«Es todo mentira», se defiende la praviana acusada de trato degradante a su abuelo

«Es todo mentira», se defiende la praviana acusada de trato degradante a su abuelo

El juicio, por el que se enfrenta a siete años de cárcel ha comenzado hoy en Avilés. La denuncia contra ella la ha presentado su expareja, en representación de la hija común, menor de edad

C. R.

La praviana acusada por la Fiscalía de trato degradante a su abuelo y de homicidio imprudente, además, por la acusación particular niega los cargos. «Es todo mentira», ha dicho hoy a los medios de comunicación tras la celebración en Avilés de la primera vista de un juicio penal que continuará el miércoles. En él se enfrenta al año y nueve meses de cárcel solicitado por el Ministerio Público y a sendas condenas de tres y cuatro años, según petición de la acusación particular. La denuncia contra ella la ha presentado su expareja en representación de la hija común, de ocho años.

Acusa a N. V. F. de haber retenido en su casa de Agones (Pravia) a su abuelo de 94 años en contra su voluntad, de febrero a abril de 2014. De haberle cambiado la medicación de motu proprio, de prohibir que se relacionara con vecinos y resto de familia y de haber sacado de su cuenta 45.000 euros argumentando que ella sufría un tumor cerebral y tenía que tratarlo.

La acusada ha asegurado que su abuelo «tenía sus momentos buenos y malos, sobre todo cuando se acordaba de mi abuela y, a veces, lloraba y decía que quería irse a vivir un nicho». Pero, en general, «le gustaba pasar temporadas allí (en Pravia) y le gustaba estar conmigo y con mis hijos». Aseguró que salía a diario a jugar la partida y el vino y argumentó que esos 45.000 euros eran la herencia que le correspondía a ella por el fallecimiento de su abuela. «No es cierto que dijera que tenía un tumor», respondió a preguntas de la Fiscalía. Negó, también, las acusaciones de trato degradante, como sujetar a su abuelo con sábanas para suministrarle la medicación contra su voluntad, y aseguró que hay una «parte familiar molesta porque yo y mi hija heredáramos».

Respecto a un WhatsApp enviado a la cuidadora, que durante una semana atendió al ahora fallecido, en el que le daba instrucciones sobre qué decir si la Guardia Civil le preguntaba sobre la medicación que tomaba su abuelo, afirmó que «estuvo fuera de lugar, fue un despropósito».

El resto de testimonios que se han escuchado hoy en el Juzgado de lo Penal Número 2 han sido los de tres agentes de la Guardia Civil, familiares de Villaviciosa, el médico de esta localidad y dos empleados bancarios.

Los agentes se ratificaron en su investigación, en la que se basa la acusación de la Fiscalía. «Nos dio la sensación de que la acusada trataba de crear la imagen de que su abuelo estaba en fase terminal», declaró uno de ellos. Tanto el médico de Villaviciosa, localidad donde vivía anteriormente, como sus familiares de allí y la cuidadora de Pravia confirmaron que llevaba una vida autónoma y tenía una buena salud, siempre enmarcada en sus 94 años.

También advirtieron sobre unos cargos en unas cuentas bancarias de la Cofradía de Pescadores de Cudillero y de Talleres Candamo que, como explicó el subdirector de la oficina bancaria, se devolvieron porque no correspondía la titularidad.

Este y otro empleado bancario habían afirmado en su momento ante la Guardia Civil que el nonagenario había acudido al banco con su nieta, la acusada, que llevaba la cabeza vendada, explicando que querían sacar 45.000 euros porque ella tenía un tumor y debía tratarlo. El abogado de la acusada, José Carlos Botas, matizó a la salida que se había tratado de una donación.

En la vista se hizo hincapié en la medicación y la supuesta sobredosis que la acusada le suministró. El principal testimonio en este sentido fue el de la cuidadora, que afirmó que N. V. F. le dejaba las pastillas machacadas para que se las diera con las comidas. «Ella machacaba dos comprimidos de Orfidol con el desayuno. Él los tomaba sin saberlo», afirmó.

A ella le habría dicho el anciano que estaba allí «secuestrado» y que quería volver para Villaviciosa. A través de esta mujer fue como las familiares de Villaviciosa supieron de la supuesta disconformidad del hombre y le buscaron una residencia de ancianos. Murió el mismo día en el que iba a ingresar en ella.

Según expuso la Guardia Civil, se encontraron restos de un barbitúrico no pautado por ningún médico en el estómado del finado.

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