Cincuenta años de Secundaria

Noticia de El COMERCIO anunciando la apertura del instituto en septiembre de 1968. / E. C.
Noticia de El COMERCIO anunciando la apertura del instituto en septiembre de 1968. / E. C.

Su construcción, con capacidad para 700 alumnos, supuso una inversión de quince millones de pesetas El instituto Víctor García de la Concha de Villaviciosa celebra medio siglo de vida

ALICIA G.-OVIES VILLAVICIOSA.

En septiembre de 1968 se abrían por primera vez las puertas del Instituto de Enseñanza Media de Villaviciosa. Se trataba, según recogían las páginas de EL COMERCIO, de un centro con capacidad para más de setecientos alumnos y cuya construcción había supuesto una inversión de más de quince millones de pesetas. Desde entonces, por sus aulas han pasado cientos de estudiantes. Sus paredes han vivido los múltiples cambios de las leyes educativas, diferentes formas de enseñar e incontables modas en la vestimenta de los alumnos. Pero, sobre todo, han visto crecer a estudiantes y profesores, conformando una gran familia que en los próximos meses pretende reunirse para celebrar el medio siglo de vida de la institución educativa.

La actual junta directiva, encabezada por Modesto Álvarez, ha preparado un amplio programa de actividades, entre las que destaca una exposición sobre la historia del centro. Aspiran a reunir fotografías y objetos de diferentes etapas, para lo que han pedido ayuda a los alumnos. Suyo será el papel más importante en este aniversario. Ellos fueron los encargados de descubrir los cincuenta años del centro a través de las páginas de este periódico y serán quienes propongan qué introducir en la cápsula del tiempo con forma de manzana -imagen del instituto- que van a elaborar a lo largo del curso.

La iniciativa más emotiva será, sin duda, el encuentro con antiguos alumnos y profesores. A lo largo de este medio siglo han sido cientos las personas, tanto de Villaviciosa como de fuera del concejo, que en algún momento de su vida han pasado por estas aulas. Manolo Solares fue uno de los primeros, en los años setenta, cuando las puertas del centro apenas llevaban abiertas un par de años. Lo hizo para sacarse el bachiller elemental. «Recuerdo que cuando empecé solo había una clase, pero con el paso de los años fue aumentando. Al final éramos unas cuantas», rememora.

Para él, su paso por el Víctor García de la Concha -nombre que el centro recibió en 2012- fue «una buena época en todos los sentidos». Añade, bromeando, que «ahora que echas la vista atrás te das cuenta de lo jóvenes que eran los profesores. A algunos te los cruzas por la calle y te preguntas cómo pudo darte clase a ti». Asegura que en su recuerdo siempre estará Antonio Robles, profesor de matemáticas que un verano ayudó de forma gratuita a quienes, como él, preparaban el acceso a la universidad.

Ese mismo docente también fue uno de los más importantes para Mariluz González, alumna del instituto de 1978 a 1980. En aquella época el Colegio Maliayo aún no había abierto sus puertas y algunos alumnos de la escuela se vieron obligados a acudir a clase en ese centro. Poco después, ya pasó a formar parte de forma oficial del alumnado como estudiante del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP). «Mi hija estudió recientemente allí y, antes que yo, mi hermano mayor», apunta.

Su generación nunca perdió por completo el contacto. Y cuando les tocaba cumplir los 50, celebraron un encuentro para recordar viejas anécdotas y recuperar amistades pasadas. A él acudieron muchos vecinos de Villaviciosa y del Oriente, zona desde la que en aquella época debían desplazarse muchos jóvenes a la villa para cursar los estudios medios.

Una gran transformación

Desde aquellos primeros años, el instituto ha vivido una gran transformación, con la construcción de un nuevo edificio y el traslado de la entrada principal al lado contrario de su ubicación original. «El cambio fue exagerado. Cuando yo estudiaba allí había solo un edificio y las instalaciones estaban muy bien. Ahora está todo muy nuevo», relata.

Otra antigua estudiante, Lidia Puerta, recuerda su paso por el centro a finales de los años ochenta. Procedente del colegio San Rafael, tener que compartir la clase con chicos hizo de su primer año el más complicado. Aún así, asegura guardar muy buenos recuerdos. El más importante es el viaje que realizaron en 1990 a Barcelona con Carmen Blanco, profesora de Historia del Arte. Por aquella época, la Ciudad Condal se preparaba intensamente para los Juegos Olímpicos, «y es una de las actividades de las que más fotos tengo». Añade que, pasados los años de instituto, con quien más relación acabó teniendo fue con Hilarión Paz, de Religión, quien llegó a oficiar su boda.

También mantiene grandes amigos de aquella etapa, entre los que cita a Eva Victorero, Roge Trobo, Denia Gancedo o Inés Barredo. «Las amistades que creé en esa época son las mejores. Y aunque vivamos en sitios diferentes, seguimos manteniendo relación», explica.

Historias, recuerdos y anécdotas como estas volverán a escucharse cuando alumnos de ayer y hoy se reúnan de nuevo con motivo de los cincuenta años del centro de Secundaria del concejo.

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