La jira de Incós cumple 107 años aunando historia y deporte

La carpa, llena de asistentes a la jira y a la prueba deportiva.
La carpa, llena de asistentes a la jira y a la prueba deportiva. / A. G.-O.

Una comida campestre entre los vecinos inició en 1910 esta cita, que llegó a contar hasta con un desfile de carrozas

A. G.-OVIES SANTOLAYA.

Francisco Llavona aún recuerda con nostalgia los días en que las calles de Incós se llenaban de carrozas. Eran los años cincuenta y el emigrante a México Alfonso Sanfeliz decidió darle un impulsó a la famosa jira campestre, iniciada en 1910 por los vecinos de la zona. No faltaron los juegos autóctonos, los fuegos artificiales y las buenas orquestas. «Comenzó siendo una merienda. Fue mi tío, Adolfo Llavona, quien tomó las riendas de la comisión de festejos en 1923. Las familias traían las cestas con la comida. Luego, la cosa fue aumentando», recordó. Más de cien años después, el evento se ha convertido en una cita ineludible tanto en lo festivo como en lo deportivo. Desde hace 32 años, la apuesta de la asociación cultural y deportiva El Berizu ha hecho que la subida a la cima vaya ganando cada vez más adeptos, además de haberse incluido dentro del Circuito Regional de Cross.

Fue el impulso de Rafael Rodríguez Solares y su hermano, lo que permitió a la jira ganar renombre gracias a las actuaciones de Azúcar Moreno, en 2001, y Marta Sánchez, al año siguiente. Desde entonces, la calidad de las orquestas ha sido una de las grandes apuestas de la comisión, a la que se suma la prueba deportiva. Ayer, más de doscientos deportistas de toda España volvieron a darse cita en Incós.

Fue una imagen que nada tiene que ver con los inicios. Julia Rodríguez recuerda que para poder sacar la prueba adelante, los miembros de la comisión viajaron a todos los rallys de Asturias vendiendo papeletas para poder recaudar dinero. «Gracias a ellos se sigue manteniendo la fiesta. Trabajan muchísimo», aseguró.

A media tarde, volvieron a dar una vez más la salida a los cientos de asistentes. Comenzaron con los pequeños, quienes hicieron el recorrido acompañados de sus padres, y terminaron con la categoría absoluta, en la que participaron casi un centenar de corredores. Algunos llevan más de una década sin falta a la cita. El trayecto cuenta con una subida de 582 metros sobre el nivel del mar. Desde la cima puede verse, en días despejados, hasta la catedral de Covadonga. Según aseguraron los vecinos «hay unas vistas espectaculares».

Más de doscientas personas

La parte deportiva dejó paso a la diversión. Poco a poco, el prau se fue llenando de familias enteras que, como se hacía antaño, acudieron con su cena lista. «Viene muchísima gente de Madrid, de Oviedo...», afirmó Rodríguez. En su caso, desde que su padre Rafael se involucrase en la organización de las fiestas, realizan su propia jira en su finca de Incós, donde se dieron cita doscientas personas. «Se puede alargar hasta las siete de la mañana sin problema», apuntó.

La organización contó para esta ocasión con las orquestas Waykas Family y Versión Original, que estuvieron animando el ambiente hasta bien entrada la madrugada. «Es un mal día porque al caer de lunes la gente trabaja al día siguiente, pero sigue viniendo muchísima gente a escuchar las orquestas», afirmaron los vecinos.

Fotos

Vídeos