Dos familias del edificio desalojado en Candás dejan de pagar el alquiler

Algunos de los desalojados, junto con su abogado, pudieron acceder a las viviendas. / P. G.-P.
Algunos de los desalojados, junto con su abogado, pudieron acceder a las viviendas. / P. G.-P.

Los dos propietarios aplazan el abono del arrendamiento hasta que acabe la reparación del tejado, cuyo proyecto ya está encargado

PEPE G.-PUMARINO CANDÁS.

Las dos familias alojadas provisionalmente en un hotel después de que el techo del inmueble en el que vivían se desplomara en la madrugada del domingo al lunes cerraron ayer un acuerdo con la propiedad del edificio para suspender el contrato de alquiler hasta que finalicen los trabajos de reparación de la cubierta. La otra alternativa planteada en la negociación entre los representantes legales de las partes consistió en que la rescisión del contrato y la devolución de la fianza depositada en el momento de la firma. Así lo explicaron ayer los afectados, que mantendrán una reunión con los Servicios Sociales Municipales para estudiar las opciones de disponer de un piso durante el periodo que tengan que permanecer fuera de su vivienda.

Mientras tanto, fuentes de la propiedad del edificio afirmaron desconocer «oficialmente» las causas que motivaron el hundimiento parcial del tejado. Según explicaron, «esta eventualidad es objeto ahora de una revisión» y lamentaron lo sucedido, «especialmente por el daño ocasionado a los inquilinos». En este sentido, avanzaron que el proyecto ya ha sido encargado a un estudio de arquitectura y de ingeniería para evaluar primero la situación de toda la estructura del edificio.

Este trámite requerirá, además, de una supervisión por parte de los técnicos municipales. «En el mejor de los casos, habrá que reponer toda la estructura que soporta la cubierta y este trabajo lleva tiempo, siempre que no haya que demolerlo». No obstante, señalaron que desde el Ayuntamiento darán todas las facilidades para realizar los trámites que se requieren y poder así evitar que las obras se prolonguen en exceso». La propietaria quiso salir al paso de algunos comentarios vecinales, que apuntaron a que unas filtraciones en el interior podrían haber sido la causa del hundimiento. «En ningún caso tuvimos noticias de su existencia y menos que hayan afectado a un local de hostelería situado en el bajo, que lleva cerrado y sin actividad alguna en su interior desde hace mucho tiempo», especificó.

Crisis de ansiedad

En el momento que se produjo el desplome se encontraban en el edificio únicamente tres arrendatarios que pudieron desalojar sus viviendas sin sufrir daños físicos y materiales. Pero la alarma generada tuvo consecuencias de tipo anímico. En palabras de Mónica Jiménez Amaya, «tal fue la tensión padecida con un bebé de tres meses, que me provocó un a crisis de ansiedad y estoy en tratamiento con un psicólogo por consejo médico».

Pero este no es el único problema al que se tendrán que enfrentar los afectados, quienes, en su mayoría, encontraron alojamiento en casas de parientes. Otro inconveniente está en la necesidad de acceder a sus viviendas para poder recoger sus enseres. Para ello precisarán de la presencia de agentes de la Policía Local con la correspondiente autorización como medida de seguridad. Por esta razón, el Ayuntamiento requirió a la propiedad que adoptara urgentemente las medidas necesarias para garantizar su habitabilidad. Entretanto, son los Servicios Sociales Municipales los están atendiendo a las familias más afectadas, con necesidades específicas. Así las cosas, todavía pasará tiempo hasta que estos inquilinos puedan recuperar su vivienda y con ello su actividad cotidiana.

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