrada. / JOAQUÍN PAÑEDA

Los equipos de emergencias aseguran que la familia cuya casa ha cedido al hundirse el suelo en Tazones debería haber salido mucho antes

EUGENIA GARCÍA TAZONES.

Poco después del mediodía de ayer y tras una frenética mañana, Fátima Tome Da Silva, de 49 años, y sus hijos Samuel (22) y Daniela (15), contemplaban en silencio, desolados, su casa precintada. Consiguieron sacar algunas pertenencias-televisores, playeros, ropa, los libros del instituto de Daniela-, pero a las doce y media, por acuerdo del arquitecto técnico de Villaviciosa, los bomberos del Principado y Protección Civil, se decretaba el precinto de la sidrería El Faro, hogar y medio de vida de esta familia que lleva 25 años en Tazones.

Las abiertas cicatrices de la tragedia por la que están pasando son visibles en la fachada del inmueble, situado a escasos metros del faro. Fue el jueves por la tarde cuando la veta que recorre los terrenos colindantes alcanzó definitivamente el edificio, provocando que cediese el terreno que lo sustenta, destrozando los cimientos y derruyendo el sótano. Las paredes se abrieron y los pisos de la cocina, el comedor y la vivienda cedieron.

El viernes la Policía Local desalojó a los habitantes y precintó el edificio en previsión de que la situación pudiera ir a peor. Hasta entonces y pese a los ruidos que escuchaban desde hacía una semana, Fátima y sus hijos aguantaron dentro. «Hacía varios días que sabían lo que iba a pasar, pero no querían verlo: se quedan sin nada», asegura una amiga.

A las diez de la mañana de ayer, la Policía Local acudió al restaurante. Para evaluar los daños se trasladaron a la zona un técnico del Ayuntamiento y Alejandro Vega, alcalde de Villaviciosa. Y durante unos breves instantes, la familia pudo volver a entrar «a sacar cuatro cosas». «Lo que pudimos cargar en el coche», comentaba un pariente. Las bolsas de basura negras se convirtieron en improvisadas maletas para transportar objetos personales de la casa al vehículo. Mientras Samuel y su tío realizaban múltiples viajes con los enseres que iban recuperando, Fátima observaba la operación con el desconcierto de quien no acaba de creerse que la naturaleza le arrebate el trabajo de una vida.

Porque fue la mar -entre los vecinos no cabía duda- lo que poco a poco fue desplazando una falla que erosiona desde hace décadas el terreno de la zona y acabó deteriorando los cimientos de El Faro, una construcción de la década de los 70.

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«Se veía venir»

Lo confirmó más tarde Gerardo Morín, de Protección Civil: «Es algo que se veía venir. La cimentación del inmueble no aguantó; las paredes están torcidas, hay unas grietas impresionantes y se ve una inclinación de treinta centímetros». «No hay solución. Esto va a acabar marchando todo a la mar», defendió, aún sorprendido de que la familia hubiera aguantado hasta el viernes. «Lo importante es que no haya ningún herido. Se sacaron las pertenencias más importantes y también las bombonas de butano; se quitó la luz y la instalación de gas para prevenir una explosión», enumeró.

Preguntado por el futuro de la vivienda, el alcalde de Villaviciosa evitó sacar conclusiones, a la espera de la valoración que los técnicos harán mañana. «Lo primero es la seguridad y ya estamos trabajando en proporcionarles un alojamiento de forma inmediata», sostuvo Alejandro Vega, quien recuerda que es preciso asegurar la firmeza de los terrenos, que dependen de Costas. De momento, apuntaba un vecino, a Fátima y sus hijos les queda aguardar y confiar en que les permitan sacar todo el mobiliario.

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