«Hay una parte familiar molesta porque mi hija y yo heredamos»

N. V. F., ayer, en el banquillo de los acusados.
N. V. F., ayer, en el banquillo de los acusados. / Marieta

La acusada de trato degradante a su abuelo de 94 años en el domicilio familiar de Pravia niega los hechos y lo vincula con rencillas familiares por la herencia

C. DEL RÍO

N. V. F., acusada de trato degradante a su abuelo de 94 años en su casa de Agones (Pravia), negó ayer los cargos y aseguró que «hay una parte familiar molesta porque yo era la heredera junto a mi hija». La mujer, que declaró en el Juzgado de lo Penal Número 2 de Avilés, se enfrenta a una pena de un año y nueve meses solicitada por la Fiscalía y los siete años que pide la acusación particular, tres por el presunto trato degradante y cuatro por un homicidio imprudente. Esta es ejercida por su expareja en nombre de su hija, menor de edad y heredera del fallecido junto a su madre. Su defensa reclama la libre absolución.

N. V. F. aseguró que su abuelo de 94 años, que se trasladó a vivir con ella y su familia a Pravia desde Villaviciosa de febrero a abril de 2014, tenía «sus momentos buenos y malos», sobre todo cuando se acordaba de su mujer. Aseguró que él mismo se encargaba de su medicación, que llevaba siempre consigo en una bolsa de plástico, que tanto estaba en la cocina como en la habitación. Negó que deseara volver a Villaviciosa porque «le gustaba pasar temporadas allí (en Pravia) y estar conmigo y con mis hijos» e indicó que el anciano salía a diario a jugar la partida y tomar un vino, rechazando así la acusación de que lo tuviera retenido y no le dejara comunicarse con vecinos y familiares.

Rechazó, asimismo, que ella le hubiera dicho que tenía un tumor cerebral para sacar 45.000 euros de una de sus cuentas bancarias. «Esa era la herencia (que me correspondía) de mi abuela, pero no es cierto que yo dijera que tenía un tumor». El subdirector de la oficina bancaria que declaró aquello en 2014 a la Guardia Civil no recordaba ayer el episodio con precisión.

Explicó que ella prácticamente no estaba por el día en casa porque trabajaba, por lo que había contratado los servicios de una cuidadora, que solo estuvo una semana. Sí consideró que había estado «fuera de lugar» y había sido un «despropósito» un WhatsApp enviado a esta en el que le indicaba qué tenía que decir respecto a la medicación si la Guardia Civil le preguntaba. Porque la supuesta sobremedicación a las que habría estado expuesto el anciano fue uno de los temas que protagonizó una primera vista oral en la que declararon los testigos del Ministerio Fiscal y de la acusación particular.

Varias denuncias por supuestos malos tratos sobreseídas

N. V. F. se sentó ayer en el banquillo después de que varias denuncias presentadas por sus familiares ante la Guardia Civil fueran finalmente sobreseídas, según expuso su abogado, José Carlos Botas. Al parecer, dos de ellas tenían que ver con el patrimonio, por la venta de madera procedente de un terreno de su hija menor, y otras por supuestos malos tratos. Preguntado por ellos los agentes de la Benemérita, afirmaron no tener constancia.

El letrado comentó tras la vista que «lo que dice el fiscal es que se le privaba de salir y estar con la gente y eso no es así, porque el trato degradante tiene que ser continuo y causar un daño en la víctima y en este caso concreto no hay nada probado».

La cuidadora afirmó que N. V. F. dejaba machacados antes de irse a trabajar dos Orfidales en vez del único que tenía pautado su abuelo para que ella lo mezclara con el desayuno y se lo suministrara. «Ella decía que era por su bien, para evitar situaciones de nerviosismo», declaró. Según la Guardia Civil, la analítica forense «dio unos resultados en sangre y en el estómago coincidentes con la medicación pautada, salvo un barbitúrico que no debía tomar y del que no apareció caja ni blíster ni en la basura ni en los contenedores de la calle».

Durante la vista se habló también de unas gotas se tendría que haber tomado solo un día y cuyo recipiente apareció vacío.

Uno de los agentes de la Benemérita, en cuya investigación se basa la acusación de la Fiscalía, trasladó que «nos dio la sensación de que la acusada trataba de crear una imagen de su abuelo en fase terminal», algo que ellos no pudieron constatar en sus entrevistas con médicos y familiares y la cuidadora. Según esta, el hombre le había confesado «que quería marcharse a Villaviciosa porque allí estaba secuestrado». Afirmó que el día que murió estaba «eufórico» porque su nieta le había dado las cartillas del banco y, de hecho, fueron a Pravia a la entidad bancaria.

Alerta en Sanidad

Afirmó que entró en contacto con los familiares de Villaviciosa «por casualidad» a los que dijo que «no me gustaba el trato con él. Con ellos, él estaba apagado, pero conmigo más alegre». Fueron estos familiares quienes le buscaron una residencia a la que iba a trasladarse el día de su fallecimiento y quienes pusieron en conocimiento de su médico de cabecera un posible mal cuidado que activó las alarmas del Sespa cuando el hombre murió.

Una de sus sobrinas declaró que a duras penas podía contactar con él por teléfono porque el móvil se lo había requisado la acusada y cuando lo logró «me dijo que llamara a la Guardia Civil, que lo habían intentado estrangular y que le querían envenenar». El juicio continuará mañana con los testimonios de la defensa.

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