Judith Obaya se prepara para cruzar el desierto del Sáhara corriendo

Judith Obaya, con la moto con la que recorrió el Sáhara. / E. C.
Judith Obaya, con la moto con la que recorrió el Sáhara. / E. C.

«Es distinto a las otras veces y sé que voy a sufrir más de lo que creo», dice la deportista maliaya, que recorrerá en septiembre 1.600 kilómetros

ALICIA G.-OVIES VILLAVICIOSA.

Primero, en moto; luego, en bicicleta y ahora con sus propias piernas. Judith Obaya lleva demostrando los últimos años que cuando se propone algo lo consigue. La deportista maliaya se ha marcado para 2018 un reto que nadie ha conseguido hasta el momento: cruzar el Sáhara occidental corriendo. Serán 1.600 kilómetros, los que separan el norte del sur, en «cuarenta maratones». Un objetivo para el que cuenta con la ayuda de Fernando Azurmendi, que fue entrenador de Fernando Alonso y Javi Villa.

La gesta está marcada para el mes de septiembre. Será la distancia más larga que alguien haya recorrido corriendo hasta el momento. De ahí la importancia de una buena preparación física. Obaya cumple una dieta estricta. «Mi peso está por encima de un corredor de esta distancia. Por eso, intento hacer todo lo que esté en mi mano para cuidarme», explica. Y entrena diariamente, llueva o haga sol, entre cuatro y cinco horas. La semana del 15 de enero deberá superar su primera gran prueba. Realizará un maratón diario imitando a los que deberá hacer una vez esté en el Sáhara. El objetivo es ir aumentando la intensidad hasta que pueda hacer veinte seguidos.

Su intención una vez esté sobre el terreno es aprovechar las horas más frescas del desierto. Para ello, correrá veinticinco kilómetros por las mañanas y unos quince por la tarde. Su única compañía en esa travesía será, en un principio, su socio, que se encargará de conducir el coche de apoyo, donde poder llevar la comida, el agua, el botiquín... «Es aconsejable tener un masajista que pueda ayudarme a recuperarme después de cada jornada, pero no está seguro que podemos llevar a alguien», afirma.

El coste económico es muy elevado y, a los cuarenta días en el desierto, habría que sumarle los gastos de desplazamiento. El Sáhara se convertirá, una vez más, en el campo de batalla de la maliaya que espera que su experiencia en moto y en bicicleta puedan ayudarla en esta nueva aventura. «Es totalmente distinto a las veces anteriores y sé que voy a sufrir más de lo que creo, pero también sé lo que me voy a encontrar. Si en bici estuve varios días sin ver ni encontrarme a nadie, esta vez, que voy más lento, será peor», reconoce. Aun así, nada la frena y, como ella misma asegura, «las ganas me sobran. Soy muy cabezota».

Una pasión que va más allá de ella y que comparte con su familia, además de compaginarla con su trabajo como policía en Oviedo. «Cada vez se involucran más. Mi madre muchas veces me pregunta por lo que me toca comer, para comprármelo cuando voy a verla», asegura. Su vida durante estos meses está enfocada a conseguir este reto y el apoyo de aquellos que la rodean es fundamental.

La deportista se ha convertido en un ejemplo no solo de superación, sino de lucha por los derechos de las mujeres. «Peleo por la igualdad de la mujer en el deporte. Se están consiguiendo cosas, pero no tiene que quedarse solo en marketing», afirma. La maliaya lamenta que muchas jóvenes se queden por el camino por no contar con el apoyo necesario. Las mujeres, defiende, «pueden hacer un papel tan bueno como un hombre». Algo que ella seguirá demostrando con su fuerza de voluntad: «Me gustaría seguir cruzándolo cada año de una forma distinta. Ya tengo varias ideas aunque también hay otros proyectos». ¿La única condición? Que nadie lo haya hecho antes.

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