«Su llegada a España sirvió para conocer la realidad de los países mediterráneos»

El presidente del comité científico de la entidad, Alain Servantie, ofreció una ponencia sobre la juventud y educación del noble en Flandes

Ó. P. VILLAVICIOSA.

Antes de que Carlos V atracase en el puerto de Tazones para conocer parte de sus dominios, el monarca había pasado sus primeros diecisiete años de vida en Flandes, donde recibió una educación estricta y diversa acorde a las funciones que desempeñaría en el futuro. De esta época habló ayer en Villaviciosa el francés Alain Servantie, presidente del Comité Científico de la Red de Cooperación de las Rutas Europeas de Carlos V. «Fue una educación eminentemente borgoñesa en la que tuvieron peso sus abuelos y su tía», explicó el profesor en la ponencia 'Carlos V: años de juventud entre Gante, Malinas y Bruselas'.

La formación planeada por sus progenitores, Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, sin embargo, no pudo ofrecerle una visión completa acerca de la cultura y la forma de vivir de algunos de sus dominios, como es el caso de los territorios españoles e italianos. Su primer contacto con España, hace cinco siglos, sirvió por tanto para que el monarca «conociese definitivamente la realidad de los países mediterráneos», una de sus principales carencias a su llegada a la península.

Una visión «europeísta»

Muchos de sus tutores, explica Servantie, incidieron en la cultura flamenca como eje, algo que no impidió que «Carlos tuviese una visión europeísta en un sentido amplio». Esto le caracterizó durante su reinado. «El monarca también vivió una época muy interesante con la aparición del protestantismo en Alemania, con la que tuvo que lidiar desde el primer momento», destaca el profesor.

Ya en su época adulta, y con el Mediterráneo en su agenda, el repaso de Servantie se detiene en los conflictos que el emperador tuvo que resolver en las colonias del norte de África. En 1533, Jeireddín Barbarroja había expulsado a los españoles del Peñón de Argel y, al año siguiente, el almirante otomano hizo lo propio con Túnez. Esto llevó a Carlos V a reunir a sus tropas y organizar dos expediciones. El objetivo, alcanzado a medias, era recuperar el territorio perdido en ante los buques extranjeros. «Estas campañas fueron pioneras en muchos aspectos. Nadie se había dirigido de esa forma al norte de África», destaca.

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