«La justicia va muy lenta, pero debía primar la voluntad de Asunción»

Isabel Álvarez contempla una foto de su prima junto a un ejemplar de EL COMERCIO./A. G.-O.
Isabel Álvarez contempla una foto de su prima junto a un ejemplar de EL COMERCIO. / A. G.-O.

«Mi prima no era incapaz para administrar sus bienes, como se reconoce en la sentencia. Podía disponer de ellos, pero no venderlos» Isabel Álvarez. Heredera de María Asunción Moreda, cuyo testamento ratifica el Supremo

ALICIA G.-OVIESVILLAVICIOSA.

Han sido seis años de lucha para conseguir «justicia» y hacer cumplir la última voluntad de su prima. El Tribunal Supremo ha dado la razón a Isabel Álvarez y ha validado el testamento de María Asunción Moreda, declarada incapaz de realizar actos de disposición (esto es; gestionar sus bienes, pero no disminuir sus patrimonio), y cuyos sobrinos solicitaban la anulación del documento en el que cedía todos sus bienes a Álvarez y una de sus hijas, excluyéndolos como beneficiarios. La decisión judicial pone fin así a un largo camino en el que siempre ha estado presente la memoria de «una mujer sensible, amable y muy sociable».

-¿Se esperaba esta sentencia?

-Siempre tuve confianza en que iba a ser favorable para nosotros. Tanto el notario como los médicos que estaban el día que se realizó el testamento vieron la realidad: que Asunción era una persona coherente. Siempre existe una duda, porque pueden fallar en contra, pero me parecía de justicia que se llevase a cabo su última petición.

-Asunción había sido declarada incapaz para realizar actos de disposición en 1993.

-Sí, pero no era incapaz para administrar sus bienes, como se específica en la sentencia. Eso quiero que quede muy claro, era libre para disponer de ellos, pero no podía venderlos. El notario dejó claro que podía hacer testamento libremente y en el documento de ese año no se dice lo contrario. No quiero que ahora todo el mundo piense que las personas declaradas incapaces pueden testar. Éste es un caso concreto. Si hubiese sido incapaz habría recibido una pensión y nunca tuvo ninguna.

-¿Por qué se tomó esa decisión?

-Cuando era joven tuvo ataques epilépticos que le dejaron alguna secuela. Estaba diagnosticada con oligofrenia. No era una enfermedad reversible, pero no iba a ir a más.

-Usted siempre defendió que era capaz de tomar sus propias decisiones.

-Asunción estaba completamente lúcida y sabía lo que quería. Era autosuficiente, aunque necesitaba ayuda para algunas cosas como llevarla al médico. Para el resto de cosas estaba en pleno uso de sus facultades. Vivía sola y nunca necesitó a nadie que la acompañase. Fue ella la que cuidó de su madre en sus últimos años.

-¿Por qué realizó dos testamentos?

-En 1993 decidió hacer uno para dejarme a mí como heredera universal. En 2012 revalidó ese texto, pero decidió que quería incluir a mi hija Ana por cómo se comportaba con ella. Solía ir a verla al trabajo y le tenía mucho cariño. Fue entonces cuando le cedió una finca en Quintes.

-¿Se esperaba la decisión de sus sobrinos de intentar anular ambos documentos?

-Siempre pensé que el tener los testamentos legales lo dejaba todo bastante claro, pero ellos estaban en su derecho de tomar las medidas que considerasen oportunas como así han hecho. No entiendo que sea obligatorio dejarlo todo a los herederos directos. Cada uno puede hacer lo que quiera con lo suyo. Además, el juez siempre dijo que los sobrinos no son herederos ni forzosos ni directos.

-¿Ha sido un proceso largo?

-Estos últimos años han sido interminables. La justicia va muy lenta, pero al final se acaba haciendo. Los jueces de la Audiencia Provincial y del Tribunal Supremo entendieron que lo que debía primar es lo que ella quería. Nos tocó esperar, pero parece que ahora todo ha terminado. Ya no cabe recurso.

«Un referente en Quintes»

-¿Cómo era Asunción?

-Era muy sensible, le gustaba mucho hablar con la gente. En Quintes era un referente. La conocían como Marujina. Para mí fue una persona de diez. Nos llenó la vida de alegría. Muchas veces nos llegaron a decir que si éramos hermanas. Estoy orgullosa de haberla podido tener en mi vida.

-Dice que vivía sola sin ningún tipo de ayuda.

-Hasta que se puso enferma, sí. Primero vivió con sus padres y cuando ellos fallecieron, se quedó sola. Se encargaba ella de todo. Era súper organizada y muy ordenada. Ella no era incapaz, podía realizar todo aquello que se le enseñase. Estudió Bachillerato en el Santo Ángel de Gijón, cantaba, tocaba la bandurria y bordaba unas mantillas impresionantes. Era así como conseguía aportar económicamente a la familia.

-¿Se acuerda mucho de ella?

-Sí, recordamos mucho frases o palabras que solía utilizar. Cuando a alguien no le gustaba lo que hacía solía decir 'si no le gusta, que le eche azúcar' y odiaba el contestador.

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